CON MARTHA DEBAYLE
CON MARTHA DEBAYLE

¿Qué hacer con la rivalidad y celos entre hermanos?

Para todos los que viven agobiados porque sus hijos se llevan del chongo

Vidal Schmill, pedagogo, especialista en Desarrollo Humano.

El origen de los celos entre hermanos:

El deseo profundo de poseer en exclusiva el amor de los padres.

Este deseo es tan intenso y posesivo que no tolera rival alguno.

Los amargos frutos de las rivalidades infantiles no resueltas, se manifiestan con comportamientos inmaduros en la vida adulta.

Un poco de tu propia historia para entender las cosas:

¿Cuántos hermanos fueron en tu casa?

¿Qué número de hijo fuiste?

¿Había un(a) favorito(a)?

¿Quién y por qué crees que lo era?

Si no eras tú ¿qué sentías hacia él o ella?

¿Qué papel jugabas en la familia?

¿Lo sigues jugando?

La vida entre hermanos se convierte en un “laboratorio social”. Los niños prueban conductas y si les funciona alguna, la repetirán incluso siendo adultos.

La difícil tarea de los papás es: Tranquilizar a los niños y hacerles sentir y entender que son muy especiales, queridos y que nuestro cariño por ellos está fuera de peligro, a pesar de la existencia y presencia de los hermanos.

Entrenando tu ojo para detectar las diferentes caras de los celos en tus hijos

Competencia constante (siempre debe ganar)

Falta de participación en juegos o actividades familiares (apatía o actitud triste fuera de lugar)

Cuidado ansioso (caricias excesivas, besos exagerados, “encimoso” con el bebé o con sus padres)

Codicia implacable (no le comparte ni una sonrisa, ya no digamos juguetes. Desea todo para sí)

Ataques de tos, dolores de estómago y salpullidos constantes (somatización para ser atendido)

Destructividad (rompe cosas en lugar expresar sus sentimientos de otra forma)

Haz el siguiente ejercicio para entender los sentimientos y reacciones que tus hijos con respecto a sus hermanos. Puede ser útil que apuntes tus reacciones. Si eres hombre, sustituye “esposo” por “esposa” y los artículos masculinos por los femeninos.

Imagina que tu esposo te abraza y te dice: Amor, te amo tanto y eres tan increíble que decidí tener otra esposa como tú.

Cuando la nueva esposa finalmente llega, observas que es muy joven y linda. Cuando están juntos los tres, la gente te saluda, pero exclama extasiada a la recién llegada: ¡Está preciosa!, ¡Hola, hermosa! Y luego te voltean a ver y te preguntan: ¿Te gusta la nueva esposa?

La nueva esposa necesita ropa. Tu esposo va a tu closet, toma algunos de tus sweaters y pantalones y se los da a ella. Si protestas, te señala que como has crecido y subido de peso ya no te quedan o te aprietan mucho y que le quedarán perfectos a ella.

Tienes un nuevo reproductor de música que te compró tu esposo y te gusta mucho. La nueva esposa llega y quiere usarlo cuando tú lo estás utilizando, diciéndote: ¿Me lo prestas? Yo sé cómo usarlo.

Cuando le dices que no, ella se va corriendo hacia tu esposo. Ella regresa abrazada de él, con su cara en llanto y él te dice: ¿En qué te afecta que se la prestes un rato? ¿Por qué no puedes compartir nada con ella?

Los padres SÍ tenemos influencia con esta rivalidad cuando:

Reprimimos los sentimientos negativos que hay entre hermanos y no les damos un cauce seguro.

Comparamos a uno con el otro, privilegiamos más alguno que a otro, pasas más tiempo a uno que con otro.

Intervienes en sus pleitos tomando partido por alguno.

Opciones:

Ventilar sentimientos sin dañar física ni moralmente a los hermanos

Anticipar cualquier detalle desagradable de la vivencia que se aproxima por la llegada de un hermano

Permitir que participe en la rutina del bebé

Responder con empatía, no con tantas razones a sus reclamos.

Mantener reglas claras y predecibles en el hogar

Desahogo seguro de enojos (dibujarlos, pegarle al balón, arrugar una hoja)

Aumentarás la rivalidad si:

Intentas darles lo mismo a todos, pues se convertirán en policías vigilantes del otro.

Mejor: En vez de matarte tratando de darles todo por igual, hay que dejarlos satisfechos de acuerdo con sus única, especial y muy particular necesidad física y afectiva.

Mejor: Dedicarles ratos de atención incondicional a cada uno de ellos, al modo de una cita personal, fijada de antemano, los rescata psicológicamente, los hace sentir especiales, únicos e importantes.

Les pones etiquetas.

Mejor: Describe las conductas que observas sin calificar al niño, para no encerrarlo en un patrón y darle la oportunidad en una ocasión posterior de actua de manera diferente.

Mostramos preferencia o desprecio debido al sexo de uno de los hijos.

(Desear que tuviera otro sexo y hacérselo saber con comentarios. Hablar despectivamente de “las mujeres” o de “los hombres”. Pasar más tiempo o realizar actividades sólo con uno de los dos debido a que el otro es mujer u hombre. Asignar tareas o “exclusivas para mujeres” a las niñas y “exclusivas para hombres” a los niños)

Intervenimos en los pleitos, ya que se triangula; es decir, cambia de una dinámica de dos, a tratar de robar la atención y el favor del adulto

Mejor: permitamos que aprendan a negociar y que despierte su habilidad para resolver problemas

Sólo intervén cuando: estén perdiendo el control emocional o cuando haya golpes o empujones (contacto físico) o insultos fuera de tono.

Se recomienda:

Reconocer el enojo de cada niño contra el otro.

Escuchar a cada uno con respeto, sin interrumpir o juzgar.

Demostrar interés y no burlarnos ni minimizar el pleito.

Expresar que confiamos en su capacidad para resolverlo.

Dejarlos solos para que negocien.

Aunque no lleguen a una buena solución, se reducirá el nivel de ansiedad.

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