CON MARTHA DEBAYLE
CON MARTHA DEBAYLE

¿Merecemos o no ser felices?

Las principales razones por las que nos sentimos culpables cuando somos felices y qué hacer para salir de este círculo vicioso

Dr. Enrique Tamés, decano de la Escuela de Humanidades y Educación Región del Norte, del Tecnológico de Monterrey.

A raíz de las condiciones de la pandemia que nos atraviesa la vida a la mayoría de los seres humanos planteamos la pregunta: ¿Qué sucede cuando crees que no mereces ser feliz? (Robert Taibbi).

Son tiempos difíciles, complicados para la mayoría de los seres humanos, y los pensamientos pesimistas tienden a aflorar. Sin embargo, no sentirse merecedor a ser feliz tiene raíces mucho más profundas.

No merezco ser feliz por:

La culpa: lo que hiciste mal, los errores que has cometido y que no te has podido perdonar. La culpa inclusive de lo que no hiciste mal (la culpa del sobreviviente).

El trauma: las experiencias difíciles que no hemos podido incorporar, que no hemos podido superar, darle un sentido. La melancolía.

La preocupación: de uno, del otro, del mundo, de todo lo que puede salir mal. La preocupación de los padres a los hijos. ¿por qué habríamos de merecer ser felices?

La autoimagen crítica: suele sucederle a gente inteligente o que tuvo una infancia difícil donde recibieron mucha crítica o excesiva disciplina. Suelen ser muy duros sobre sí mismos pero también sobre el mundo.

Hay muchas razones para ser infelices y muy pocas para ser felices, de modo que cuando te sientes feliz, te sientes incómodo o inclusive culpable. Entonces, las pocas ocasiones para sentirse feliz también es un motivo para no sentirse merecedor a sentirse feliz.

Ahora bien, antes de pasar a los remedios, a las soluciones es importante contestar a la siguiente pregunta: aquellos que sí se sienten merecedores de ser felices, si no lo logran, ¿qué pasa?

Bueno, pues este es un lado de espectro humano que tampoco es muy agradable. Hay muchas investigaciones que muestran que las personas que se sienten merecedores a ser felices y que no lo logran, lejos de convertirse en seres aspirantes en dicha, se convierten en personas tacañas, engreídas (self entitled) y moralmente malas.

Cuidado con sentirse merecedores a ser felices: lo mejor sería no sentirse ni merecedores ni no merecedores de ser felices: mejor ponerse a trabajar para ser felices.

Si uno tiene alguna de las condiciones para no sentir merecimiento a ser feliz (culpa, trauma, preocupación, autoimagen crítica), aquí alguna de las cosas en las que hay que trabajar:

Hacer las paces. Con uno, con el otro, con el mundo. Dejar de ver la vida como un campo de batalla es fundamental si uno quiere dejar espacio para momentos de sosiego y felicidad. Dejar las batallas internas, dejar las batallas externas: no se trata de ganar para no perder, se trata de dejar de batallar.

Y la paz va hermanada del perdón. Virtud humana que pregona básicamente todos los credos del mundo. No hay reconciliación sin perdón, no hay reconstrucción, sin perdón. Uno no puede cambiar los cosas que fueron, uno puede cambiar la mirada con la que uno ve esas, mis cosas, que pasaron.

La autoimagen crítica se cambia con paz, con perdón, pero también con mucho amor. En el pasado creímos que nuestros pensamientos cambiaban nuestras emociones, hoy en día sabemos que nuestra emociones también cambian nuestros pensamientos. Vernos con más amor ayuda a cambiar los pensamientos entorno a nosotros mismos.

Siempre la mirada externa (y profesional) ayuda, porque mirarse uno, a uno, física y psicológicamente es imposible. El espejo es una falacia porque lo que uno ve es un reflejo, la mirada del otro es el que ayuda a verse a uno, y resolver lo que tiene uno que resolver, trátese de un trauma, de una ansiedad, de una angustia, etc.

Conclusión.

Independientemente de lo que nos merecemos o lo que no nos merecemos, la felicidad, nuestra felicidad es algo con lo que trabajamos día a día. No hay que verla como una recompensa al final del camino, grave error, sino como el camino mismo: la única manera de reconocerse feliz es en el aquí y en el ahora. En el pasado puede uno encontrar nostalgia, en el futuro angustia, una de las opciones del presente es gozarla con todo y su inmensa incertidumbre.

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