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  • 19 FEB 2026, Actualizado 23:34

Relaciones México–Perú: el nuevo gobierno de José María Balcázar abre la puerta tras la ruptura diplomática por Pedro Castillo

Tras más de un año de tensión, el escenario político en Lima podría modificar el equilibrio regional y redefinir la relación bilateral entre México y Perú en el contexto latinoamericano

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Peru and Mexico two flags together textile cloth fabric texture / Oleksii Liskonih

La relación diplomática entre México y Perú atraviesa un momento decisivo tras más de un año de ruptura formal que sacudió el equilibrio político en América Latina. La llegada al poder de José María Balcázar ha reactivado las conversaciones sobre un posible restablecimiento de vínculos con México, en un escenario marcado por tensiones ideológicas, acusaciones de injerencia y una profunda fractura regional derivada del caso del expresidente peruano Pedro Castillo, cuando, ante su destitución, el gobierno mexicano consideró que se trataba de “una crisis democrática”.

La ruptura entre ambos países no fue un simple desencuentro diplomático, sino que representó uno de los episodios más duros en la política exterior latinoamericana reciente. El respaldo del gobierno mexicano al expresidente peruano, tras su fallido intento de disolver el Congreso, detonó una crisis que llevó a Lima a cortar relaciones formales y a escalar el conflicto a niveles inéditos. Hoy, con un nuevo liderazgo en Perú y un contexto geopolítico distinto, el tablero vuelve a moverse y la región observa con atención si se trata de una reconciliación estratégica o de una tregua temporal.

Una ruptura que marcó a América Latina

Las relaciones entre México y Perú atraviesan uno de los episodios diplomáticos más tensos de los últimos años en la región. Lo que comenzó como una crisis política interna en Lima terminó convirtiéndose en un conflicto bilateral que fracturó vínculos históricos y expuso la división ideológica en América Latina.

El punto de quiebre ocurrió tras la destitución y posterior encarcelamiento del expresidente Pedro Castillo, luego de su intento fallido de disolver el Congreso en 2022. El entonces presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, otorgó asilo político a su familia y expresó respaldo político al exmandatario, calificando el proceso como una ruptura del orden democrático.

Para el gobierno peruano de ese momento, esa postura fue considerada injerencia en asuntos internos. El desenlace fue contundente, la ruptura formal de relaciones diplomáticas y declaración de persona non grata contra la entonces jefa del Ejecutivo mexicano.

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El nuevo escenario: José María Balcázar y el giro político

El panorama comenzó a modificarse tras la llegada de José María Balcázar a la presidencia peruana, un político vinculado al mismo espectro ideológico que Castillo. Su ascenso abre una ventana para recomponer el vínculo bilateral bajo nuevas condiciones.

Desde el gobierno de Claudia Sheinbaum, la postura ha sido cautelosa, existe disposición para evaluar el restablecimiento de relaciones diplomáticas, siempre que la iniciativa formal provenga de Lima, dado que fue Perú quien rompió los lazos.

En términos diplomáticos, el mensaje es estratégico. México no busca confrontación, pero tampoco retrocede en su narrativa sobre el caso Castillo. La reanudación dependerá de señales políticas concretas del nuevo gobierno peruano.

Impacto regional: más que un conflicto bilateral

La ruptura entre México y Perú no fue un episodio aislado. Se convirtió en un reflejo de la polarización ideológica en América Latina, gobiernos de izquierda defendiendo la figura de Castillo frente a sectores que consideraron su intento de disolver el Congreso como un acto autoritario.

Además del impacto político, la fractura afectó cooperación multilateral, comercio y coordinación regional en foros latinoamericanos. Ambos países forman parte de esquemas estratégicos de integración económica y política, por lo que el distanciamiento generó ruido diplomático más allá de sus fronteras.

Un eventual restablecimiento no solo tendría valor simbólico; enviaría una señal de distensión en un momento donde América Latina enfrenta presiones económicas globales, tensiones democráticas internas y reacomodos geopolíticos.

¿Reconciliación estratégica o tregua táctica?

La posible recomposición de relaciones dependerá de la capacidad de ambos gobiernos para redefinir el marco narrativo del conflicto. Para Perú, implicaría cerrar una etapa marcada por confrontación diplomática. Para México, consolidar su papel como actor regional que sostiene el principio de asilo político sin romper puentes estratégicos.

En el tablero internacional, la relación México–Perú es más que un desacuerdo bilateral, es una prueba de cómo América Latina gestiona sus crisis democráticas y sus diferencias ideológicas sin dinamitar la cooperación regional.

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