Taller Archivo Personal, aquello que guardamos para no desaparecer del tiempo
El trabajo de Betsy Curiel replantea el archivo personal como un acto de elección, no de acumulación: cualquiera tiene uno y debería poder conservarlo, no por nostalgia, sino para sostener, con sus pérdidas, una vida.
Taller Archivo Personal, aquello que guardamos para no desaparecer del tiempo FOTO: Murat Kemaldar / Taller Archivo Personal CDMX
El trabajo de Betsy Curiel parte de una idea simple, pero relevante en el ejercicio de la existencia humana. Nadie tiene la memoria asegurada, y menos resuelta por la tecnología. Su Taller Archivo Personal no gira en torno a antigüedades ni a técnicas especializadas para conservarlas. Responde a una pregunta sencilla, pero más personal: qué decide cada quien conservar de su propia vida y por qué.
Betsy Curiel Gutiérrez (Cuernavaca, 1987), maestra en Conservación y Restauración por la Universidad de Cataluña, entiende la conservación como un conjunto de acciones, que van desde controlar la humedad hasta intervenir un documento para garantizar su permanencia material. No se trata del objeto en sí, sino de su capacidad de seguir conectando el pasado con el presente en un momento donde la tecnología empuja a producir más memoria pero a preservarla peor.
Taller Archivo Personal, aquello que guardamos para no desaparecer del tiempo FOTO: Murat Kemaldar / CDMX
Conversamos con ella como parte de un trabajo especial para W Radio, explorando las vicisitudes del pasado y su relación con el presente, así como esa dimensión aún más incierta, los días del futuro, desconocidos para cualquiera que, en su momento, tomó una fotografía sin saber dónde terminaría cuando ya no estuviera aquí. Al final, uno siempre se pregunta cuánto hemos olvidado y cuánto de todo esto vamos a recordar en el futuro.
Desplazamiento necesario: del archivo institucional al archivo personal
Frente al archivo institucional, filtrado por criterios y decisiones a veces históricas, a veces políticas, el archivo personal opera sin esa depuración. No busca objetividad, sino que acumula de manera casi natural. Documentos, cartas, fotografías, rastros de existencia atravesados por afectos y unos cuantos hábitos, un recuerdo distante, por qué no. Aquello no responde a una lógica histórica, sino a una pulsión humana por evitar la pérdida.
Ese desplazamiento hacia lo íntimo se vuelve más visible en la era digital, donde la sobreproducción diluye la selección. Se guarda todo y, en ese exceso, se pierde el criterio. La paradoja de entre más registro, más riesgo de desaparición.
Taller Archivo Personal, aquello que guardamos para no desaparecer del tiempo FOTO: Murat Kemaldar / Taller Archivo Personal CDMX
Los retratos lo sintetizan. Son registros de existencia, pero también capas de información. Son contexto, uso, desgaste. Una fotografía doblada o manipulada no pierde valor; lo adquiere. Su deterioro forma parte de su historia y la distingue de cualquier copia digital.
A diferencia de los documentos oficiales, los archivos personales conservan fragmentos menos depurados, más cercanos a la experiencia. De ahí su peso en la historia. Por ejemplo, sin cartas o diarios, buena parte de lo que se sabe sobre Vincent van Gogh se quedaría en la sombra; su intercambio epistolar con Theo no solo documenta su obra, también la articula.
Pero esa cercanía es también su fragilidad. Sin estructuras de resguardo, su destino depende de vínculos y decisiones ajenas. Muchos desaparecen. No por descuido, sino por desconexión.
Taller Archivo Personal, aquello que guardamos para no desaparecer del tiempo FOTO: Murat Kemaldar / CDMX
Elegir permanecer en el tiempo
Antes de cualquier técnica, Betsy insiste en un punto: saber qué se tiene. Reconocer, ubicar, entender un archivo. Sin eso, no hay conservación posible. Y en lo digital, el problema se agrava. Los formatos obsoletos, dispositivos que ya no leen, se convierten en pérdidas totales sin respaldo. Digitalizar no basta; elimina, además, la materialidad que también significa.
Ahí se sitúa el Taller Archivo Personal como una práctica accesible, no como especialización cerrada. La premisa es directa, de que todos tienen un archivo personal y todos deberían poder conservarlo. No importa la escala, sino la relación con lo que se guarda.
Taller Archivo Personal, aquello que guardamos para no desaparecer del tiempo FOTO: Murat Kemaldar / CDMX
Ordenar un archivo no es solo clasificar, es construir sentido. Activar historias, muchas veces fragmentarias, que dependen también de lo intangible, de la narración que acompaña a las imágenes y que es, casi siempre, lo primero en perderse.
El trabajo de Betsy Curiel replantea el archivo personal como un acto de elección, no de acumulación: cualquiera tiene uno y debería poder conservarlo, no por nostalgia, sino para sostener, con sus pérdidas, una vida.
La apuesta no es técnica ni nostálgica. Es devolver a cada quien la capacidad de decidir qué permanece. Porque conservar, al final, no es guardar, es elegir. Y en esa elección se fija una forma de estar en el tiempo.
Taller Archivo Personal, aquello que guardamos para no desaparecer del tiempo FOTO: Murat Kemaldar / CDMX