CON MARTHA DEBAYLE
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7 razones por las que sientes que ya no puedes confiar en ti

¿Qué pudo habernos pasado para llegar a no confiar en nosotros? ¿Cuál es el impacto de esto en nuestra vida?

7 razones por las que sientes que ya no puedes confiar en ti

Mario Guerra, tanatólogo, conferencista, business coach, psicoterapeuta.

No es agradable vivir en un entorno social en donde no se puede confiar en nadie, pero debe ser aún más terrible levantarse cada mañana sintiendo que en quien no se puede confiar es uno mismo. Digamos que, desde pequeños, confiar es natural hasta que aprendemos lo contrario. ¿Qué pudo habernos pasado para llegar a no confiar en nosotros? ¿Cuál es el impacto de esto en nuestra vida? ¿Es posible restablecer la confianza en uno mismo cuando se siente que se ha perdido? Vamos a conversar juntos acerca de esto y veamos a dónde podemos llegar.

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¿Qué es la confianza?

La palabra “confianza” significa: cualidad del que tiene total seguridad de algo o alguien.

La cuestión es si hay algo en el dominio de lo humano en lo que podamos tener total seguridad; algo que nunca bajo ninguna circunstancia no funcione como se supone que debería.

¿Una máquina, una computadora, una vacuna, otra persona, nosotros mismos?

¿De qué hablamos cuando hablamos de “confiar en ti”?

En que puedes cumplir tus compromisos.

En mantenerte en línea con tus compromisos a pesar de que en el camino surjan cosas más atractivas.

En tu capacidad de dar resultados positivos.

Conforme a lo que esperas de ti mismo.

En mantener los resultados positivos.

No confías cuando recaes en conductas o actitudes que consideras negativas.

Confiar en tu perseverancia.

Por ejemplo en rutinas, dietas, cuidado de la salud.

En el apego a tus valores.

Por ejemplo, que no vas a traicionar a nadie o que cumplirás tus promesas.

¿Por qué no puedo confiar en mi?

Lo que aprendiste desde la infancia. .

Sesgo actor-observador.

Probablemente tus errores naturales fueron vistos por tus padres como algo catastrófico, producto de tu pereza, maldad o necedad.

Mientras que los de ellos (e incluso los de otros que no fueran sus hijos) eran parte de su proceso de aprendizaje o de su natural condición humana.

Como aprendiste a evaluarte así, ya no cuestionas en donde estaba fundamentado ese juicio y aunque haya sido muy desagradable en la infancia cuando te criticaron, es lo que tu acabas haciendo porque no conoces otra manera de tratarte.

Tus errores distorsionados en el pasado (y tu visión sesgada del futuro) que afecta tu presente.

Hacia el pasado:

Tendemos a recordar que las cosas malas o buenas eran mucho peores o mejores de lo que realmente fueron.

Esto impacta de dos maneras:

Hace que te percibas menos confiable de lo que realmente eres porque haces grande los errores del pasado.

Malignizas tu presente, porque dices que nada de lo que hoy tienes se compara con lo que pudo ser bueno en el pasado.

Hacia el futuro:

Al proyectarnos hacia el futuro, sobrestimamos lo felices que nos harán sentir las cosas buenas y lo infelices que nos harán sentir las malas.

Esto también tiene un doble impacto.

Esto nos dice que seguramente todo lo que hagamos en el futuro si sale mal, será muy malo.

Pero si nos sale bien, como no será tan bueno como imaginamos, entonces será malo también.

Expectativas poco realistas.

Ponerte metas muy grandes sin tomar en cuenta el tiempo y esfuerzo que te llevaría conseguirlas te hará sentir muy frustrado cada vez que no las alcances.

Lejos de juzgar tus metas como poco realistas, te juzgas a ti como incapaz.

Tal vez en el fondo seas perfeccionista.

Una persona perfeccionista no puede estar satisfecha sino con la perfección.

Pero la perfección tiende a ser poco sostenible en el tiempo porque la energía invertida en alcanzarla y sostenerla es mucha y el agotamiento se hace presente.

Es como querer estar permanentemente parado sobre la punta de un pie sin tambalearse en ningún momento.

El perfeccionista tiende a ser un duro juez consigo mismo y entonces todo lo que no es perfecto es mediocre.

Cada vez que comete un error que lo saca de su supuesta zona de perfección va perdiendo un poco de la confianza en sí mismo.

Te comparas.

Ya hemos hablado de cómo mirar a alguien que ha llegado a donde queremos llegar, a veces nos hace olvidar que eso es resultado de un proceso que generalmente estuvo plagado de aciertos y desaciertos.

Comparar tus procesos personales con los resultados de otros es un poco como comparar peras con bicicletas.

Y aún comparando procesos contra procesos, no todos vamos a tomar el mismo camino.

Te focalizas en lo negativo y generalizas.

A veces en nuestra cabeza hay un encargado del control de calidad que se encarga de señalar los errores y las fallas y que a veces puede ser muy estricto. Eso está muy bien… en una planta nuclear o incluso en una fábrica de autos. Pero con la condición humana este señalamiento quisquilloso y constante de supuestos errores lejos de ayudar, desmoraliza.

Peor aún cuando de alguna manera ese encargado de tu control de calidad interno se adueña de la dirección general de tu vida.

Con él al mando, todo siempre tendrá un “pero” y cada vez que encuentre un “error” creerá que hay 100 más por descubrir.

¿Lo positivo para él? Es lo mínimo esperado, así que nunca esperes una felicitación o reconocimiento.

Ya caiste en un estado de indefensión, vergüenza y desesperanza.

Ya cuando gran parte de lo anterior ha pasado, entras en un estado de resignación y resentimiento.

Resignación cuando la verguenza te hace sentir que no mereces, la desesperanza que nada se puede hacer y la indefensión que te dice que tú menos que nadie puede hacer ya nada para cambiar su situación.

El resentimiento contra ti mismo cuando te das por vencido y entonces vas dejando pasar oportunidades.

¿Cómo impacta tu vida el no poder confiar en ti?

Te autocastigas.

Baja tu autoestima.

Vives en una constante sensación de insuficiencia y fracaso.

Tus relaciones sociales tienden a ser de baja calidad.

Evitas entrar a relaciones profundas por el miedo a fracasar o decepcionar.

Es probable que entres en algunas relaciones desde un rol de sumisión y de querer agradar.

Lo malo es que como ya te sientes incapaz de dar nada valioso, das lo que sea necesario para que te acepten.

Aquí entre tu dignidad, que como ya perdiste la confianza en ti, pues ya no la ves tan valiosa.

Abandonas tus metas, sueños y proyectos.

Esto ocasionado por la desesperanza y la indefensión.

¿Qué hacer?

Tener una confianza razonable.

Ajusta tus expectativas a lo que te es posible y un poquito más allá.

Hasta donde sientas cierta incomodidad, pero no demasiada.

Es como ir estableciendo metas intermedias para llegar a tus grandes metas.

Cumplirlas te dará evidencia de logro.

Usa una mentalidad de arquero.

No siempre darás en el blanco, pero sumas puntos cada vez que te acerques a él.

El camino a la perfección es muy estrecho cerca de la meta.

Trata de hacer las cosas lo mejor posible, para sumar el mayor número de satisfacciones posible, buscando siempre mejorar.

Reconoce tus logros.

Esto no va a borrar tus errores, sólo te hará ser más objetivo y balanceado.

Asume que nadie es absolutamente confiable si se espera de él no fallar.

Aunque fueras 99% confiable, querría decir que hay un 1% de probabilidad de que falles y eso puede pasar en el momento más inoportuno de tu vida.

Pensemos; si tus procesos son más largos, más laboriosos o te cuesta más trabajo a ti que a otros llegar a los mismos resultados ¿qué?.

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