• 20 MAR 2026, Actualizado 01:28

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El costo invisible del éxito: ¿Por qué no basta con tener mujeres en la alta dirección?

La brecha de género en 2026 exige transformar las estructuras de poder y priorizar el bienestar para garantizar un liderazgo sostenible y competitivo

En el ecosistema corporativo actual, las cifras de representación femenina se han convertido en el termómetro estándar para medir el progreso. Sin embargo, alcanzar una silla en el consejo de administración es solo la punta del iceberg. Debajo de esos indicadores de éxito, existe un “costo invisible” que las organizaciones suelen ignorar: la presión estructural de sostener el liderazgo en modelos diseñados bajo lógicas verticales y de disponibilidad permanente que hoy resultan obsoletos.

Para Beatriz Cruz Santana, experimentada consejera en banca comercial y aliada de la firma KPMG, el panorama en México y Centroamérica hacia 2026 revela una verdad incómoda. Tras casi tres décadas en el sector financiero, Cruz Santana advierte que la equidad no se logra solo con cuotas, sino cuestionando la arquitectura misma de las empresas. Entender que un entorno de trabajo más humano no es solo una cuestión de ética, sino una ventaja estratégica para retener al mejor talento.

¿Cuál es el precio real de liderar para las mujeres hoy?

Aunque el talento femenino está más preparado que nunca, invirtiendo en mentorías y formación continua, los obstáculos estructurales generan un desgaste tangible. Según datos recientes de la encuesta Mujeres de la Alta Dirección de KPMG, la realidad de las líderes presenta desafíos críticos que impactan directamente en la continuidad de sus carreras:

  • Burnout y agotamiento: El 45% de las mujeres en puestos directivos reporta fatiga crónica.
  • Falta de sucesión: Un 32% no cuenta con un plan estructurado para ascender o no se percibe como sucesora natural.
  • Desigualdad de oportunidades: El 31% identifica brechas claras en el acceso a proyectos de alto impacto.
  • Cargas externas: El 13% señala la falta de políticas con perspectiva de género en momentos clave, sumado a que la responsabilidad del cuidado familiar sigue recayendo mayoritariamente en ellas.

¿Cómo afecta este desajuste a la competitividad de las empresas?

No se trata de una falta de capacidad, sino de un desajuste sistémico. Cuando una organización permite que sus líderes se desgasten bajo la presión de validar constantemente su legitimidad, pierde competitividad. La rotación de talento femenino en niveles altos es costosa y debilita la visión a largo plazo.

Cruz Santana, a través de su labor en consejos consultivos y su libro “Todas las mujeres que he sido”, propone que las empresas deben evolucionar hacia la autonomía estratégica. Esto significa permitir que el liderazgo se ejerza con límites claros y propósitos alineados con la sostenibilidad individual, no solo con los resultados comerciales trimestrales.

¿Qué pasos deben seguir las organizaciones para un cambio real?

Para que el avance sea sostenible, la agenda corporativa debe incluir métricas más sofisticadas. Ya no basta con saber cuántas mujeres hay, sino en qué condiciones trabajan. La propuesta de los expertos se centra en tres pilares:

  1. Análisis de rotación diferenciada: Entender por qué las mujeres abandonan puestos clave.
  2. Visibilidad en proyectos críticos: Garantizar acceso equitativo a los espacios donde se construye el capital político.
  3. Redefinición del éxito: Cambiar el esquema de “disponibilidad 24/7” por uno basado en resultados y salud emocional.

Al final del día, la representación es el punto de partida, pero la meta es transformar el entorno para que el talento no solo llegue, sino que decida permanecer.