VIOLENCIA DE GÉNERO

El testimonio de Georgina: ella superó el cáncer de mama y un divorcio

Después de la tercera quimioterapia ella le pidió que ya no la acompañara porque en lugar de apoyarla, la hacía sentir mal

Joven, alta, delgada, ojos color miel. Su paso por los pasillos del hospital no es indiferente. Georgina Argüelles es sin duda, una mujer atractiva. Pero le falta un seno.

Hace dos años le detectaron cáncer de mamá y le hicieron la mastectomía, es decir, le extirparon el seno.

Su primera reacción al enterarse que tenía cáncer fue esta:

“Obviamente te dicen cáncer y es sinónimo de muerte porque aparte yo ya había tenido la experiencia con dos familiares que pues les dijeron que tenían cáncer y fallecieron. Entonces yo decía: 'no me quiero morir yo no he renegado de la vida'

Estaba casada y el que fue su compañero desde hace 18 años, le prometió acompañarla en este trance y siempre.

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“Cuando él supo me decía yo voy a estar contigo, no te preocupes… pero se fueron dando situaciones y sentí que más que apoyo de él era un estorbo porque me decía: ‘así como estás nadie te va a querer.’”

Solo la acompañó los tres primero meses. A su esposo se le veía fastidiado, dice Georgina, y después de la tercera quimioterapia le pidió que ya no la acompañara porque en lugar de apoyarla, la hacía sentir mal.

Yo siento que él pensó que me iba a morir y no pudo con la impresión de cargar con eso; y yo misma decidí decirle mejor ahí muere, tu vida y yo la mía. Yo sentía que si me quedaba con él me iba a morir”.

Y ella decidió decirle adiós.

“Yo me sentía lastimada, herida, abandonada, como es posible que cualquier pretexto fue fácil para decir ahí nos vemos, en lugar de que luchara y aparte las cosas que él me dijo pues si me han costado trabajo sacarlas de mi cabeza aunque él me diga que no lo decía con esa intención, pues para mi en el momento en que yo estaba más vulnerable de mi vida hasta el día de hoy las sigue trayendo en mi cabeza. Para mí si ha sido complicado, pero no he dejado que sea más fuerte que yo”.

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Así es que al dolor físico y emocional por la enfermedad hubo que añadirle el dolor de la separación.

No hay estadísticas oficiales en México respecto al número de mujeres que son abandonadas por sus novios o esposos cuando éstas se enteran que tienen cáncer, pero es un hecho que sucede.

Pero ella, como lo han hechos otros cientos de mujeres que han tenido cáncer y que también han sido abandonadas por su cónyuge, ha salido avante.

Volvió a estudiar. Ahora aprende idiomas que tanto le gustan.

“¿De quién depende? De ti, por tus hijos, sacas fuerzas de donde no las hay y segundo pues te das cuenta que, así como me dijo un día, que yo ya no soy mujer para él. En efecto yo no soy mujer para él. Yo soy una mujer que necesita ser comprendida claro. Se vale caerse más no romperse”.

Contradictoriamente, ha superado el cáncer, ya termino su tratamiento, pero su etapa en los juzgados después de iniciado su divorcio no ha terminado.

Aún lucha por una pensión para sus dos hijos porque su esposo ya hasta dejó de trabajar.

“Surgió una violencia económica y es con lo que sigo en batalla, no hasta el día de hoy porque todavía sigo en juzgados, ya terminé mi tratamiento aquí y sigo en juzgados esperando, pues ya tengo destinada la pensión pero él no comprueba cosas. Ahorita, por ejemplo, ya se salió de trabajar.”

Aunque ahora, Georgina se siente libre y en paz.

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