CON MARTHA DEBAYLE
CON MARTHA DEBAYLE

Todo lo que abandonaste para acabar en una mala relación

Vamos a hacer un recuento de todo lo que pudieron haber abandonado para quedarse sin nada; o lo que es peor, para quedarse en una mala relación

Mario Guerra, tanatólogo, conferencista, business coach, psicoterapeuta.

Al pobre del amor se le atribuyen milagros que no puede realizar y luego andamos apedreando a cupido y haciendo reclamos a la divinidad.

Muchos que hacen del amor su nuevo culto abandonan su vida entera con tal de seguir a su nuevo Gurú.

Se hacen renuncias importantes en el nombre del amor, eso puede ser normal, pero renunciar a todo con tal de sentir que alguien nos quiere no parece ser una idea muy sabia, a menos que ni tú te quieras.

Vamos a hacer un recuento de todo lo que pudiste haber abandonado para quedarte sin nada; o lo que es peor, para quedarte en una mala relación.

¿A qué le llamaríamos una mala relación?

Cualquier relación donde no estás obteniendo lo que buscas.

Pero como hay personas que no saben ni lo que buscan, diremos que una buena relación tendría que tener las siguientes características:

Que esté libre de violencia de cualquier tipo.

Física, sexual, psicológica, económica, etc.

Que te permita ser tú.

Donde te sientas libre de expresar tus opiniones. ideas, sueños y necesidades sin ser minimizada, humillada, objeto de burla, ridiculizada, etc.

Que tenga admiración y respeto

No basta con que puedas expresar tus opiniones e ideas.

Necesitas que estas sean valoradas, aún y cuando haya diferencias de opinión.

Que crezca contigo.

Muy frecuentemente entramos a una relación en cierto momento de la vida cuando aún no hemos cristalizado todo nuestro potencial.

Si la pareja no crece contigo: la arrastras, la dejas o te estancas.

Si tú no creces con tu pareja: esa pareja te va a quedar muy grande en poco tiempo.

Entonces en suma una mala relación es una donde no hay respeto, confianza, amabilidad, alegría y crecimiento personal.

¿Cómo llegamos ahí?

Ya hemos visto en programas pasados que muchos dirán que por amor, pero muchos otros por necesidad, por miedo, para salirse de la casa parental, para llenar sus huecos emocionales, quesque para ser felices (sea lo que sea que eso sea).

Mucho de esto empezó en la infancia de la mano de padres abusadores y controladores que dictaban nuestro destino.

No pocas veces son los ideales del amor romántico y el acondicionamiento cultural que nos hace creer que vamos por el camino correcto cuando estamos metiendo la pata, pero en arenas movedizas.

Como cuando te creíste aquello de que “no estudies porque al fin que te vas a casar” o la de “ten un hijo para que amarres a tu pareja y así no te deje”, por ejemplo.

Y en última instancia, supongamos que sí llegaste a una mala relación por puro y genuino amor; eso hace más válido o menos malo el que estés ahí.

Pero la cuestión no es tanto como llegaste ahí, sino por qué te quedas y el costo que estás pagando cada día por no moverte de una relación sobre la que la única certeza que tienes, es que no es buena para ti.

Como dije, te puedes quedar por miedo, por necesidad o hasta porque ya te gustó el macabro juego de a ver quién tiene el control.

¿Qué cosas se pueden haber abandonado por haber seguido a ese amor?

Amigos y familia.

Especialmente aquellos que te decían que esa relación no te convenía porque no te veían feliz.

Muy generalmente, tú por llevar la contraria, seguro dijiste “pues ahora hago mi voluntad”. Pero si esto vino alimentado por esa pareja que te calentaba la cabeza en vez de acompañarte a reflexionar, empeora la cosa.

Pasatiempos e intereses.

Todo lo que antes te gustaba hacer y ahora ya no tienes tiempo, recursos o ganas. No es que te haya dejado de gustar, es que cada vez que el otro te ve moderadamente feliz te recuerda lo mal padre o mala pareja que eres. No hay tiempo sino para sufrir como esa pareja sufre… o dice que sufre.

Sueños

Seguro en su momento soñaste con hacer y tener cosas importantes. ¿A dónde se fueron tus sueños y con qué te encuentras ahora que estás despertando?

Seguro ya no puedes expresar deseos y necesidades sin temor de hacerlo.

Oportunidades

Estas a veces no vuelven, especialmente si ya dejaste pasar años de tu vida sin moverte, esperando el milagro de que un día todo cambie a tu favor.

Juventud

Esta es peor que las oportunidades porque esta si no regresa ni con Botox. Es como un Home run diabólico… se va, se va y se fue….

Otras posibilidades

Cada vez que dices que sí a algo, le estás diciendo que no a otra cosa y ese camino al que le dijiste que no ya no va a volver.

La vida nos ofrece la posibilidad, pero de nada sirve si no la tomamos.

Valores. Cosas que dijiste o nunca te imaginaste hacer.

Y tú qué te creías el rey de todo el mundo… y hoy te has comportado como si estuvieras en la corte de Calígula… ya da lo mismo el futuro una vez que has perdido la brújula de los valores, porque estos eran una de las últimas defensas para tus límites personales. A veces por complacer pasas incluso encima de ti mismo.

Autonomía y autodeterminación

Si además de haberlo abandonado todo, abandonaste tu forma de autosustentarte, tienes problemas extra. ¿Cómo vas a salir de ahí si no puedes ganarte la vida? ¿Cómo vas a tener ideas nuevas si ya te amoldaste a las ideas de tu pareja?

Una vez que dependes de alguien ya no eres enteramente libre de elegir todo lo que quieras y acabas por decir que quieres lo que puedes obtener.

Tu dignidad

Ya estamos en terreno escabroso. Esta es una gran pérdida, salvo que no te importe perderla. De ser así, vas a ser de las personas que aguantan mucho más de lo que deberían.

Tu autoestima

Aquí ya empieza a complicarse todo aún más. Entre una muy baja autoestima y la vergüenza tóxica, hay una delgada línea. Supongo que debe ser muy desagradable despertar cada mañana y ver al espejo a alguien que odias. Más dramático es darte cuenta que eres tú mismo.

A tí mismo/a

Dejé a propósito lo peor para el final.

Este es el resultado de haber perdido todo lo anterior.

Con el tiempo, acumulamos culpa , ira y resentimiento que a menudo es silencioso.

Nos culpamos a nosotros mismos. Nuestra autoestima, autonomía y autorrespeto que teníamos al entrar en la relación se reducen.

Nos volvemos ansiosos y deprimidos, más obsesivos y / o compulsivos. Poco a poco abandonamos la elección y la libertad hasta que nos sentimos atrapados y sin esperanza, mientras nuestra depresión y desesperación aumentan.

Podemos desarrollar una adicción o síntomas físicos. Eventualmente, podemos convertirnos en una sombra de nuestro yo anterior.

¿Pero qué malvado ser podría pedir un precio tan alto para estar con él?

Si lo pensamos, todas las leyendas y mitos acerca del mal no hacen sino recordarnos nuestra participación en su maldad.

A Drácula había que invitarlo a entrar a tu casa.

Con Lucifer había que firmar un pacto o venderle tu alma.

Entonces no es el mal el que te cobra, eres tú quien está en disposición de pagar lo que luego lamentarás haber perdido por recibir algo tan fugaz.

No siempre son narcisistas y abusadores los que decimos que nos atrapan; a veces son personas tan miedosas y necesitadas como tú los que no te sueltan porque eres lo único que sienten que pueden tener… y por cierto, no sienten que merecen mucho.

¿Cuál es el costo de esto?

Ansiedad, depresión, soledad, aislamiento, mala reputación con los tuyos, abandono de tu persona, baja autoestima, frustración, anulación, culpa, resentimiento, vergüenza, desesperanza, etc.

No es casualidad que todo esto entre en el inventario de efectos negativos; al final es como si hubieras dejado tu vida en un clima inadecuado.

Lo que pudre a la manzana es el medio ambiente en el que se deja.

¿Qué podemos hacer?

De lo perdido, lo que aparezca.

Rescata lo que sea posible de ti y sal de ahí cuanto antes.

Igual que la manzana podrida, todavía tienes partes buenas, pero hay que rescatarla de ese medio ambiente aunque también habrá que asumir ciertas pérdidas.

Como personas que ya no quieran o puedan confiar en ti, por ejemplo.

Como oportunidades de desarrollo o laborales que ya no volverán tal vez.

Como parte de tu reputación, probablemente.

¿No sabes cómo salir o queriendo no puedes?

Busca ayuda profesional; es muy probable que hayas depositado gran parte de tu identidad en el otro y por eso no puedas dejarle sin sentir que te mutilas.

Pero recuerda que lo que a ti te está haciendo falta, al otro le sobra y al final quien sale sobrando para el otro, pues eres tú.

No te abandones; deja de hacer lo que sea que estés haciendo que te mantenga en ese estado de pérdida, asume las que ya están y busca a partir de tus restos sanos empezar a construir una nueva identidad más sólida.

Pero cuidado; salir de ahí no garantiza nada si no aprendes y no desarrollas nuevas formas de relacionarte.

Si sales sin hacer nada más que sólo salir, caerás en manos de un nuevo amo y tu lugar siempre será el de un esclavo.

Aprovecha el momento de salida para hacer una pausa en tu vida emocional y fortalecerte desde adentro.

Cambia tú y ve si cambia tu pareja… si no, seguro cambias de pareja, pero desde un nuevo tú.

Alguien que te quiere a su lado a cualquier precio, ni te quiere a ti, ni sabe lo que quiere; es la ansiedad que le obliga a tomarse de lo que sea que esté a su alcance con tal de tener momentos de relativa calma.

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