Con Martha Debayle

Madre no sólo hay una

Desde las madres solteras, las madrastras, las abuelas, las suegras, cuál es el rol de cada una de ellas, cuáles son sus retos

Madre no sólo hay una

Tere Díaz, psicoterapeuta, especialista en desarrollo personal y terapia de pareja. Su más reciente libro ¿Cómo identificar a un patán? // TW: @tedisen // terediaz.com

Maternidades divergentes. Otras maneras de ser madre en el siglo XXI

Madres solteras

• “En este mundo que va a la velocidad del rayo”, como canta Miguel Bosé, en cuestiones de amor, sexo, e hijos, el siglo XXI se caracteriza por un ramillete de posibilidades que hace no tantos años se daban todas juntas y en un único paquete: el matrimonio.

• Hoy podemos tener amores sin matrimonio, sexo sin amor, matrimonios sin hijos, incluso hijos sin sexo.

• Entre esas posibilidades está la maternidad en soltería: si para las mujeres, eso de criar hijos sin tener al padre “hombro con hombro” no es asunto reciente, me atrevo a afirmar que el estigma de la “madre soltera” (de pasadita también dejada, puta y la “crema y nata” del fracaso personal) empieza a dejar de ser tema vergonzoso para ser más bien un reto de malabarismo personal.

Estas mujeres tienen un cúmulo de desafíos:

  • superar las culpas
  • cuestionar creencias heteronormativas
  • atravesar el duelo de la ruptura amorosa si la hubo
  • trabajar con el estigma de la soltería
  • reconocer que no se puede ser también el papá de los hijos -¡eres la mamá!-.
  • También han de renunciar a lo que no se puede y a lo que no hay
  • resistirse a pedir al hijo que sea entre adulto, aliado y amigo, y no limitar la presencia de su padre a menos que esto implique alguna situación de riesgo muy particular.

Familia Reconstituida

• Relación formada por una pareja adulta en la que al menos alguno de los dos tiene un hijo de una relación anterior.

• Lo primero es asumir que ¡los hijos estaban primero!, lo cual no significa que no seas importante.

• Busca el mejor momento para conocerlos por primera vez.

• No te posiciones de inmediato como una figuras materna.

• Ubica tu rol. ¡No eres ni la mamá ni el papá! Hay que encontrar el lugar adecuado en el sistema familiar.

• No asumas papeles que le corresponden a tu pareja o a su ex.

• Ten claro tus límites. Reconoce no lo que “debería ser” sino lo que realmente puedes.

• No compitas. Ni por los hijos ni por la ex.

• Asegúrate que sea tu pareja quien te de tu lugar. Con sus hijos y con su ex.

• Deja a tu pareja lugares privados con sus hijos.

• Ajusta tus expectativas a la realidad. Por más preparada que estés siempre habrá sorpresas.

• Relaciónate lo más cordialmente con la ex. Eso sí existe la posibilidad de lograrlo.

• Desahoga “tus penas” con amigas. No sirven verdadazos con tu pareja.

• Sortea y negocia las barreras de otros círculos sociales. No siempre te recibirán con el júbilo que podrías esperar.

Suegras: UNA BUENA SUEGRA:

• Sabe que las intromisiones de “buena voluntad” en la pareja de tu hijo se pueden deber a problemas propios que llevan a triangular al hijo.

• Entiende que los límites que le ponen pueden ser oportunidades para “jubilarse” de un estilo de ser madre caduco.

• Crea un nuevo tipo de vínculo con la nueva familia y con el propio hijo.

• Entiende que la nuera y el hijo prueben métodos y tropiecen.

• Da opinión cuando se la piden, y a manera de propuesta, no de juicio, ni de mandato, menos de manipulación.

• Tiene un proyecto de vida personal, no puede hacer de su hijo y de la familia de su hijo su proyecto de vida.

• Trabaja sus propias carencias y dolores del pasado para no querer resolverlos a través de sus hijos y sus familias.

• Resuelve directamente con el hijo.

• Sabe que cuando una relación suegra-nuera se daña, difícilmente es reparable.

• Distingue y sabe cómo posicionarse ante la buena y la mala nuera.

Madre no solo hay una

• Todo ser humano existente ha nacido de una mujer, sí, pero ninguna mujer nace madre. A eso sumémosle que a las madres de hoy se nos pide lo que antes hacían todas las mujeres de la tribu en el tema de crianza. La madre biológica paría a la creatura, pero la nodriza lo amamantaba, la abuela lo arrullaba, la hermana lo entretenía, la nana –si había- lo toreaba y la vecina de pasadita lo llevaba a pasear.

• Bajo esos parámetros, y bajo los actuales cánones no hay ni cómo, ni a qué hora, ni en dónde dar el ancho. Primero, porque el 50% de la población, es decir la masculina, queda excluida del equipo de crianza en tanto que las sociedades occidentales en la actualidad plantean un imaginario público que presenta el cuidado de los hijos como algo prácticamente exclusivo de la madre (y de las mujeres). Segundo, porque el ideal femenino no es un asunto privado, a diario la sociedad nos dice de una u otra forma, por un lado, que al tener el instinto maternal también tenemos el deseo de criar y cuidad de nuestros hijos y que nuestra naturaleza nos da la pauta para hacerlo, pero por el otro, se nos dan los lineamientos sobre cómo hacerlo, y hacerlo bien y así ser consideradas “buenas mujeres” y “buenas madres”. Y por sí ahí piensas que nadie te lo ha dicho, pero así lo sientes, es que lo que se “respira en el aire” lo “transpira el cuerpo”.

• ¿Cómo hacerle hoy para lograr lo que antaño lograba un ramillete de mujeres? A mí, por favor, los 10 de mayo no me festejen a solas. Toca, para festejar a la madre, conseguir madres alternas que le bajen la tensión y el estrés a lo que uno hace, o bien que como madres nos demos nuestras escapadas y placeres buscando alternativas de co crianza que además de generarnos espacios de descanso y recreación, otorguen a nuestros hijos la posibilidad de construir redes de apoyo y vínculos afectivos que sumen a sus vidas, a sus experiencias y a sus quereres.

• Las madres queremos que nuestros hijos sean felices, pero es imposible lograr una vida suficientemente satisfactoria si no desarrollamos de manera armónica el abanico de aptitudes, destrezas, habilidades e inteligencias, que poseemos. Si bien la genética nos dota de diferentes características, todos podemos desarrollar herramientas básicas para enfrentar y disfrutar la vida.

La madurez integral a la que aspiramos todos, la cual facilita una vida equilibrada, incluye los siguientes aspectos:

• Habilidad para conocerse a uno mismo y al mundo: desarrollar la capacidad consciente.

• Habilidad de ser uno mismo en proximidad con la gente: Poder relacionarse afectivamente sin perder la individualidad. Equilibrio entre autonomía y pertenencia.

• Manejo adecuado de la afectividad: Descubrir el lenguaje de los sentimientos, aprender a calmarse y no reaccionar ante lo que los demás hacen sin tampoco reprimirse.

• Capacidad de reflexión y autocrítica.

• Tolerancia a la frustración y capacidad de posponer la gratificación.

• Hacerse responsables de nuestros actos.

• Dar a la vida un propósito que de significado a la existencia en base a una escala personal de valores.

Madres y mujeres libres

• Quizás hoy más que nunca, debido a muchos factores pero muy en concreto producto del actual confinamiento, reconocemos que la libertad es “un divino tesoro”. Si bien es un espejismo pensar que podemos tener y lograr todo, si tenemos un interesante margen de acción para construir la vida que deseamos.

¿Qué quiero? ¿Qué necesito? ¿Qué sueño?

• Es fácil sucumbir a los deseos ajenos con el fin de agradar, de sentir que pertenecemos y de experimentar así cierta seguridad. De manera particular, la sociedad patriarcal nos ha entrenado a las mujeres para descifrar los deseos ajenos (de padres, maridos e hijos) a tal punto de dificultarnos –sino hasta imposibilitarnos en ocasiones– descifrar los propios. A los hombres se les impulsa más a escuchar sus deseos y necesidades, siempre enmarcados en el paradigma del “éxito” masculino que implica fuerza, productividad y pobreza emocional: esto también tiene sus altos costos.

• Conquistar la libertad requiere que dirijamos la mirada a nosotrass mismas, que busquemos nuestros deseos postergados y nuestros entusiasmos no indagados. Pero para ello se requiere tanto autonomía emocional como independencia económica.

• La verdadera libertad es la conciencia progresiva de tener cierto control sobre la propia vida, con un aumento de la confianza personal y un sentimiento de satisfacción y competencia.

Esto se manifiesta a través de:

• Intensificar relaciones de genuina intimidad con otras personas.

• Llevar a cabo actividades que impulsan nuestro desarrollo personal.

• Cuidar nuestra imagen corporal para disfrutar nuestra dimensión física y sexual.

• Tomar en serio nuestros intereses.

• Desarrollar una vocación/profesión significativa.

• Experimentar sentimientos de eficacia y competencia.

• Gestionar nuestro mundo emocional para comprender su lenguaje.

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