El Papa Juan Pablo II, agonizante, vive sus últimos instantes
El Papa Juan Pablo II, agonizante, libraba este viernes su última batalla terrenal tras una nueva agravación de su estado de salud, mientras decenas de miles de fieles vivían una conmoción colectiva en el Vaticano ante la inminencia del desenlace fatal.
Ciudad del Vaticano, 1 de abril, 2005.- El Papa Juan Pablo II, agonizante, libraba este viernes por la noche su última batalla terrenal tras una nueva agravación de su estado de salud, mientras decenas de miles de fieles vivían una conmoción colectiva en el Vaticano ante la inminencia del desenlace fatal.
"Esta noche, Cristo abrirá las puertas al Papa. Con seguridad, allá le estará esperando María, a la que el pontífice profesa una gran devoción", afirmó monseñor Angelo Comastri, vicario del Papa para la Ciudad del Vaticano, ante las 30 mil personas de todas las edades y nacionalidades que participaron en el que podría ser el último rosario rezado con Juan Pablo II aún en vida.
Juan Pablo II "ya ve y toca al Señor", había afirmado poco antes en una misa solemne la tarde del viernes el cardenal Camillo Ruini, Vicario de Roma y encargado de anunciar públicamente la eventual muerte del Pontífice.
Ante las máximas autoridades del Estado Italiano y del Vaticano, el cardenal Ruini confirmó así en la basílica San Juan de Letrán de Roma que el Papa vivía sus últimos instantes.
"Estamos ya en la premuerte, porque el Papa está en la agonía", aseveró por su parte el cardenal Javier Lozano, ministro de Sanidad del Vaticano, en declaraciones desde Roma a la cadena de televisión Televisa.
"Acabo de hablar con los médicos en el Vaticano, y me dicen que ahora es irreversible", confirmó en diálogo telefónico.
A última hora de la tarde, varios medios de comunicación italianos y extranjeros llegaron a anunciar incluso la muerte del Papa, pero fuentes oficiales del Vaticano salieron a desmentir estas informaciones indicando que se trataba sólo de "rumores carentes de fundamento".
"Cuando sea el momento, todo será dicho como ha ocurrido hasta ahora", agregaron las mismas fuentes.
En el último comunicado oficial, divulgado a media tarde, el portavoz del Vaticano, Joaquín Navarro Valls, había afirmado que el cuadro clínico del Pontífice había empeorado en las últimas horas.
"Las condiciones generales y cardiorrespiratorias del Santo Padre se han agravado", declaró Navarro Valls. "Los parámetros biológicos están notablemente comprometidos", precisó el español, quien aseguró que el Papa presenta "un cuadro clínico de insuficiencia respiratoria y renal" e "hipotensión arterial".
"En estas condiciones no hay esperanzas y hay una pérdida de conocimiento", afirmó a la prensa el anestesista italiano Vincenzo Carpino al ser interrogado sobre el cuadro clínico. "El cuadro clínico descrito es de insuficiencia funcional de todos los órganos", agregó.
Sólo unas horas antes, el propio Navarro Valls había afirmado que el Papa se hallaba en "estado crítico" desde la noche del jueves, pero que pese a su gravedad se encontraba "consciente, lúcido y muy sereno".
Las últimas noticias sobre la salud del Papa, que espera serenamente la muerte en su apartamento del Palacio Apostólico, conmocionaron a la familia católica, que sigue minuto a minuto el calvario de Juan Pablo II a través de la televisión y de internet. La página oficial del Vaticano incluso se colapsó este viernes por el exceso de consultas.
Unas 10 mil personas se congregaron en forma espontánea en la plaza de San Pedro desde primera hora de la mañana para rezar por la salud del Papa, y muchos otros lo hacían en las numerosas iglesias de Roma, donde la policía se preparaba para la llegada de cientos de miles de peregrinos y turistas para asistir a los funerales.
Las mismas escenas de oraciones, dolor y devoción se repetían en muchos otros rincones del país y del mundo.
Varias figuras importantes acompañaron durante todo el día al Pontífice en su cabecera, entre ellas el cardenal Ruini, cuya presencia suscitó una gran conmoción.
Si el Papa fallece, los funerales durarán nueve días y su cuerpo será enterrado entre la cuarta y la sexta jornada después de su muerte, salvo alguna razón especial, según las disposiciones tomadas por el mismo Juan Pablo II en la Constitución apostólica de 1996.



