CON MARTHA DEBAYLE

¿Sientes que todos te tratan como poca cosa?

Para los que viven atrapados en la depresión y la desesperanza por sentir que, hagan lo que hagan, los demás no los tratan de manera digna

Mario Guerra, tanatólogo, conferencista, business coach, psicoterapeuta.

Muchas personas viven un tanto atrapadas entre la depresión y la desesperanza por sentir que, hagan lo que hagan, los demás no los tratan de manera digna o respetuosa. Son personas que sienten relegadas por los demás al final de la fila y que son tratadas como si fueran poca cosa. ¿Tienen mala suerte o en verdad hay un defecto que los marca de por vida? Quizá sea algo que está más en sus manos solucionar de lo que creen.

¿Qué pasa?

Es muy probable que a lo largo de tu vida, quizá desde la infancia, sientes que los demás:

No te toman en cuenta o no piensan en ti y en lo que sientes y quieres.

Te dejan siempre al último o no te incluyen en algunos planes.

Cuando lo hacen, lo hacen por compromiso o lástima.

Te soportan porque ya estás ahí, pero en el fondo te ven como un lastre.

No escuchan o respetan tus opiniones o puntos de vista.

¿Por qué pasa?

Si consideramos que la autoestima es la valoración y actitud que cada uno guarda hacia sí mismo, parece evidente que el problema viene por ahí derivado de:

Cómo aprendiste a valorarte.

La forma en que solían tratarte las figuras de referencia en tu niñez.

Te ignoraban, te callaban, te ridiculizaban, te comparaban desfavorablemente o te hacían sentir tonto.

Como ya construiste una imagen devaluada de ti, eso te hace valorarte en correspondencia con esa imagen.

Pero como a nadie le gusta sentirse así, de alguna manera esos sentimientos de rechazo y menosprecio que aprendiste a tener, los proyectas en otras personas y les atribuyes a ellas la malignidad de tratarte mal.

No es que los hipnotices para que te desprecien, sino que las actitudes que muestras hacia ti y tu forma de relacionarte con los demás te coloca en una postura que te hace un tanto invisible e insignificante.

¿Cómo se padece esto?

Proyectas.

Crees que lees la mente de los demás, que sabes lo que piensan de ti y, curiosamente, nunca es nada bueno.

Te pasa en todos lados.

Trabajo, familia, amigos y pareja.

Si acaso con algunos no, pero de esos ya hablaré más adelante…

Catastrofizas y magnificas lo negativo.

Si cometes un error común (o incluso uno serio) lo ves como la peor catástrofe posible, de inmediato dices que sabes que los demás piensan que eres un imbécil (ahí está la proyección) y que por eso te van a despreciar.

Si te llaman la atención fuerte, compruebas tu supuesta imbecilidad.

Si no lo hacen pensarás que se debe al menos a una de dos razones imaginarias:

Que te tienen lástima.

Que ya perdieron la fe en ti y que ya ni siquiera vale la pena decirte nada porque nada vas a poder hacer nunca para remediar o evitar que te vuelva a pasar.

Minimizas tus logros y lo positivo.

Eres como resistente al refuerzo positivo y piensas que todo lo que te dicen que te sale bien es:

Cuestión de suerte, lo cual nos habla de tu tendencia a atribuir tus logros a cuestiones metafísicas y no a tus méritos.

Una vez más te lo dicen para darte el avión, por lástima o porque te quieren (a pesar de ser poca cosa).

Vives con miedo

Uno de los primeros es a que la policía del pensamiento descubra que eres una persona fracasada y que no vale nada, aunque te esfuerces en aparentar lo contrario. Es decir, vives con un constante temor a que tus múltiples defectos y vulnerabilidades no sólo sean descubiertos, sino utilizados para lastimarte y como justificación para tratarte como a una especie de sirviente de una imaginaria casta inferior.

Es como si fuera una forma de autodiscriminación por un supuesto defecto de orígen que te produce mucha vergüenza de ser tú.

Todo esto te hace temer al abandono, a equivocarte, al fracaso, a no poder con los retos básicos de la vida.

¿Qué efecto tiene todo esto en tu vida?

Te vuelves complaciente.

Esto es muy doloroso porque tú argumentas que lo único que haces es ser buena persona con los demás y que son ellos los que no te valoran e incluso se aprovechan de eso, si no es que acaban alejándose de ti.

Claro que una persona sana se alejará de ti, pero no necesariamente por desprecio, sino por la frustración de la actitud que guardas hacia ti mismo.

Básicamente digamos que no pones límites y haces ver que los abusos de los demás no te lastiman o no son importantes para ti.

El mensaje real cuando eres complaciente es que tú no eres importante.

Renuncias y te vas a la periferia de la vida.

Es natural que te canses de tratar y tratar encajar con el resto y ya hasta te pierdes la fe.

Entonces te vendes la idea de que los demás ya no te importan, que más vale solo que mal acompañado y que ya aparecerá alguien que te sepa valorar.

Lo peor es que sí aparece alguien, pero es otro que también ya se juró una vida en auto exilio por considerarse inadecuado (aunque él sea el que considera inadecuado al resto del mundo quizá).

Digamos que se reúnen dos personas que fueron incapaces de auto aceptarse y por eso, al encontrarse, vuelven a poner afuera, en otro, su valor como personas, sólo que esta vez ese otro no los puede rechazar porque ya sería el colmo que alguien “así” no me quiera.

Pero yo me siento muy bien conmigo y son los otros los que me tratan con desprecio.

Responde lo siguiente:

Si te sientes tan bien contigo, ¿qué haces con personas que insisten en despreciarte?

¿Cuál es tu verdadera necesidad de mantenerte alrededor de ellas?

¿Qué es lo que necesitas en realidad que no has podido ver?

Aceptación, valoración, cariño…?

Cuando realmente te sientes bien contigo buscas relaciones más simétricas en donde puedas valorar y ser valorado.

Con una baja autoestima a veces buscas relaciones jerárquicas; es decir, te rodeas de personas que sientes que están peor que tú para no sentirte tan mal… la periferia de la vida de la que ya hablamos.

¿Pero que no los demás deberían tratarme con respeto aunque lo que yo haga conmigo pueda no ser muy respetable?

Eso es verdad, pero una cosa es que traten con respeto y otra que quieran tratar contigo del todo.

Generalmente no se vuelve satisfactorio estar con alguien que no es capaz de valorarse y respetarse a sí mismo, especialmente si formas un vínculo con alguien así, porque te duele que no sea capaz de poner límites a su complacencia o victimismo.

¿Qué podemos hacer?

Renuncia a una vida sin respeto.

Esto implica respetar tus tiempos, gustos, preferencias y necesidades.

Eso no significa pasar o aplastar los de los demás, sino sólo expresar los tuyos.

Es natural que muchos se sorprendan y a otros incluso no les guste.

A esos vamos a llamarles “bajas necesarias”.

Darte cuenta que el problema no está afuera; ni en los demás, ni en mercurio retrógrado o la mala suerte.

El problema está en la forma en que te evalúas, lo que piensas realmente en lo profundo de ti mismo.

Esto puede resultar doloroso, pero limpiar la herida es el primer paso para evitar que se infecte.

Empezar a confiar un poco más en ti dudando de lo que has creído.

Mejorando tu autoestima.

La baja autoestima es aprendida y luego mantenida por nuestros pensamientos y actitudes que alteran nuestra auto percepción y el resultado de nuestras acciones.

El camino no es que creas lo que hoy no puedes creer de ti, sino que empieces a dudar de tus incompetencias y defectos, al menos como si fuera algo genético que es imposible cambiar.

Lo que proyectas a los demás es falta de confianza en ti y recuerda que nuestra confianza o falta de confianza puede no estar tan conectada con lo capaces que somos en realidad.

Cargando