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África también dejó huella en los Juegos de Invierno

Un etíope rasta y un "leopardo de las nieves" ghanés son algunos de los atletas africanos que hicieron honor al lema olímpico "lo importante es participar" en los Juegos de Invierno de Turín.

Turín, Italia, febrero 26, 2006.- Un etíope rasta y un "leopardo de las nieves" ghanés son algunos de los atletas africanos que hicieron honor al lema olímpico "lo importante es participar" en los Juegos de Invierno de Turín, o al menos lo intentaron, con la simple ambición de defender con orgullo a sus países.

Robel Teklemariam, de 31 años, removió cielo y tierra para ser el primer etíope en unos Juegos de Invierno. Pero nada más llegar se dio a conocer al ser suspendido por su nivel anormalmente elevado de hematocrito, algo que él prefería tomarse con humor una vez que había competido.

Paseando sus trenzas rastas como una estrella entre cámaras de televisión, el esquiador, que vive en Nueva York desde 1983, contaba su historia a quien quisiera oírla tras ser 84 de 97 en los 15 km de esquí de fondo. "Fue durísimo pero muy divertido. Tenía que terminar la carrera aunque fuera de rodillas".

En esa misma prueba acabó 92 el keniano Phillip Kimely Boit, de 34 años. Hermano menor de Mike Boit, medalla de plata en 800 m en los Juegos Olímpicos de 1972, un día se presentó voluntario para una campaña de Nike.

Así en 1996 viajó a Finlandia, donde vio la nieve por primera vez y aprendió a esquiar. En Nagano dos años después acabó a 20 minutos del campeón, el noruego Bjoern Daehlie, con quien entablaría una gran amistad, hasta tal punto que llamó a su primer hijo Daehlie.

"Los deportes de invierno aún son algo éxotico en África, tengo que convencer a mis compatriotas", afirmaba Boit, cuyas hijas se llaman Fe y Olimpia.

Aunque se quedó a las puertas de los Juegos, el "leopardo de las nieves" ghanés Kwame Nkrumah-Acheampong quiso estar en Turín como espectador. "Vine a animar a las pocas naciones africanas que han venido. Pensaba que habría más", lamentaba, aprovechando para ver a Bode Miller y a Hermann Maier.

Kwame aseguraba que los deportes de nieve seguirán siendo una rareza en África si no cambian los criterios de clasificación. "Ya que no tenemos financiación, al menos deberían facilitar nuestra participación para que encontremos patrocinadores", protestaba.

Mathieu Razanakolona, de 19 años, no buscaba esponsors sino atraer la atención hacia su país, Madagascar, y conseguir donaciones. "Como atleta soy feliz al estar aquí aunque algunos piensen que utilizo a Madagascar como excusa para venir a los Juegos", decía.

Aunque nació en Montreal y vive en Kirkland (Canadá), es el primer malgache en unos Juegos de Invierno. "No se trata de esquí, sino del desarrollo de nuestro país, donde la mitad de la población vive en la pobreza", explicaba.

"Hace dos años cuando empecé a competir, pensé en defender un día los colores de Senegal", contaba por su parte Leyti Seck, de 25 años, que nació en Múnich, de madre alemana y padre senegalés, pero fue adoptado y creció en Austria.

"Estoy muy orgulloso de haber llevado la bandera de Senegal y de estar aquí. Espero que dentro de cuatro años, en Vancouver, todo vaya mejor", decía tras quedar descalificado en el eslalon.

Alexander Heath, de 27 años, nunca había oído hablar del esquí ni había visto la nieve cuando un compañero de clase le regaló un plumier con la imagen de un esquiador justo antes de que emigrara de Ciudad del Cabo a Inglaterra.

Pero en ese momento supo que era lo que quería hacer. "Cuando lo intenté por primera vez me encantó, era totalmente diferente de todo lo que había hecho antes", comentaba el sudafricano en sus terceros Juegos Olímpicos.

No terminó el eslalon: "Simplemente los esquíes no hicieron lo que yo quería". Y ahora pondrá fin a su carrera olímpica. "Es muy duro ser el único miembro de tu equipo. Han sido muchos años de sangre, sudor y lágrimas y he tenido que hacer demasiados sacrificios".

Lo mismo opinaba su compatriota Oliver Kraas, de 30 años, que terminó el sprint de fondo pero no los 15 km clásicos. "Es muy duro, demasiado para mí".

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