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  • 14 ENE 2026, Actualizado 21:44

Las 5 series con finales muy decepcionantes que las audiencias odiaron

Tras el final de Stranger Things, ha habido series cuyos finales fueron mucho mas odiados y con justa razón. Aquí la lista

Las 5 series con finales muy decepcionantes que las audiencias odiaron

Fanáticos de Stranger Things siguen viviendo las 5 etapas del duelo tras que la serie no concluyera de la mejor manera según cierto sector de su audiencia. Sin embargo hay series cuyo final ha lanzado a las series al olvido absoluta o la infamia de lo malos que han sido. Borrando cualquier trazo de cariño hacia el programa y únicamente sacando a relucir lo malo que fue su desenlace.

Evidentemente hay muchas series de televisión cuyo último episodio no fue de agrado unánime de su público, sin embargo han sido pocos los cuales hacen sentir traicionada a su audiencia al punto que estas series lo han logrado.

Esta nota contiene spoilers de las series listadas

House of Cards

La primogénita de las producciones originales de Netflix fue catalogado mucho tiempo como una de las mejores series de los tiempos recientes, hasta que cuestiones de la vida real intervinieron. Tras el despido de Kevin Spacey, la serie opta por una solución drástica: Frank Underwood muere fuera de cámara, supuestamente asesinado, y la historia continúa con Claire Underwood como presidenta de los Estados Unidos. En papel, la idea no era mala. Claire siempre fue tan ambiciosa, manipuladora y despiadada como Frank, y convertirla en la protagonista absoluta pudo haber sido un cierre poderoso. El problema fue que la serie nunca supo cómo llenar el vacío que dejó su personaje central, no por las actuaciones, sino por su escritura.

La sexta temporada intenta reconstruir el conflicto alrededor de Claire enfrentándose a los Shepherd, una poderosa familia empresarial que mueve los hilos del poder desde las sombras. Sin embargo, la amenaza nunca se siente real ni a la altura de lo que Frank representaba. La tensión política se diluye, los diálogos pierden filo y la trama avanza más por obligación que por convicción.

El mayor error llega con la revelación final: Claire estaba embarazada de Frank y termina asesinando a Doug Stamper, quien durante años fue el perro fiel de Frank, llega a la Casa Blanca para “vengarlo” y confesar que él mismo lo había matado. Claire lo apuñala sin titubear.

Ese momento, pensado como un cierre contundente, se siente vacío. No hay catarsis, no hay consecuencias, no hay resolución real del juego de poder que la serie construyó durante cinco temporadas. Frank Underwood, uno de los villanos más icónicos de la televisión, queda reducido a una muerte narrada, sin peso dramático ni impacto emocional.

House of Cards terminó sin rumbo claro, sin su motor principal y apostando por un shock final que no compensó la falta de desarrollo previo. Pudo haber sido un cierre audaz sobre el poder absoluto y la corrupción sin límites de la política estadounidense, pero terminó siendo un recordatorio de cómo una serie puede perder su identidad cuando se ve obligada a reinventarse sin entender qué la hacía funcionar.

How I met your mother

Tras nueve temporadas escuchando a Ted Mosby contar la historia de cómo conoció a la madre de sus hijos, finalmente aparece Tracy McConnell, un personaje que no solo cumple, sino que supera las expectativas tanto de Mosby como de la audiencia. Carismática, empática y perfectamente alineada con Ted, Tracy se gana al público en tiempo récord. El problema es que la serie decide que esa felicidad no podía durar: se revela que Tracy muere años después a causa de una enfermedad, información soltada de forma abrupta y casi cruel.

La revelación llega acompañada del verdadero propósito del relato: Ted no le estaba contando a sus hijos cómo conoció a su madre, sino pidiendo permiso a sus hijos para volver a intentar algo con Robin. La misma Robin con la que pasó años sin poder coincidir emocionalmente, y cuya incompatibilidad fue uno de los ejes centrales de la serie. Para lograr esto, la serie sacrifica otro arco completo: el matrimonio de Barney y Robin, al que se dedicó prácticamente toda la novena temporada, termina en un divorcio contado en minutos.

La serie ignora su propia evolución. Barney, después de años de crecimiento, vuelve a viejos patrones hasta que mágicamente se redime al convertirse en padre. Robin, que había dejado claro que no quería ni podía llevar una vida familiar tradicional, es empujada nuevamente al rol de “amor pendiente”. Y Ted, que supuestamente aprendió a soltar, en tres ocasiones separadas a la misma mujer, regresa exactamente al punto de partida.

El final fue grabado años antes, cuando los actores que interpretaban a los hijos de Ted aún eran niños. En lugar de adaptar la historia a su propio desarrollo narrativo, la serie decidió forzar un final planeado para otra versión de la historia, ignorando todo lo que cambió en el camino.

En lugar de eso, “How I Met Your Mother” optó por un giro que convirtió una historia sobre encontrar al amor correcto en una larga justificación para no superar al incorrecto, o como lo mencionaron los creadores “una mirada realista”. Un final que no solo dividió a los fans, sino que hizo que muchos prefirieran no volver a escuchar la historia otra vez.

Lost

Si bien no terminó con un “todo fue un sueño”, el final si sintió como una pesadilla para los televidentes. Que la última temporada se situara en un purgatorio para los sobrevivientes del accidente no fue solo una confusión, sino que termino en una sensación de engaño acumulado tras años de promesas narrativas.

Durante la sexta y última temporada, la serie introduce la famosa línea temporal “flash-sideways”, que durante meses se vendió como una realidad alternativa creada tras la detonación de la bomba de hidrógeno al final de la quinta temporada. Los fans esperaban una explicación científica, una bifurcación temporal o al menos una consecuencia lógica del viaje en el tiempo (lógica entendiéndose dentro de las reglas establecidas por la propia serie). La revelación final, sin embargo, fue otra: ese mundo era un purgatorio, un espacio creado para que los personajes se reencontraran, sanaran sus traumas y “siguieran adelante” juntos hacia la muerte.

El golpe fue doble. Primero, porque gran parte de la última temporada ocurre después de que los personajes ya habían muerto, algunos en la isla, otros muchos años después en el mundo real. Segundo, porque la serie había insistido durante años en que todo tenía reglas, lógica y causas concretas. De pronto, los números, la Iniciativa Dharma, la escotilla, el humo negro y los experimentos científicos quedaron relegados a explicaciones vagas o directamente ignorados.

La muerte de Jack Shephard ejemplifica el problema. Jack muere solo, sangrando en el mismo lugar donde la serie comenzó, mientras ve despegar el avión de sus amigos. Es poético, pero no responde a las preguntas que la serie sembró durante seis temporadas.

El mensaje final, que lo importante no era la isla, sino las conexiones humanas, es válido, pero para una audiencia que invirtió años analizando pistas, mapas, teorías y ecuaciones, se sintió como un cambio de reglas en el último momento. No fue “todo fue un sueño”, pero para muchos se le pareció demasiado.

“Lost” no terminó mal por falta de emoción, sino por exceso de abstracción. Eligió el corazón sobre la lógica, la espiritualidad sobre la ciencia, y dejó a una parte de su audiencia con la sensación de haber llegado al final del viaje solo para descubrir que el destino nunca fue el que les prometieron.

The Umbrella Academy

Pudiera apostar que hay gente que ni siquiera sabe cómo terminó esta alguna vez gran serie, y bendita ignorancia la de quienes no lo saben. Las complicadas aventuras de la disfuncional familia Hargreeves concluyeron, cómo no, enfrentándose una vez más al apocalipsis. Sin embargo, lejos de sentirse como un cierre épico, el final resultó apresurado, anticlimático y carente de sentido de recompensa. Personajes que habían crecido durante temporadas fueron reducidos a decisiones confusas, sacrificios poco claros y un desenlace que dejó más preguntas que emociones. Un cierre que pasó sin pena ni gloria.

Tras cuatro temporadas construyendo a la familia Hargreeves como piezas fundamentales del caos temporal, la serie decide cerrar su historia con una solución que se siente más como un botón de reinicio que como una conclusión narrativa coherente y merecida. El gran clímax gira en torno a la revelación de que la existencia misma de los hermanos es la anomalía definitiva del multiverso. No importa cuántas veces eviten el apocalipsis: mientras ellos existan, el mundo está condenado a terminar una y otra vez.

La “solución”: los Hargreeves deben dejar de existir. Así que como ultimo sacrificio, alteran el tiempo y espacio para que nunca nazcan Uno a uno, los personajes aceptan su destino y se sacrifican para restaurar la línea temporal original. No hay gran batalla final, no hay victoria heroica, no hay recompensa emocional proporcional a años de sufrimiento. Simplemente… desaparecen. El universo se corrige, el apocalipsis se evita y el mundo sigue adelante.

El golpe final llega cuando vemos el mundo “arreglado”, un universo donde los Hargreeves nunca nacieron, nunca fueron adoptados, nunca salvaron a nadie… y nadie los recuerda. Toda la lucha, el dolor, las muertes y los sacrificios fueron necesarios, sí, pero narrativamente se sienten anulados.

Así, “The Umbrella Academy” no termina con una explosión, ni con una gran victoria, sino con un susurro incómodo, todo lo que viste no importó… al menos para el mundo que quedó.

Game of Thrones

No había otro. Lo que hoy es el estándar moderno de “cómo NO terminar una serie” lleva este nombre. El mayor miedo de cualquier producción televisiva actualmente es “no ser un Game of Thrones”. Odiado por sus propios actores, por los lectores de las novelas y, sobre todo, por su férrea base de fans. Toda la última temporada fue un cuchillo directo al corazón de la audiencia: arcos narrativos apresurados, decisiones de personajes que traicionaban años de desarrollo y un final que no solo decepcionó, sino que logró algo impensable: borrar el fenómeno cultural que había sido la serie original. Lo que alguna vez dominó conversaciones, reacciones en tiempo real teorías y redes sociales, hoy rara vez se revisita.

La última temporada, comprimida en solo seis episodios, apresuró conflictos que llevaban años gestándose, sacrificando la coherencia de los personajes en favor del shock. Daenerys Targaryen, cuya caída a la locura pudo haber sido una de las tragedias más memorables de la televisión, se transforma en “La Reina Loca” en cuestión de minutos. Tras salvar Westeros del Rey de la Noche, decide arrasar King´s Landing ,una ciudad ya rendida, quemando civiles sin distinción. No por estrategia, no por necesidad, sino porque el guion así lo exigía.

El Rey de la Noche, la amenaza existencial construida durante ocho temporadas, es eliminado de forma abrupta por Arya Stark en un momento sorpresivo pero narrativamente vacío. No hay explicación sobre su origen más allá de lo ya visto, no hay consecuencias políticas ni existenciales, y la “larga noche” dura exactamente un episodio, donde la iluminación fue tan deficiente que fue raro que se pudiera ver algo.

Tyrion Lannister, la mente más brillante del tablero, pasa toda la temporada tomando decisiones erróneas sin enfrentar verdaderas repercusiones. Jaime Lannister, cuyo arco de redención era de los más celebrados, vuelve con Cersei negando ocho temporadas de crecimiento con la frase: “Nunca me importó la gente inocente”. Cersei, una de las villanas más complejas de la televisión, muere aplastada por escombros, sin juicio, sin justicia y sin el peso dramático que merecía. Bran Stark es elegido rey, no por liderazgo, carisma o sacrificio, sino porque “tiene la mejor historia”. Un personaje que pasó temporadas diciendo que ya no quería nada y que mucho menos podría ser rey, termina gobernando Westeros mientras el resto acepta la decisión sin conflicto alguno.

Al final, estas series comparten algo más que un mal episodio final: la sensación colectiva de traición. Cuando una historia se extiende por años, no solo se ve, se vive. Pero cuando el cierre no está a la altura del viaje, el recuerdo de todo lo bueno termina manchado por un desenlace que nadie pidió. Porque un mal final no solo arruina el último capítulo, puede reescribir toda la historia en la memoria del espectador.

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