Crean mural en la CDMX para celebrar tratado global que protege a los océanos
Arte, política y una cuenta regresiva azul para salvar el mar
Mural por los oceanos / especial
El mar rara vez habla, pero cuando lo hace, conviene escucharlo. Hace unas semanas, los océanos encontraron voz en los muros, en los colores y en las manos de personas comunes que decidieron celebrar una noticia que parecía lejana durante años: el Tratado Global de los Océanos ya es ley.
La entrada en vigor de este acuerdo marca un antes y un después para la protección marina. Por primera vez, el mundo cuenta con un marco legal que permite crear santuarios marinos en alta mar, espacios destinados a resguardar la vida de millones de especies y a poner un freno a décadas de explotación sin reglas claras.
Mural revolución azul por los océanos / especial
Cuando el arte se convierte en bandera
En la Ciudad de México, la celebración tomó forma de mural en uno de los rincones del Huerto Roma Verde, el cual está ubicado en la calle de Jalapa 234, Roma Sur.
Este no es un lienzo fijo ni silencioso, sino un lienzo en movimiento: Revolución Azul, una obra colectiva que forma parte de una acción artística global impulsada por Greenpeace en 13 países y cinco continentes.
El mural no fue creado por un solo artista, sino por muchas miradas. Voluntarias, voluntarios, organizaciones civiles y personas sin credenciales ni discursos técnicos pintaron su relación con el azul: el agua, la memoria, la vida marina y también la responsabilidad compartida. Porque el océano no es paisaje: es sustento, equilibrio y futuro.
Mural revoluciòn azul / especial
¿Qué es el Tratado Global de los Océanos y por qué su victoria llegó veinte años después?
El Tratado Global de los Océanos no apareció de la noche a la mañana. Es el resultado de más de dos décadas de negociaciones, presión social y trabajo colectivo. Su ratificación número 60, alcanzada en septiembre de 2025, abrió la puerta para que el 17 de enero de 2026 entrara oficialmente en vigor.
Considerado el avance ambiental más relevante desde el Acuerdo de París, el tratado obliga a los países firmantes, entre ellos México, a actuar. Ya no se trata de promesas: ahora existe un compromiso legal para proteger la alta mar, hoy amenazada por la pesca industrial, la contaminación por plásticos y la creciente presión de la minería submarina.
Cuatro años para cambiar la historia
La celebración, sin embargo, no es un punto final. Es el inicio de una cuenta regresiva. El objetivo es claro y ambicioso: proteger el 30% de los océanos para 2030, la meta conocida como 30x30. El desafío también lo es. Actualmente, menos del 1% de la alta mar cuenta con protección total.
Para alcanzar ese porcentaje en solo cuatro años, los gobiernos deberán actuar a una velocidad nunca vista en la historia de la conservación, creando áreas protegidas de dimensiones comparables a continentes enteros.
México, entre la oportunidad y la urgencia
En este contexto, Greenpeace México ha hecho un llamado directo al gobierno mexicano para que acelere la implementación del tratado y mantenga la moratoria a la minería en aguas profundas, una práctica que amenaza ecosistemas aún poco conocidos.
“La protección del océano no puede seguir dependiendo de la buena voluntad de las corporaciones”, advierten desde la organización. La creación de santuarios marinos se plantea como una herramienta de justicia ambiental, capaz de equilibrar el daño acumulado y garantizar seguridad alimentaria para millones de personas.
El azul como recordatorio
Revolución Azul no es solo un mural. Es un aviso. Un gesto colectivo que recuerda que el océano sostiene la vida incluso cuando no lo vemos. Que protegerlo no es una causa ajena ni lejana, sino una decisión que define cómo queremos habitar el planeta.
El arte ya hizo su parte. Ahora, el turno es de los gobiernos. Porque cada mes que pasa sin acción, el mar paga el precio. Y esta vez, ya no hay excusas para no escuchar.
Mural Revolución Azul / especial