China vs. Japón: El choque cultural entre la ciudad del futuro y la tradición protocolar
Un análisis sobre cómo la innovación desmedida de China contrasta con el orden y la seguridad de la sociedad japonesa

Tras recorrer las calles de Shenzhen, la autoproclamada “Silicon Valley” de China y otras ciudades como Pekín, Cantón o la propia Wuhú, es imposible no trazar un paralelo con Japón. Mientras que el país del sol naciente es el estandarte de la perfección técnica y el protocolo, China ha decidido saltarse todas las reglas para abrazar un futuro que parece sacado de una película de ciencia ficción. Con mi reciente visita a Tokio puedo notar ahora más que la diferencia no es solo tecnológica, sino que es profundamente cultural: es el caos creativo frente al orden sistémico.

¿Cómo redefine China el concepto de “ciudad tecnológica”?
En el gigante asiático no es solo hay ciudades modernas; es un laboratorio vivo. A diferencia de Tokio, donde la tecnología se integra de forma armoniosa y discreta, en China la innovación te golpea en la cara. Hablamos de drones que entregan café en parques públicos en menos de 15 minutos, robots que te llevan la comida en los hoteles y taxis autónomos de nivel L4 que circulan sin conductor humano, tomando decisiones en tiempo real sobre el tráfico.
Este avance democratiza servicios que antes eran de lujo. Un viaje de 30 minutos en un taxi robotizado cuesta apenas una media de 2.50 dólares ($43 pesos mexicanos), una fracción de lo que costaría en cualquier metrópoli japonesa, americana o europea. La tecnología aquí no es un adorno, es una herramienta de eficiencia extrema.

¿Qué hace a la cultura china más “rebelde” que la japonesa?
A pesar de la vigilancia omnipresente con cámaras, la sociedad china exhibe una flexibilidad que sorprendería a cualquier japonés. En Japón, las normas de seguridad impiden volar drones dentro de tiendas por protocolo; en China, los niños aprenden a ensamblar y pilotar drones en ferias comerciales.
El contraste también es algo más que evidente en la interacción social:
- Venta ambulante: Mientras en Japón el espacio público es sagrado, en China los vendedores desafían las advertencias policiales con humor y no obstante todos cuentan con venta cashless (terminales de contacto).
- Protocolo: Los policías chinos suelen ser más flexibles ante infracciones menores, priorizando el flujo social sobre la norma estricta, de hecho, llegue a ver llamadas de atención por no usar el cinturón de seguridad en un taxi por parte de la propia policía, sin llegar a la infracción.
- Ruido y caos: Las metrópolis chinas son ruidosas, llena de construcciones y bocinazos, alejándose del silencio sepulcral de los barrios residenciales nipones.

¿Es China realmente más avanzada que sus vecinos?
La respuesta depende de qué se valore más: la innovación o la modernidad. Por ejemplo, Shenzhen es la capital de la innovación, donde marcas como DJI y Huawei han nacido y transformado el mercado global. Sin embargo, convive con una “cruda realidad”: mercados de piratería masiva y una población de migrantes rurales que mantiene costumbres tradicionales, como los abuelos cuidando nietos en parques.
En definitiva, mientras Japón perfecciona lo existente, China está inventando lo que sigue, aunque eso signifique vivir en un eterno estado de “prueba y error” sin dejar que como tal nada termine de madurar.

Lo que sí es inherente es que los chinos reflejan un constante estado de felicidad, orgullo y un estado de permanente bienestar que incluso transfieren al curioso o visitante, mientras que en Japón esta vez, al menos en Tokio, me dio la sensación de ser una sociedad que se siente muy solitaria e incluso deprimida en donde no siempre el turista es del todo bienvenido, ya que están constantemente ensimismados en su propia rutina que en lo más mínimo parecen querer cambiar.



