CON MARTHA DEBAYLE

¿Te aplican o aplicas la Ley del Hielo?

Confiesen, ¿quién de ustedes cuando se enoja son de los que aplican la ley de hielo?

Mario Guerra, tanatólogo, conferencista, business coach, psicoterapeuta. 

Algunas personas cuando están en desacuerdo o enojadas con otra deciden que es buena idea aplicarles un castigo y esto lo hacen aplicando lo que se conoce como “La ley del hielo”. Parecería que pretender ignorar a alguien de esta forma es el “castigo supremo”, pero en realidad es una reacción sumamente inmadura que erosiona las relaciones y ridiculiza al que la aplica.

¿Qué es la ley del hielo?

Es el acto consciente y deliberado de suspender la comunicación verbal con otra persona. Dejarle de hablar por completo o hacerlo de una forma mínima y mecanizada.

Se hace como una forma de castigo por algo que sucedió o por algo con lo que no se está de acuerdo.

¿Entonces se rompe la comunicación?

Uno de los axiomas de la comunicación humana es que “No se puede no comunicar”

Aún el silencio comunica, la cuestión que es lo que se está queriendo decir y qué es lo que se está entendiendo.

Una cosa son las pretendidas razones por las que alguien la aplica.

Castigo, enojo, desacuerdo, etc.

Otra puede ser lo que el otro interprete de ese acto.

Desprecio, agresión, desamor, necedad, etc.

¿Cuánto dura?

Generalmente lo que dura el berrinche de la persona.

En ocasiones, en casos más graves, lo que dura su inmadurez, que puede ser por años o para el resto de la vida.

En casos así no se declara el cierre de una relación y se deja como en una especie de pausa.

O hasta que consigue, mediante ese acto chantajista, que el otro asuma la responsabilidad de haberle hecho enojar y vaya y le pida perdón o algo así.

¿Por qué alguien haría algo así?

Es una persona emocionalmente inmadura y/o tiene pobres habilidades para el manejo de conflictos.

Como un niño o niña pequeños.

De hecho, generalmente esta fue una reacción aprendida si, por ejemplo, en la infancia algún adulto de referencia te arrebataba la palabra, te callaba continuamente, te hacía sentir impotente, frustrado y confundido con arrebatos emocionales impredecibles. Incluso quizá ese adulto te aplicó a ti la ley del hielo.

Como una forma de manipulación.

Cuando se frustran porque algo no es como quieren (o es como no quieren) buscan castigar al “ofensor” con su silencio.

En ocasiones, cuando la relación guarda un vínculo importante para la persona a la que le aplican la ley del hielo, se hace como una forma retorcida de establecer control sobre la relación. Chantaje, como ya dijimos.

Sabiendo que el otro no aguantará sin ir a preguntar que qué tiene o tratar de congraciarse con el ahora “mudo”.

Esta también es una respuesta aprendida si observamos la manera en que los adultos de nuestro entorno infantil iban resolviendo los conflictos con otros miembros de la familia.

Falta de empatía.

Es probable que su ansiedad e inmadurez los lleva a estar más interesados en protegerse de una amenaza percibida que en mantener una comunicación y relación sana.

De hecho, aunque esto sucediera de forma inconsciente, no deja de ser una forma de abuso psicológico cuando se hace de forma sistemática para obtener algo del otro a costa de su tranquilidad o la estabilidad de la propia relación.

¿Con quién se utiliza más?

Con cualquier persona que se separa que se tiene una relación que va más allá de lo ocasional y en donde se involucre cualquier forma de lenguaje hablado o escrito.

Un adulto ignorando a otro adulto.

Un adulto ignorando a un niño (o incluso amenazándole con que ya no le va a hablar).

Niños que excluyen a sus compañeros durante el tiempo social o los juegos

Ley del hielo “en línea”.

Como cuando dejas a alguien en visto.

Excluir colectivamente a un individuo de un grupo de amigos.

¿Cuál es el impacto que tiene en una relación?

Lastimas a alguien que dices amar.

El acto de ignorar o excluir activa la misma área del cerebro que se activa por el dolor físico.

Si en este momento que has escuchado esto sientes que te ha sido revelada un arma secreta para desquitarte, vengarte o castigar a alguien, lo menos que podría decirse de ti es que tienes problemas serios y que eres una mala persona.

Debilita, erosiona y deteriora las relaciones.

Las relaciones humanas tienen componentes emocionales, pero se fundamentan en lo social y este en el lenguaje.

Los seres humanos nos comunicamos a través de conversaciones y cerrar la comunicación deteriora las relaciones e impacta negativamente la comunicación, que ahora en el silencio es meramente de tipo emocional.

Disminuye la satisfacción de la relación para ambos, disminuye los sentimientos de intimidad y reduce la capacidad de comunicarse de una manera saludable y significativa.

Te va dejando solitario.

El uso de estrategias de afrontamiento tóxicas podría causarle daño no solo a un ser querido, sino que también provocará la pérdida de las relaciones. Te sentirás más aislado.

Te encierra en un mundo de necedad.

Como no estás en disposición de conversar, tampoco escucharás lo que el otro tiene que decir con relación a lo que de ti observa o de lo que esa persona piensa acerca de la situación.

Lo anterior te puede hacer creer genuinamente que tú tienes la razón y que además haces lo correcto al mostrarte con indignación y, por lo tanto, dejarle de hablar. Poco se puede aprender cuando sólo se escuchan las cosas que uno mismo dice, ¿no es verdad?

¿Qué podemos hacer?

Si eres tú el que lo aplica.

No eres necesariamente una persona tóxica, pero lo tóxico es esta forma que aprendiste de comunicarte dejando de comunicarte con claridad.

Date cuenta que esto no lleva a la resolución de conflictos y sí al deterioro de las relaciones.

No todo el tiempo vas a tener poder, control o autoridad sobre otros y entonces te vas a quedar en una soledad muy profunda.

Reconoce de dónde aprendiste a actuar o reaccionar así y recuerda cómo te sentías cuando eso sucedía.

Prueba a decir lo que te molesta o cómo te sientes de algo que ha pasado en vez de actuar con tu silencio. La vida y las relaciones no son un juego de mímica.

Si eres de los que dice que “con el otro no se puede hablar”, muy probablemente la realidad es que no te gusta lo que el otro tiene que decirte, pero en ello puede estar la oportunidad de cambiar para ti.

Si por el momento te sientes en un estado tan alterado que no quieres hablar con el otro, díselo: “No quiero hablar contigo en este momento, por favor dame un momento para tranquilizarme”.

Si nos la aplican

Recapacita si algo de lo que hiciste o dijiste pudo ser inadecuado.

De ser así, busca decirle a la otra persona que lo sientes y que te disculpe, pero no esperes por el momento una respuesta verbal de su parte. Tú sólo vas a comunicar, no a convencer.

Si no es así, entonces dale su espacio a esa persona y más tarde o al otro día trata de mantener una conversación tan cotidiana y fluida como sea posible buscando actuar con relativa normalidad.

¿Entonces ya no vamos a hablar nunca del tema?

Si, pero cuando ya se hablen.

Si el otro ya lleva muchos años así, asume que es muy costoso seguir esperando “a ver a que horas”.

Intenta acercarte para aclarar o declara tú el final de esa relación.

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