Microduelos invisibles: El peso de las pérdidas que nadie ve
El psicoterapeuta Mario Guerra explica por qué nos duelen las pérdidas que no tienen funeral y cómo validar esas pequeñas muertes cotidianas para evitar el agotamiento emocional
Microduelos invisibles: El peso de las pérdidas que nadie ve / ridvan_celik
¿Alguna vez te has sentido profundamente triste sin saber por qué? No hubo un fallecimiento, no perdiste tu empleo ni terminaste una relación amorosa, pero sientes un peso inexplicable en el pecho. En el programa de Martha Debayle, el psicoterapeuta y tanatólogo Mario Guerra abordó un fenómeno psicológico tan común como ignorado: los microduelos. Se trata de esas pérdidas que no reciben flores ni pésames, pero que duelen con la misma intensidad que una tragedia mayor.
¿Qué es exactamente un microduelo?
Tradicionalmente, asociamos la palabra “duelo” con eventos catastróficos como la muerte o el divorcio. Sin embargo, la vida está saturada de pequeñas pérdidas constantes que carecen de un manual de validación. Los microduelos son respuestas emocionales reales ante situaciones que la sociedad considera “menores” y que, por lo tanto, no cuentan con rituales de despedida.
El peligro radica en la invalidación personal: nos decimos que “no es para tanto” o que “hay gente que está peor”. Al negar estas emociones, la tristeza no desaparece; se transforma en irritabilidad, vacío inexplicable o una ansiedad flotante que drena nuestra energía.
Las pérdidas que no tienen funeral
Mario Guerra identifica varios tipos de microduelos que solemos cargar en silencio:
- Pérdidas relacionales silenciosas: No hubo una pelea oficial, simplemente una amistad de años se enfrió o un grupo de chat dejó de tener actividad. Es un desvanecimiento lento que duele porque no hay nada concreto a qué aferrarse.
- Pérdidas de identidad y etapa: Ocurre cuando te miras al espejo y no reconoces a la persona que fuiste a los 30 años. También se manifiesta en la jubilación o en mudanzas donde dejas atrás espacios que fueron testigos de tu historia.
- Pérdidas de expectativas: Es el duelo por la vida que imaginabas tener a cierta edad y que no resultó ser así. No lloras algo que perdiste, sino algo que nunca llegó.
- El nido vacío progresivo: No empieza cuando los hijos se mudan, sino cuando dejan de pedirte que les leas un cuento o cuando sus planes de fin de semana ya no te incluyen.
- Cambios en la pareja vigente: Extrañar la versión anterior de tu pareja o la dinámica que tenían antes de que la rutina y los problemas los cambiaran, aunque sigan viviendo bajo el mismo techo.
“Muerte por mil cortes”: El impacto en el cuerpo
Un microduelo aislado difícilmente nos derrumba, pero veinte de ellos acumulados se convierten en una mochila emocional insoportable. Guerra llama a esto “muerte por mil cortes”: ninguna herida es mortal por sí sola, pero juntas pueden desangrarte emocionalmente.
Cuando la mente se niega a reconocer el dolor, el cuerpo toma la palabra. Síntomas como gastritis crónica, insomnio repentino o dolores de cabeza recurrentes suelen ser manifestaciones físicas de duelos invisibles que no han sido procesados.
Herramientas para sanar lo invisible
Para dejar de cargar este peso, Mario Guerra propone cuatro estrategias prácticas:
- Nombra la pérdida: Di en voz alta qué es lo que te duele. “Me entristece que mi cuerpo ya no sea el de antes” o “Extraño cuando mi hijo me contaba todo”. Nombrarlo es el primer paso para validar que no estás exagerando.
- Crea rituales propios: Ante la falta de funerales sociales, inventa los tuyos. Escribe una carta que no enviarás o dedica diez minutos a sentir esa nostalgia sin juzgarte. Los rituales marcan los finales necesarios para poder empezar de nuevo.
- Cambia la narrativa: Entiende que toda evolución implica una pérdida. Al casarte pierdes libertad; al crecer, pierdes ingenuidad. No son fracasos, es el costo de estar vivo.
- Busca conexión: La tristeza compartida pesa menos. Habla con alguien de confianza que valide tu sentir con un “te entiendo”, sin intentar resolver nada, solo acompañando.
Cada microduelo, si lo miras con curiosidad en lugar de resistencia, tiene algo que enseñarte, nos muestran qué es verdaderamente importante para nosotros. Atender estos detalles es una forma vital de higiene emocional. Si te duele, merece tu atención; porque a veces, las heridas más profundas son precisamente aquellas que nadie puede ver.