Donald Tump cambia su postura sobre la compra de Warner a manos de Netflix
Trump recapacita su papel en la Guerra por el Futuro de Hollywood

En el epicentro de una de las batallas corporativas más trascendentales de la década por el control de un pilar de Hollywood, la Casa Blanca ha decidido bajarse del escenario con un papel de posible intervención.
El presidente Donald Trump ha declinado usar su influencia en el pulso entre el gigante del streaming, Netflix, y el consorcio Paramount Skydance por la adquisición de Warner Bros. Discovery, remitiendo el desenlace final al frío escrutinio legal del Departamento de Justicia.
“El Departamento de Justicia se Encargará”
En una entrevista reciente, el mandatario trazó una línea clara sobre su participación. “No he estado involucrado”, aseveró Trump, conlcuyendo semanas de especulación. “Debo decir que me han llamado ambas partes. Son las dos partes, pero he decidido que no debo involucrarme. El Departamento de Justicia se encargará de ello”. Con una analogía que retrata la ferocidad del enfrentamiento, agregó: “Se están dando con todo, y habrá un ganador”. Esta postura constituye un giro estratégico respecto a sus comentarios de diciembre pasado, donde insinuó una evaluación personal del impacto en la competencia, señalando que la operación podría concentrar demasiado poder de mercado.

Más que una compra
Lejos de ser una mera transacción billonaria, este conflicto representa una lucha existencial por moldear la próxima era del espectáculo. El resultado no solo transferirá propiedad de estudios legendarios y bibliotecas cinematográficas icónicas, sino que redefinirá las reglas del juego, desde la ventana de exclusividad de los estrenos en salas de cine, hasta la capacidad de inversión en producciones de alto riesgo y la guerra por fichar talento creativo.

Es una pugna entre dos visiones: la del streamer dominante que busca consolidar su imperio de contenido, y la de un conglomerado tradicional que apuesta por una integración vertical completa.
Las ofertas en juego
Los contendientes han desplegado tácticas drásticamente opuestas:
Netflix ha puesto sobre la mesa una oferta en efectivo puro, valorada en aproximadamente 72,000 millones de dólares, centrada en absorber los estudios de producción y la plataforma de streaming de Warner. Su argumento se basa en la certeza de un acuerdo ya pactado y en el que supuestamente fortalecería la competencia al crear un rival más sólido frente a otros conglomerados.
Paramount Skydance, liderado por David Ellison ,figura con canales cercanos a la administración actual, libra una guerra de desgaste. Ha presentado una oferta hostil por la totalidad de Warner Bros. Discovery, ha extendido repetidamente el plazo para su oferta pública de compra y ha recurrido a los tribunales para demandar transparencia, acusando imparcialidad en el proceso que favorece a su rival.

El dilema antimonopolio
El meollo del debate, y ahora el centro de la disputa, es el fantasma de la concentración indebida. “Existe la teoría de que una de las empresas es demasiado grande y no se le debería permitir hacerlo, y la otra empresa dice otra cosa”, resumió Trump, poniendo el dedo en la llaga regulatoria. La sombra de una Netflix aún más colosal, controlando franquicias como Harry Potter, DC Comics y una vasta biblioteca de cine clásico, genera profundas inquietudes sobre precios, diversidad creativa y acceso al mercado. Serán los abogados y economistas del Departamento de Justicia quienes deberán descifrar si la operación fortalece la competencia o la sofoca.

Una pelea que se decidirá en los tribunales
Con la retirada explícita de la Casa Blanca, el conflicto entra en una fase puramente institucional y legal. La resolución ya no depende de declaraciones presidenciales o lobbies en Washington, sino de meticulosos informes regulatorios y posibles litigios. Este cambio de terreno beneficia la formalidad, pero alarga y complica el camino hacia un desenlace. Mientras, Warner Bros. Discovery mantiene su preferencia por el pacto con Netflix, y Paramount Skydance prepara su siguiente movimiento legal.
Al ceder la responsabilidad al Departamento de Justicia, Trump no solo evita un choque político directo, sino que traslada esta guerra titánica a donde siempre se libraron sus batallas más decisivas, a las austeras oficinas de los reguladores y a las salas de los tribunales federales. El futuro de cómo el mundo consume películas y series, y de quién controla sus historias más preciadas, se decide ahora en ese frío y calculado tablero.

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