La memoria del viejo lago sacude a la capital: por qué los temblores se amplifican en la Ciudad de México
El reflejo de una ciudad que sigue dialogando, de forma tensa, con el suelo sobre el que fue levantada.

Aerial view of Mexico City's Zocalo with flag waving, Cathedral and National Palace / simonmayer
Con cada sismo en la Ciudad de México, vuelve la misma pregunta: ¿Por qué un sismo con epicentro a cientos de kilómetros pega aun más fuerte en la capital? La respuesta no está solo en las placas tectónicas ni en la magnitud del movimiento, sino bajo los pies de quienes habitan la gran ciudad, el antiguo sistema de lagos sobre el que fue construida hace siglos.
La Ciudad de México se asienta sobre lo que durante el esplendor de la cultura mexica fue una extensa zona lacustre, dominada por el Lago de Texcoco y otros cuerpos de agua que conformaban el Valle de México. Aunque esos lagos fueron desecados progresivamente desde la época colonial, sus sedimentos permanecen intactos bajo la mancha urbana. Son capas profundas de arcillas blandas, limos y materiales saturados de agua que, lejos de comportarse como un suelo firme, reaccionan de manera particular cuando se presenta un sismo.
Un suelo que no disipa, amplifica
En términos geológicos, el antiguo lecho lacustre funciona como una especie de caja de resonancia. Las ondas sísmicas que viajan desde la costa del Pacífico, donde se originan la mayoría de los grandes temblores del país, atraviesan primero zonas de roca dura, donde pierden parte de su energía. Pero al llegar a la cuenca del Valle de México, esas ondas entran en un medio blando que no las absorbe, las amplifica.
El resultado es un movimiento más intenso y, sobre todo, más prolongado. No se trata únicamente de que el suelo “se mueva más”, sino que las vibraciones quedan atrapadas en la cuenca, rebotan y se superponen. Esto explica por qué en la capital los sismos duran más segundos que en otras ciudades y por qué la sensación de sacudida suele ser más violenta, incluso cuando el epicentro está lejos.
Resonancia: cuando el suelo y los edificios vibran al mismo ritmo
A esta amplificación natural se suma un fenómeno clave: la resonancia. Los sedimentos lacustres tienen una frecuencia de vibración que coincide con la de muchos edificios construidos en la ciudad, especialmente aquellos de entre seis y quince pisos. Cuando el suelo y la estructura “oscilan” al mismo ritmo, el movimiento se potencia.
Este efecto fue determinante en la catástrofe de 1985, cuando decenas de edificios colapsaron en zonas específicas de la ciudad mientras otras áreas cercanas resultaron casi intactas. No fue una coincidencia, fue la combinación de suelos blandos, ondas sísmicas prolongadas y construcciones vulnerables.
Una ciudad que se hunde y se vuelve más frágil
El problema no es estático. A lo largo del siglo XX y lo que va del XXI, la extracción intensiva de agua subterránea ha compactado aún más las arcillas del antiguo lago. La Ciudad de México se hunde de forma desigual, en algunos puntos varios centímetros al año. Este hundimiento no solo daña tuberías, calles y edificios; también modifica las propiedades del suelo, volviéndolo aun más susceptible a la amplificación sísmica.
En otras palabras, la ciudad no solo fue construida sobre un terreno frágil, sino que con el paso del tiempo lo ha vuelto más vulnerable.
No toda la ciudad tiembla igual
La geografía sísmica de la capital es desigual. Las zonas asentadas directamente sobre el antiguo lecho lacustre, como el Centro Histórico, la Roma, la Doctores o amplias áreas de Iztapalapa, suelen experimentar los movimientos más intensos. En contraste, las áreas ubicadas sobre suelo firme, especialmente en el sur y poniente, registran sacudidas menos severas.
Esta diferencia explica por qué, tras un mismo sismo, hay colonias con daños visibles y otras donde apenas se percibe el movimiento.
Una vulnerabilidad conocida, pero persistente
Desde hace décadas, ingenieros, geólogos y urbanistas han advertido sobre la relación entre la zona lacustre y el riesgo sísmico en la Ciudad de México. Se han actualizado reglamentos de construcción, mejorado sistemas de alerta y reforzado protocolos de protección civil. Sin embargo, el crecimiento urbano, la antigüedad del parque inmobiliario y la desigualdad en la calidad de las construcciones mantienen latente el riesgo.
Cada nuevo sismo, como el registrado este 2 de enero, de magnitud 6.5 con epicentro en Guerrero, vuelve a recordarlo. Las imágenes de edificios balanceándose o de monumentos emblemáticos moviéndose no son solo escenas impactantes, son el reflejo de una ciudad que sigue dialogando, de forma tensa, con el suelo sobre el que fue levantada.
La Ciudad de México no tiembla solo porque México es un país sísmico. Tiembla porque fue construida sobre el agua, y porque esa historia geológica, aunque invisible, sigue marcando cada sacudida.
*La información presentada en este artículo ha sido contrastada con fuentes oficiales, publicaciones académicas y estudios técnicos sobre la cuenca del Valle de México y su comportamiento sísmico.*

Aerial view of Mexico City's Zocalo with flag waving, Cathedral and National Palace / simonmayer




