Cierre del Estrecho de Ormuz sacude comercio global y pone en riesgo a México
El cierre del Estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20% del petróleo mundial, ya afecta la producción en Asia y eleva riesgos para importadores mexicanos

El cierre del Estrecho Ormuz, por donde pasa el 20% del petróleo mundial, ya afecta la producción en Asia y eleva riesgos para importadores mexicanos / thianchai sitthikongsak
El comercio internacional atraviesa su mayor disrupción energética desde la crisis de los años setenta. El cierre del Estrecho Ormuz, por donde transita el 20% del petróleo mundial y el 20% del gas natural licuado (GNL) que se comercia globalmente, ha detonado una cadena de consecuencias que va mucho más allá de los precios del crudo.
¿Cómo impacta el cierre del Estrecho Ormuz en la producción global?
Tras el cierre del Estrecho Ormuz, una de las principales rutas energéticas del mundo, para las empresas mexicanas que importan desde Asia, el riesgo ha cambiado de naturaleza: ya no es solo cuándo llegará la mercancía, sino si podrá producirse.
De acuerdo con el informe correspondiente al segundo trimestre de 2026, la actividad comercial mostró un inicio sólido en enero y febrero, con crecimientos de doble dígito, pero registró una desaceleración en marzo
El reporte advierte que, más allá de los retrasos logísticos, el principal riesgo para los próximos meses es la presión sobre el suministro energético en países del sur y sudeste asiático, donde se concentra buena parte de la manufactura global. Esta situación ha comenzado a limitar la capacidad operativa de fábricas, especialmente en sectores intensivos en energía.
“El cierre del Estrecho de Ormuz marca un cambio profundo en los riesgos del comercio internacional: el problema ya no es únicamente mover mercancías, sino asegurar que puedan producirse desde el origen. La presión energética está comenzando a limitar la capacidad industrial en Asia, pero sus efectos se extienden rápidamente al resto del mundo”, compartió Iván Hernández, director general de QIMA para México y LATAM.
Señaló que más allá del desabasto de materias primas, la crisis energética introduce un riesgo específico que los importadores mexicanos deben gestionar activamente: cuando una fábrica opera con suministro eléctrico reducido, turnos recortados o insumos sustitutos de menor calidad, la probabilidad de no conformidades en el producto terminado aumenta de manera significativa.
Esto no solo se traduce en mayores costos y disrupciones en insumos clave, sino también en una mayor incertidumbre para la industria.
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¿Por qué México y LATAM ganan peso pero también riesgo?
En este escenario de alta volatilidad, el Barómetro Q2 2026 de QIMA revela un dato que reposiciona a México y América Latina dentro del mapa del comercio global:
Por primera vez, la región supera a la Unión Europea en volumen de órdenes de inspección y auditoría desde China, representando hoy el 32% de las inspecciones de QIMA en ese país.
Este movimiento no es casual. Refleja una tendencia de diversificación de proveedores que se ha acelerado precisamente porque el riesgo geopolítico y energético obliga a las empresas a no concentrar su cadena de suministro.
México ha registrado un incremento del 10% en la demanda de abastecimiento desde China durante el segundo trimestre, aun cuando el comercio global perdió impulso en marzo.
Sin embargo, esta mayor participación implica también mayor exposición. Los mismos factores que impulsan a las empresas mexicanas a buscar más en China —disponibilidad, precio, escala— son los que hoy están bajo presión por la crisis energética. La resiliencia, es la diferencia entre importadores que anticipan y verifican versus los que descubren los problemas cuando la mercancía ya llegó al almacén.
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Para México, esta mayor participación ocurre en un terreno particularmente complejo. El incremento en la demanda de abastecimiento convive con un entorno global más volátil, donde los mismos factores que impulsan la diversificación —energía, costos logísticos e incertidumbre geopolítica— también elevan la presión sobre la operación local.
En este nuevo equilibrio, el reto no es capitalizar un momento coyuntural, sino sostener confiabilidad, capacidad operativa y continuidad en un sistema que se está reconfigurando bajo condiciones mucho menos predecibles.
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