Los cambios de franquicia en el futbol mexicano

Es una práctica recurrente en nuestro futbol

Ante la presente incertidumbre que se maneja respecto al futuro de Monarcas en la Ciudad de Morelia, hacemos un recuento de los múltiples cambios de sedes que se han suscitado dentro de la Liga BBVA Mx.

Para comenzar, el más reciente caso se dio con el equipo de Lobos BUAP, quien estuvo en la Ciudad de Puebla. A pesar de no tener problemas de descenso en la dos temporadas jugadas en Primera División, la franquicia fue vendida el 11 de junio del 2019 a Bravos FC, que actualmente disputa los partidos como local en Ciudad Juárez.

Seis años antes, en 2013, Querétaro compró a Jaguares de Chiapas como boleto de salvación para permanecer en la categoría de oro, ya que el cuadro de los gallos blancos había descendido deportivamente, pero Chiapas siguió luego de hacer lo propio con San Luis. Caso parecido al de Veracruz, en ese mismo año con los Reboceros de la Piedad, quienes ganaron el torneo de Ascenso y fueron adquiridos por el Tiburón para tomar su lugar de manera directa.

Uno de los traslados más recordados es sin duda el de Atlante en 2007, después de 89 años jugando en la Ciudad de México, en el Estadio Azteca, emprendió vuelo hacia tierras mayas en Cancún, Quintana Roo donde se consagraron campeones en su primera temporada jugando como local en el Olímpico Andrés Quintana Roo.

Otro movimiento histórico fue el de Necaxa, quien se formó desde sus inicios en la capital del país, pero debido a las bajas entradas de público en el Coloso de Santa Úrsula decidió buscar nuevos horizontes en la zona céntrica de la República Mexicana, específicamente en la Ciudad de Aguascalientes.

Por último, Puebla aprovechó su solvencia económica para adquirir la franquicia de la Unión de Curtidores, un equipo que se ganó su boleto a primera división y que a la postre fue utilizado por los “Camoteros”.

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