Comer bien y probar de todo es posible en este lugar de la CDMX
Mucha comida en un solo lugar, para todos los gustos y en todas las presentaciones

lugares para comer en la CDMX / Lulu Studio
Nada como salir del cine con hambre, de esa que no se negocia, y buscar un lugar donde sentarse, conversar y dejar que el antojo decida. Entre tantas opciones de comida rápida dentro de una plaza comercial, aparece una alternativa que cambia las reglas del juego: un sitio donde no hay que elegir solo una cosa, porque se puede probar casi todo.
La experiencia en Ñam Ñam all you can eat comienza incluso antes del primer bocado. El espacio es amplio, luminoso, con una vista abierta y una paleta de colores cálidos donde predominan los amarillos y naranjas, tonos que despiertan el apetito casi de inmediato. Es de esos lugares que invitan a quedarse, a sentarse sin prisa y a convertir la comida en un momento compartido.
Y es que uno de los grandes aciertos del concepto es su propuesta de comer de todo por tan solo 269 pesos, una cifra que, considerando la variedad, se siente justa y accesible. Aquí el eterno dilema de “yo quiero hamburguesa, tú sushi y alguien más ramen” simplemente desaparece. La mesa se convierte en un desfile de platos distintos, todos pensados para compartirse o probarse sin culpa.
El menú incluye opciones como hamburguesas, hot dogs, sushi, ramen, alitas, boneless, yakimeshi, pastas, sopas y hasta platillos de corte más casero. Las porciones son pequeñas, pero bien calculadas: permiten probar varios sabores sin saturarse y sin dejar comida abandonada en el plato.
Sabores que llegan al momento justo
Un detalle que se agradece es que muchos de los platillos se preparan al momento. El tiempo de espera ronda entre 10 y 15 minutos, pero la atención constante y amable hace que el ritmo sea cómodo. El personal está pendiente sin invadir, atento a saber si hace falta algo más o si el siguiente antojo ya está en camino.
Para que te des una idea, esta experiencia la puedes arrancar pidiendo una sopa miso reconfortante, posteriormente y si se te antoja, puedes pedir un ramen de caldo suave y aromas profundos, o también sushi, alitas o boneless, crujientes por fuera, jugosos por dentro, ideales para alternar bocados sin caer en la monotonía.
Y para beber, una agua de horchata fresca y ligera, perfecta para equilibrar los sabores más intensos.
Pero eso no es todo, como cierre digestivo, un carajillo clásico o de mazapán, seguro te sorprenderán con su dulzor bien integrado y su guiño mexicano.
El postre que no te esperas
Cuando parece que la experiencia ya terminó, llega el postre. En este lugar te puedes sorprender super fácil con un camelado sencillo en apariencia, pero memorable: gelatina en cubos con café y una bola de helado de vainilla. La mezcla de temperaturas, la suavidad del helado y el amargor ligero del café crean un cierre redondo, de esos que no se olvidan fácil.
Más allá del sabor y del precio, hay algo que sostiene toda la experiencia: la sensación de estar en un lugar pensado para disfrutar sin complicaciones. La experiencia gastronómica se construye desde la variedad, la atención y el ambiente, convirtiéndolo en una opción ideal para ir en familia, con amigos o en pareja, especialmente cuando nadie logra ponerse de acuerdo sobre qué comer.
Porque al final, cuando la comida fluye, la conversación también. Y eso, en cualquier plan, siempre suma.




