Con Martha Debayle

Por mi culpa, por mi culpa…

¿Cómo dejar de moverse por la culpa? ¿De dónde viene la culpa? De esto vamos a hablar con Tere Díaz

Por mi culpa, por mi culpa…

Tere Díaz, psicoterapeuta, especialista en desarrollo personal. // TW: @tedisen // terediaz.com

Casos

1. Un compañero de clase te pide tus notas. Le dices que no están perfectos, pero insiste y se los prestas. Tú apruebas el examen y él reprueba. ¿Cómo te sientes?

2. Quedas de ir al cine con tu pareja, pero cuando sales hay un accidente y te detienes a ayudar. Llegas tarde al cine y tu pareja está descompuesta.

3. Una de tus mejores amigas está deprimida pues su pareja la dejó. Tú la has acompañado en todo. Conoces a alguien que te gusta muchísimo y empiezas a salir.

4. Llevas varios meses en los que no sienes lo mismo por tu pareja. No estás enamorado/a y pospones cortarlo. Finalmente te armas de valor y le dices lo que piensas, pero no puedes evitar sentirte…

5. Tus padres te prestan el coche para hacer un viaje de fin de semana. Lo estacionas en un lugar amplio, pero aun así ves que alguien lo ha rayado. Te sientes…

6. Te invitan de viaje mientras tu papá desea ir a dó.

La culpa

• Se produce cuando lo que hacemos no corresponde a lo que pensamos, porque las acciones no están a la altura de alguna norma que hemos introyectado.

Sentimientos que nos genera

• Nos hace sentires malos, crueles e inmerecedores, remordimientos y odio contra nosotros mismos. Egoístas.

La culpa se manifiesta

• Como sensación física, como emoción (agobio, desasosiego, arrepentimiento, miedo, vergüenza y/o angustia), mentalmente (autorreproches y autoacuasiones, generalmente, compulsivas).

Tipos de culpa

• Culpa funcional: señala que hemos transgredido algo importante. Nos ayuda a resolver un problema, a cuidar de uno y de los demás, a reparar.

• Culpa disfuncional: añade sufrimiento a la vida, genera malestar y parálisis.

• Culpa desproporcionada se origina ante condicionamientos, reprimendas o señalamientos aprendidos a muy corta edad. Terapia

Hacer distinciones respecto a la infracción

• si la norma trasgredida es actual y viable de cumplir, si la hemos elegido libremente y si está basada en principios éticos, es culpa sana

• si la norma nos fue impuesta por otra persona, por la sociedad, por la iglesia, y no la hemos elegido por cuenta propia, no nos hace sentido, ni tiene ningún valor en nuestras circunstancias particulares, y ni nos daña a nosotros ni viola los derechos de los demás, es culpa improductiva.

Tu código interno, formado años atrás:

• Tiene normas consciente e inconsciente.

• Una vez incorporado opera en automático.

• Al transgredir activa una señal (la culpa) para regular nuestra conducta.

• Creencias de la vida, del sexo, del mal.

Necesitamos un código ético propio y lógico, que rija nuestro actuar, pero desarrollado con un criterio propio basado en un cuestionamiento informado.

 ¿Por qué y para qué de las reglas que nos rigen internamente?

• Si bien es importante contar con un código ético que rija nuestro actuar, también es necesario desarrollar un criterio propio basado en un cuestionamiento informado para poder desafiar al “guardián del código interno” que nos impulsa a acatar sin cuestionar. Las normas incumplibles basadas en rasgos de carácter “sobre humanos” generan mucho sufrimiento innecesario, por eso es importante comprender el por qué y para qué de las reglas que nos rigen internamente de manera que reconozcamos el valor que las sostiene– el cuidado a los otros, evitar el sufrimiento ajeno innecesario, el respeto a las diferencias - y flexibilicemos su forma que en ocasiones es irracional y tiranizante.

 ¿Por qué se instala?

• La mayoría de las personas queremos agradar a los demás y para no ser rechazados o abandonados por ellos nos sobre adaptamos a sus necesidades. Vuelvo a afirmar que todos requerimos de la aceptación y el cariño de los otros para vivir, pero que el móvil de nuestro actuar sea únicamente la conquista de la aprobación, en detrimento de nuestras necesidades y deseos, tendrá justo el efecto contrario.

 ¿Será enojo?

• El ser heridos por alguien y las circunstancias o la propia inseguridad nos ha impedido reconocerlo y señalárselo.

• Un enojo reprimido puede conducirnos a albergar sentimientos de revancha y desquite poco asimilados, y, sentir que es malo sentir eso, nos castigamos a nosotros mismos, y por el otro, para no tener que confrontar a quien nos lastimó o para evitar una explosión iracunda por lo sufrido, lo transformamos en culpa.

• Ambas situaciones tienen la ganancia secundaria de pasmarnos y limitar nuestra confrontación. Internalizar el enojo nos resta fuerza.

 • Cuando la culpa esconde un enojo y este a su vez una herida inicial, necesitamos ser conscientes de ella para poder resolverla y poner los límites que requerimos para validar nuestras necesidades o deseos. Esta culpa es más aguda cuando quien nos lastimó es alguien a quien también valoramos y

• Poner los límites que requerimos o señalar las heridas que recibimos nos producirá cierta ansiedad y temor en el momento.

• Acarrea un miedo desproporcionado a herir los sentimientos de quienes nos importan.

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