Día Mundial contra la Obesidad: Cómo transformar la relación de tus hijos con la comida
Según la OMS, hay más de 390 millones de personas de 5 a 19 años con sobrepeso, incluyendo 160 millones con obesidad
En México el 40% de las calorías que ingiere un niño y un adolescente provienen de alimentos ultraprocesados y bebidas azucaradas. Foto: Getty Images
En el marco del Día Mundial contra la Obesidad, una iniciativa de la OMS y la Federación Mundial de la Obesidad para frenar esta crisis global, Martha Debayle recibió en W Radio a un panel de lujo que nos ayudará a entender por qué hoy, por primera vez en la historia, tenemos a más de 160 millones de niños viviendo con obesidad frente a 120 millones con bajo peso. Es una realidad alarmante que nos exige actuar ya, no mañana, ¡hoy!
Para desmenuzar este desafío, nos acompañó la Dra. Monserrat Díaz Zafe, pediatra especialista en nutrición y dificultades de alimentación; el Dr. Fernando Pérez Galaz, experto en cirugía digestiva y bariátrica; y el Dr. Armando Barriguete, referente en psicoterapia y trastornos de la conducta alimentaria. Juntos, vamos a descubrir cómo cuidar la alimentación de los más pequeños desde una perspectiva médica, emocional y social. Porque no se trata solo de qué hay en el plato, sino de cómo estamos construyendo la salud de la generación que viene. ¡No se despeguen!
Algunos facts alarmantes:
De acuerdo con UNICEF (informe 2025) 36.5 % de estudiantes de 5 a 11 años en México tienen sobrepeso u obesidad y 40.4 % de adolescentes mexicanos (12-19 años) tienen sobrepeso u obesidad. Estas cifras ponen a México entre los países con mayores niveles de exceso de peso en niños y adolescentes a nivel mundial.
En México el 40% de las calorías que ingiere un niño y un adolescente provienen de alimentos ultraprocesados y bebidas azucaradas.
¿Qué están comiendo los niños con obesidad?
- Altas cantidades de alimentos ultra-procesados: productos industriales con mucha azúcar añadida, grasas poco saludables, sal y pocos nutrientes.
- Bebidas azucaradas como refrescos y jugos endulzados.
- Comida rápida y snacks calóricos como hamburguesas, papas fritas, galletas, dulces, chocolates y frituras.
- En comparación con niños con peso saludable, los niños con obesidad consumen menos frutas y vegetales, lo que contribuye a una dieta pobre en fibra y micronutrientes esenciales.
Tipos de obesidad
La obesidad no es solo “comer de más”. Desde 1948 la Organización Mundial de la Salud la reconoce como enfermedad. El King’s College London, distingue entre obesidad preclínica y obesidad clínica.
La obesidad preclínica implica exceso de grasa corporal sin daño orgánico evidente. Todo “funciona”, pero el riesgo está latente. Es la zona donde la prevención puede cambiar el destino.
La obesidad clínica, en cambio, ya muestra alteraciones: resistencia a la insulina, hipertensión, hígado graso, problemas respiratorios, ortopédicos o psicológicos. Aquí el tratamiento es terapéutico e interdisciplinario.
Este enfoque es poderoso porque obliga a actuar antes del daño. Esperar a que aparezca la enfermedad metabólica es como esperar a que el edificio se incendie para instalar detectores de humo.
Prevenir la obesidad infantil no es prohibir alimentos ni sembrar culpa, es rediseñar el entorno familiar:
- Cambiar lo que se compra. Lo que no entra a la casa no se convierte en tentación diaria. Priorizar alimentos frescos y reducir bebidas azucaradas es una de las intervenciones más costo-efectivas que existen.
- Reinstalar el movimiento como parte de la cultura familiar. No como castigo, sino como juego, como rutina, como identidad. El cuerpo humano está diseñado para moverse; el sedentarismo es una anomalía evolutiva.
- Limitar pantallas con la misma disciplina con la que se limita el azúcar: El tiempo es finito. Si se llena de inactividad, desplaza el movimiento.
- Entender que los niños aprenden por imitación: Padres con hábitos saludables generan hijos con mayor probabilidad de sostenerlos. No es genética mágica; es modelaje conductual.
La obesidad infantil no es un problema estético. Es un factor de riesgo que puede convertirse en diabetes tipo 2 antes de los 20 años, en hipertensión en la adolescencia, en enfermedad cardiovascular prematura. Pero también es una ventana de oportunidad. El tejido adiposo es dinámico; responde a cambios conductuales sostenidos.
La gran lección es incómoda pero liberadora: no basta con intervenir al niño. Se interviene a la familia, al entorno, a la cultura cotidiana. La prevención es colectiva.
La pregunta ya no es si debemos actuar, sino cómo aceleramos cambios estructurales en casa, escuela y comunidad. Porque si el ambiente enferma, también puede sanar cuando decidimos rediseñarlo con intención y evidencia.
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