CON MARTHA DEBAYLE
CON MARTHA DEBAYLE

¿Por qué nos cuesta tanto volver a confiar?

¿Hay vuelta atrás después de que traicionaron tu confianza?

Mario Guerra, tanatólogo, conferencista, business coach, psicoterapeuta.

Cuando una relación fluye en un clima de confianza nuestras emociones, sentimientos y pensamientos se pueden enfocar en la construcción de una relación y una vida misma balanceada. Pero cuando la confianza se deteriora, se convierte en un factor no sólo de distracción, sino incluso de molestia a través del resentimiento y el temor de volver a ser lastimados. Estar cuidando o cuidándose del otro nos resta tiempo y energía para vivir. ¿Qué podemos hacer para volver a confiar y qué es lo que nos hace en primera instancia no querer hacerlo?

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¿Qué es la confianza?

La confianza es una creencia en la probabilidad de que una persona se comporte de ciertas maneras que esperamos.

Nuestras relaciones con los otros dependen de que este supuesto se cumpla.

El factor clave no es la honestidad intrínseca de las otras personas sino su previsibilidad.

La confianza es una parte central de todas las relaciones humanas, incluidas las románticas, la familia, las operaciones comerciales, la política y las prácticas médicas.

Se compone de:

La representación de uno mismo como una persona digna de buen trato, valiosa y apreciada por el otro.

La representación de la otra persona como alguien que nos valora, nos aprecia y que evitará lastimarnos por sobre todas las cosas.

El conjunto de comportamientos que son evaluados de acuerdo a lo que se espera de la otra persona y de la relación que se ha formado.

¿Confiar es natural?

Distintos estudios nos hablan acerca de como la confianza viene mediada neurológicamente; es decir, hemos evolucionado para otorgar nuestra confianza a otros, al menos hasta que sus actos, conductas o circunstancias nos dan prueba de lo contrario.

¿Entonces qué pasa con las personas que son naturalmente desconfiadas?

Es muy posible que no haya tal cosa como eso.

Por ejemplo, en la infancia somos curiosos y eso hace que nos podamos poner en riesgo, pero poco a poco vamos aprendiendo a evaluar el entorno y a las personas.

La desconfianza es un proceso emocional que va mucho más allá de la estimación de bajas probabilidades de que las personas hagan lo que se supone que deben hacer.

Lo que llamaríamos una persona desconfiada es una persona que siente que ya no puede confiar por algo que le ha sucedido.

Es muy probable que:

Generalice lo ocurrido. Si una persona a la que estaba afectivamente vinculada lo engañó o traicionó, es probable que generalice la desconfianza hacia todas sus relaciones afectivas importantes como una forma de precaución, hasta que demuestren que son confiables..

Esté viviendo un proceso traumático. Esto sería un nivel más alto de lo anterior, porque ya no hay un proceso racional involucrado que pueda evaluar lo que pasó, sino que hay una especie de pensamiento pre pensado que maligniza todo y lo convierte en dañino. No importa las pruebas de confianza que se den; la certeza de la traición es constante.

Una posibilidad final es que la persona desconfiada se sepa a sí misma poco confiable para otros y entonces el temor al castigo es lo que le hace desconfiar de los demás (teme que le paguen con la misma moneda).

Quien no perdona o no puede volver a confiar lo hace principalmente por:

El temor a volver a ser lastimado.

El enojo por sentir que no somos tan importantes para el otro.

Aún así la confianza no siempre es absoluta

Podemos confiar en algunas personas para algunas cosas y para otras no tanto.

Por ejemplo, puedo confiar en un pariente para que pase por mí para llevarme al aeropuerto, pero no tanto si se trata de prestarle dinero.

Puedo confiar que un amigo estará disponible para venir a jugar dominó a mi casa, pero no tanto en que llegará a ayudarme a mover unos muebles el fin de semana.

¿Cómo se deteriora?

Con acciones, actitudes o palabras que nos dejan ver que esa persona es previsiblemente poco confiable.

Es evidente que una traición o deslealtad mayor rompe con toda posibilidad de confianza como se venía dando, pero también los incumplimentos menores persistentes van deteriorando paulatinamente la confianza.

No hacer algo que dijiste o prometiste tan simple como pagar el teléfono, comprar algo en el súper o llamar a la hora pactada.

 

También es frecuente cuando dices que “Sí” a algo que en el fondo no quieres o no estás muy de acuerdo.

Como cuando para que otro no se enoje contigo en el momento le dices que harás algo que no quieres y entonces acabas por no hacerlo.

Aquella persona de todos modos se molesta contigo, pero ahora con sobrada razón porque le hiciste creer algo que no hiciste.

Pero eso a ti no te preocupa tanto porque ahora ya no le tienes enfrente y no te enteras (al menos de inmediato) de su enojo.

El problema con esto es que, si lo haces recurrentemente, te vuelves una persona poco fiable.

¿Qué pasa en una relación cuando ya no hay confianza?

Se vive con resentimiento, enojo, miedo y agresión.

Es como vivir en una trinchera pensando que el otro es un enemigo y entonces cuesta “pegar el ojo” porque sientes que, si te descuidas, seguramente te lo volverá a hacer.

Se vive en un estado de hipervigilancia.

Hay tristeza por la sensación de pérdida.

Hoy nuestra relación ya no es la que una vez fue después de que me has lastimado de esa manera.

Se vuelve como una relación fantasma o zombie.

Parece la misma pero ya es otra.

Cuando la confianza se ha lastimado, el efecto va más allá de la evaluación de las conductas de la persona. Se afecta la imagen de la persona en sí misma más allá de sus conductas, por eso se hace necesaria la persistencia de actos confiables para ir gradualmente construyendo una nueva imagen confiable.

¿Cómo se repara?

Dejando de lastimar y reconociendo la falta.

No se puede volver a confiar en quien nos sigue lastimando o en quien no admite lo que ha hecho, porque eso habla de conciencia al menos. Digamos que no es una persona fiable en lo positivo y ahora se ha convertido en alguien que predeciblemente puede tener la capacidad de lastimar.

Esto último especialmente cuando se trata de faltas o fallos repetidos.

Valorando el efecto de lo que hicimos en el otro.

Es reconocer que nuestras acciones lastimaron a la otra persona, a nuestra relación y por supuesto a la confianza perdida.

Esto le devuelve su valor e importancia a nuestros ojos.

Muchas personas se sienten tratadas de forma injusta o como poca cosa.

Pidiendo perdón y perdonando.

Ya decía Desmond Tutu que sin perdón no hay futuro, y esto es cierto para los pueblos como para las personas. Sin perdonar por definición una relación se convierte en algo tóxico y manipulador.

Elaborar y desanudar los traumas infantiles que vengamos acarreando.

Es probable que nuestra desconfianza pre-exista a nuestras relaciones adultas; es decir, desde nuestras primeras relaciones románticas entramos ya con la espada desenvainada.

De identificar que desconfías de muchos, sin haberte dado un motivo real, bien harías en ocuparte de sanar tus heridas de la infancia.

Devolviendo el valor a la palabra.

Cumpliendo tus promesas, tus ofertas y los acuerdos que se establezcan entre ambos; particularmente los que se generen tras una ruptura importante de la confianza.

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