CON MARTHA DEBAYLE
CON MARTHA DEBAYLE

¿Cuántos amigos reales podemos tener?

¿Será que realmente sólo podemos tener un número determinado de relaciones significativas en nuestras vidas?

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Dr. Enrique Tamés, Director de proyectos de Florecimiento Humano del Tecnológico de Monterrey. Coach certificado.

Hemos repetido hasta el cansancio la importancia de las amistades en el bienestar de cada uno de nosotros: nuestras relaciones, cuando son positivas, hacen más de la mitad del camino cuando se trata de nuestra felicidad, y cuando son negativas, restan mucho más que ese 50%. Y nos referimos a “amistad” en su sentido más profundo: no se trata solamente de sentir simpatía por una persona, o “caerse bien”, y mucho menos la banalidad en que ha caído el término dadas las relaciones superficiales promovidas por las redes sociales.

Entendemos por amistad, que además de una empatía, además de un “caerse bien”, también hay un vínculo de confianza, hay una dimensión de respeto y hay un constante diálogo de sinceridad. Y donde hay confianza, respeto y sinceridad, hay amor: amicitas y amare tienen la misma raíz latina.

Los roles de amistad en nuestras vidas

Ahora bien, es importante en esta reflexión entender que los roles de amistad en nuestras vidas pueden ser llevados al cabo por muchas personas distintas: a veces los miembros de la familia pueden ser también amigos, a veces no lo son. A veces la pareja es un amigo, a veces lamentablemente no lo es.

Y luego están los tradicionalmente llamados amigos, aquellos que escogemos para que nos acompañen en las buenas y en las malas, en los momentos de alegría, y también en los complicados. Y la pregunta que surge es: si la amistad es tan crucial para mi felicidad, ¿por qué no tener muchos amigos para así ser muy feliz? O podemos hacer otra pregunta: ¿las personas más amigueras son las más felices? O, ¿en realidad puedo tener cuántos amigos quiera?

Recordemos que la ultrasociabilidad humana es un factor imprescindible de la felicidad, esto es, estamos hechos, neurológicamente, y evolutivamente, para tener relaciones profundas con otros seres humanos (El mito de Robinson Crusoe es eso, un mito, e inclusive él término “inventándose” un entorno social alrededor del que no podía prescindir.

¿O se acuerdan de “Wilson” de la película del naúfrago Tom Hanks?). El punto: necesitamos a los otros no sólo para sobrevivir, sino para vivir con calidad, con realización plena. Entonces, repito, la pregunta lógica parecería ser: si aumento la cantidad de amistades, de relaciones significativas, entonces, aumento mis niveles de bienestar. ¿Es así? Y la respuesta breve es sí, pero, y siempre hay un pero, hay un límite para la cantidad de relaciones significativas que podemos tener los seres humanos.

¿No puedes tener todos los amigos que quieras?

Bien, pues aunque parezca extraño, hay científicos que han tratado de mostrar con experimentos y con evidencias científicas, que hay un tope. Que no puedes tener todos los amigos que quieras. Y el primero en mostrarlo con cierta claridad fue un antropólogo inglés llamado Robin Dunbar en la década de los noventa. Lo que hizo Dunbar fue recopilar una serie de estudios de primates donde se veía una correlación muy clara entre el tamaño del cerebro, específicamente del Neocortex, y el tamaño del grupo social con el guardaban una relación cercana. Después Dunbar hizo diferentes correlaciones entre el tamaño del cerebro de estos primates con el de los seres humanos, y esto dio como resultado un número máximo de personas con las que un ser humano puede tener relaciones significativas: 150 (148 para ser precisos).

A este número de 150 se le conoce como el número Dunbar y desde que se descubrió ha sido utilizado para un sin fin de cosas: para definir el tamaño óptimo de compañías (Malcolm Gladwell lo discute en su famoso libro «The Tipping Point»), si las unidades organizativas de una empresa es más grande, comienzan a aparecer muchos problemas de clima organizacional, de comunicación y de sentido de pertenencia; es el número que usan muchos algoritmos de redes sociales como Facebook, o en su momento MySpace. Acuérdense que en su “feed” de Facebook no aparecen todos sus contactos, solo los más frecuentes.

Este número de 150 “amigos” como máximo ha sido discutido a nivel científico durante años, una vez a la alza, por otros antropólogos, Bernard y Killworth a 230, y la mayoría de las veces a la baja. Por ejemplo, Philip Lieberman mediante estudios de relaciones alimentarios en sociedades agricultoras, llega a la conclusión que el número se acerca más a entre 30 y 50, no más.

Más allá del número exacto, lo interesante es que para todos los que han estudiado el tema hay un tope, y éste es menor a lo que muchos pensamos, y sus consecuencias son muy interesantes:

En este número se incluyen relaciones significativas del presente, y también del pasado, es decir, un padre muerto o una expareja, si aún significan, siguen ocupando uno de los “espacios”. Así que en realidad los “150” son de personas “significativas”, del presente, o del pasado.

Cuando se llega al límite, al llegar alguien significativo nuevo, desplaza a alguien que estuvo. El número no aumenta.

Las “amistades” no sólo nos dan, también nosotros les damos, es decir, es transaccional, hay que invertirles, por eso también el número es limitado.

Las “amistades” no siempre son positivas, a veces nos dan energía, a veces nos drenan. Y cuando nos quitan mucho, no dejan de ser amistades inmediatamente, a veces tardan en desaparecer, por tanto su espacio sigue ocupado por algún tiempo.

Actualización del número Dunbar

En un artículo en el Financial Times hace casi 3 años (Agosto 2018), Dunbar actualizó su número de 150 con unos datos muy interesantes: De esos 150 amigos o relaciones significativas, hay un “inner core” de 5 personas, a las que les dedicamos el 40% de nuestros tiempo social, y hay otro círculo de 10 personas más a las que les dedicamos otro 20%. Es decir, hay un total de 15 personas, no más, a las que les dedicamos el 60% de nuestro tiempo.

Cuadro completo:

5 personas: The loved ones. 40% de nuestro tiempo.

15 personas: The good/best friends: 20%.

50 personas: Friends.

150: meaningful contacts.

500: acquaintances (conocidos).

1,500: people you can recognize.

Conclusión

Cita de uno de los más bellos libros que muchos de nosotros hemos leído: “No era más que un zorro semejante a cien mil otros. Pero yo lo hice mi amigo y ahora es único en el mundo.” El Principito, Antoine de Saint-Exupéry.

Como hay un tope en el número de relaciones significativas que puedo tener como ser humano, entonces no se trata de un tema de cantidad, sino de un tema de calidad. El límite, aunque el número lo podemos discutir, si es el Dunbar de 150 o no, el límite es real: desde un punto de vista social y desde un punto de vista neuronal podemos sólo con un número limitado de relaciones de amistad.

Ahora bien, vivimos en tiempos donde se existen señales extrañas, por no decir peligrosas, que dicen que hay que aumentar significativamente la cantidad de redes, de contactos. Hay pláticas, charlas, estudios, consejos, diciéndoles a los jóvenes: aumenten sus círculos de amistades, de contactos, para ser personas “conectadas”, ya que de ello depende su éxito… Yo pienso que hay que tomar estos consejos cum grano salis, con precaución, o escepticismo. Insisto, no se trata de cantidad, la ciencia nos dice que se trata de calidad: la confianza, el respeto, la sinceridad, se pueden cultivar con un número de personas determinado, con muchos menos de lo que las señales hoy en día nos dicen. Busquemos a nuestro zorro entre los cien mil y hagámoslo nuestro.

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