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Renuncia jefe de estatal que administra aeropuertos en Brasil

La crisis aérea de Brasil, que llegó a su ápice con el accidente del 17 de julio en el cual murieron 199 personas, provocó una nueva dimisión: la del brigadier José Carlos Pereira, presidente de Infraero, la estatal que administra los aeropuertos del país, informaron el sábado fuentes oficiales.

Brasilia, Brasil, agosto 4, 2007.- La crisis aérea de Brasil, que llegó a su ápice con el accidente del 17 de julio en el cual murieron 199 personas, provocó una nueva dimisión: la del brigadier José Carlos Pereira, presidente de Infraero, la estatal que administra los aeropuertos del país, informaron el sábado fuentes oficiales.

Pereira será sustituido por el actual presidente de la Agencia Espacial Brasileña, Sergio Gaudenzi, un ingeniero del sector civil, miembro del Partido Socialista Brasileño (PSB), confirmó el ministro de Defensa, Nelson Jobim, citado por la estatal Agencia Brasil.

Según fuentes gubernamentales, Pereira salió a pedido de Jobim. Es la segunda cabeza que rueda tras el accidente del mes pasado en SaoPaulo; la primera fue la del ministro de Defensa Walder Pires, sustituido porJobim.

La catástrofe del 17 de julio, que se produjo cuando un Airbus 320 de la compañía TAM se estrelló contra un terminal de cargas junto al aeropuerto de Congonhas, provocó un aluvión de cuestionamientos sobre la complicada organización del sector aéreo de Brasil, sumido desde hace diez meses en una crisis aguda.

El Ministerio de la Defensa se ocupa del control de los cielos, en tanto que Infraero administra los aeropuertos y la Agencia Nacional de la Aviación Civil (Anac) trata la distribución de la red aérea con las compañías.

Hay fuertes presiones para que el presidente Luiz Inacio Lula da Silva dimita a la jefatura de la Anac, que hasta ahora se aferró a su estatuto de agencia reguladora, con mandato conferido por el Senado y por lo tanto irrevocable.

Jobim ya señaló que podría crear otro organismo, para coordinar el conjunto.

La catástrofe de Congonhas fue un corolario de diez meses de caos en aéreo, iniciado con otra tragedia: la de la caída un Boeing 737 de la Gol en la selva amazónica, con saldo de 154 muertos.

Ese periodo estuvo marcado por movimientos reivindicatorios de los controladores de vuelo, problemas técnicos en los centros de control y denuncias sobre carencias en materia de seguridad en los cielos.

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