Cuarenta años sin Juan Rulfo, los murmullos siguen escuchándose
Juan Rulfo y la herencia construida desde el silencio.
(GERMANY OUT) Rulfo, Juan - Writer, Mexico (Photo by Schiffer-Fuchs/ullstein bild via Getty Images) / ullstein bild
Cuarenta años sin Juan Rulfo. Un escritor discreto, nunca fue de grandes vuelos. Publicó poco y con eso le bastó. No necesitó de una presencia ruidosa. Escribió dos piezas fundamentales de la literatura mexicana, el volumen de cuentos El llano en llamas (1953), y la novela Pedro Páramo (1955), mismas que instalaron una manera nueva de narrar. Sus historias, si bien trastocan al México rural, también hablan del dolor parental, de la herencia familiar, la soledad, la muerte y la culpa. Lejos de lo teórico y lo filosófico, pero hondamente vívido y brutalmente existencial, Juan Rulfo dictó las nuevas reglas del juego.
Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno nació el 16 de mayo de 1917 en Apulco, Jalisco. Creció marcado por una infancia atravesada por la muerte temprana de su padre, la orfandad, el internado, y el violento eco de la Revolución Mexicana y la Guerra Cristera. Ese paisaje árido y desolado, aunque físico y humano, resultaría en el escenario principal de su obra, la forma en que el escritor miraba el mundo.
Antes de ser escritor reconocido, Juan Rulfo pasó por varios y distintos oficios, entre los que se conocen están el de agente migratorio y archivista. También fue viajero, de ahí que se hiciera fotógrafo, autor de miles de negativos que hoy dialogan con su literatura. En ambos ejercicios, escribir y mirar, practicó el mismo rigor de observar sin condescendencia y mostrar, por sí misma, la naturaleza de aquello que percibía.
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El llano en llamas consolidó a Rulfo como uno de los grandes cuentistas del siglo XX, en el año de 1953. En esos relatos, el lenguaje es austero. Los personajes hablan desde la derrota, el abandono, con la violencia como escenario de fondo. Dos años después, Pedro Páramo terminó de alterar el mapa de la narrativa en español. Fragmentaria, polifónica, poblada de murmullos, la novela rompe con la estructura lineal del tiempo y con la frontera entre vivos y muertos. Comala no es solo un pueblo, es conciencia colectiva que ha quedado atrapada entre la memoria y la culpa. Esa delgada línea entre la victoria y el fracaso, porque es el recuerdo, y no el olvido, el verdadero castigo de sus personajes. Puede que por ello el manuscrito original se llamó Los murmullos. Eso que el lector escucha, la suma de voces que se resisten a desaparecer.
La brevedad de su obra no disminuyó su impacto, lo intensificó. Gabriel García Márquez llegó a decir que los textos publicados de Rulfo no llegaban a trescientas páginas, pero que eran tan duraderos como los de Sófocles. Para el Nobel colombiano, la lectura de Pedro Páramo fue tan decisiva como la de Kafka, la revelación sobre lo que la literatura era capaz de hacer. Jorge Luis Borges expresó una admiración similar, convencido de que la novela de Rulfo estaba entre las mejores escritas en lengua española. Ni qué decir tiene de Isabel Allende, que lo incluyó entre las influencias centrales del Boom Latinoamericano.
Juan Rulfo a 40 años de su muerte
Rulfo no tuvo alumnos en el sentido académico, pero sí herederos. Su influencia atraviesa el Boom y llega hasta la narrativa contemporánea, pasando por la generación del Crack. Ray Loriga dijo: “Yo no sería lo que soy sin Juan Rulfo”. Para el escritor español, todo lo “medianamente inteligente” que aparece en sus libros pasó antes por la sombra de Rulfo. No se refería solo a temas, sino al fraseo, al sonido de la voz, a la conciencia de que la lengua, esa lengua común del español, se hereda y se transforma con cada autor que la toma en serio.
En términos literarios, Rulfo suele ubicarse dentro del realismo rural mexicano, pero esa etiqueta se queda corta. Su obra dialoga con William Faulkner en la fragmentación del tiempo y en la construcción de territorios míticos; anticipa rasgos del realismo mágico sin inscribirse del todo en esa corriente; y se instala, con plena legitimidad, en la modernidad narrativa del siglo XX. Sus personajes no avanzan hacia un desenlace, sino que permanecen y repiten su tragedia. En Rulfo, más que acción, hay conciencia. Sobre la trama, el tono.
A cuarenta años de su muerte, ocurrida el 7 de enero de 1986 en la Ciudad de México, Juan Rulfo sigue siendo una referencia inevitable. Se estudia en universidades, se traduce a decenas de idiomas, se cita como origen y como límite del oficio literario. Él mismo desconfiaba de la grandilocuencia, decía que toda literatura es una mentira que sirve para recrear la realidad. Quizá por eso su obra envejece tan bien. Porque no buscó explicar México ni embellecerlo, sino escucharlo. Y en ese acto humilde pero radical, dejó una de las herencias más sólidas de la literatura en español.
Juan Rulfo, writer The Mexican writer on ocasion of the dialogues 'Iberoamerica: Meetings in Democracy' / Paco Junquera