Redes sociales elevan ansiedad en menores, advierte experto
Alertan sobre los riesgos de la exposición digital en la salud emocional de adolescentes.

Teenager boy crying desperate for bullying with mobile lying on the floor in foreground / doble-d
El psicólogo social Jonathan Haidt, profesor en la NYU Stern School of Business, alerta que el uso masivo de smartphones y redes sociales ha provocado un aumento significativo de la ansiedad y otros problemas de salud mental en niños y adolescentes.
En su libro The Anxious Generation (Penguin Press, 2024), Haidt documenta un fenómeno que llama “la gran reconfiguración de la infancia”, señalando que desde 2010, cuando los teléfonos inteligentes se volvieron una necesidad en las sociedades, se ha observado un aumento en diagnósticos de trastornos de ansiedad, depresión, autolesiones y pensamientos suicidas entre menores. Estas tendencias, según el autor, no se replican en adultos mayores de 30 años y se han registrado en diversos países desarrollados.
El especialista identifica cuatro daños fundamentales derivados del uso intensivo de redes sociales:
- Privación social: los jóvenes pasan menos tiempo con amigos cara a cara.
- Privación de sueño: el uso nocturno de dispositivos interfiere con el descanso.
- Fragmentación de la atención: notificaciones y contenido constante dificultan la concentración.
- Adicción por diseño: plataformas como Instagram y Facebook emplean mecanismos psicológicos para mantener a los usuarios enganchados.
Haidt también resalta que la disminución del juego libre y la sobreprotección de los padres contribuyen a que los menores no desarrollen habilidades para enfrentar adversidades, aumentando su vulnerabilidad emocional. Encuestas muestran que alrededor del 30% de los jóvenes reconoce que las redes sociales han afectado negativamente su bienestar, y la mitad de la Generación Z desearía que algunas plataformas no hubieran existido.
El experto propone medidas como restringir el acceso a redes sociales a menores de 16 años, promover el uso de teléfonos con funciones limitadas en escuelas y fomentar actividades presenciales que reemplacen el tiempo frente a la pantalla. Advierte que, sin acciones colectivas de padres, educadores y gobiernos, los efectos sobre la salud mental de los menores podrían intensificarse.

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