CON MARTHA DEBAYLE
CON MARTHA DEBAYLE

La tradición del chocolate en las familias mexicanas

Para los que aman tomar chocolate, sobre todo en estas fechas les vamos a decir por qué el chocolate está íntimamente ligado a la historia de México

Elisa Queijeiro, maestra humanista.

Al estudiar al México prehispánico, el cacao resulta ser uno de los elementos más importantes para nuestros pueblos antiguos: les daba fuerza, los conectaba con su corazón, era moneda de cambio, semilla de ofrenda. Tenía un espíritu, el espíritu de la abuela KAKAWA.

 

Esta semilla tan valiosa para los pueblos indígenas no podía faltar en los rituales mortuorios que se hacían en ese tiempo:

Según su creencia, una vez muerto el cuerpo, el alma vivía pero tendría que cruzar diferentes pruebas durante 4 años para llegar al Mictlán. Y la única manera de lograrlo era tomando la fuerza del cacao que además los conectaba con su propio espíritu.

También se les enterraba con este para que lo llevaran como ofrenda a los dioses del Mictán: Mictlantecutli (Señor de la muerte) y su dualidad Mictecacihuatl (Señora del reposo y el descanso).

Por eso se ponía cacao en las primeras ofrendas de muertos y después colocamos la tableta de chocolate como su evolución.

Los españoles pronto comprendieron su valor, junto con la plata y la Grana Cochinilla. Lo llevaron a Europa como un tesoro, se sofisticaba su mezcla con miel y canela, para endulzar su amargor, adicional a la vainilla (tlilxochitl, la flor negra) también llegada de México. Lo tomaban las altas clases. Y comenzaba a llegar a todos los Países Europeos. Cada uno dio su toque. Por supuesto hasta llegar a finales del siglo XIX (1879) cuando en Suiza, Henri Nestlé lograba fusionar el cacao con la leche y evolucionarlo para siempre.

Y aquí la tradición de hacer chocolate pasó de generación en generación y la costumbre de beberlo en familia. Pero había un ingrediente adicional, las manos de una mujer.

Pasadas nuestras guerras de independencia, Reforma y revolución, la modernidad se instalaba en este país, con esperanza nueva, y las oportunidades eran realidad para quien quería trabajar y hacerlo bien.

Así el corazón de dos jóvenes que con talento, Francisco y Raymundo González Barragán, siguiendo esa tradición ancestral fundaban en 1919 una fabrica de chocolatería y la llamaban La Azteca, y el nombre no es casual. Para ese año, después de siglos de menospreciar lo prehispánico, el nacionalismo nuevo surgía y ocuparía en los 20s, 30s y 40s el centro de nuestros murales -vanguardia artística para el mundo- donde se contaba la historia donde los mexicanos nuevos estuviéramos orgullosos de nuestro pasado.

Fue la Azteca el nombre ideal para fusionar la evolución del chocolate y el origen ancestral de sus granos. Y más aún la esencia de la Abuela KAKAWA se volvía hacer presente porque estos jóvenes extrañando la casa materna de Michoacán recuperan las recetas de su abuela y con éstas, las de las nuestras y hacen en 1939 el “Chocolate Abuelita”: los mejores granos de cacao mexicano, azúcar y una nota de canela. Leche, amor y el molinillo levantando el espíritu de la espuma chocolatera.

La 1a imagen fue la de su abuela, y un nieto también, tuvo su programa de radio en los 40s ¿quién no quiere escuchar a la abuela?

Después visionarios llamaron a Doña Sara García, era el año 1973, y esta abuela con su carita dulce-pícara a bastonazos agarraba a los nietos, el cine en blanco y negro era su casa desde donde nos reíamos y llorábamos con la que llevaba las verdaderas riendas de cualquier casa y hasta de los hombres más rudos. Su esencia era la que necesitamos todos: un poco de humor, un mucho de amor y la familia, México en el centro.

Saben que Chocolate Abuelita se exportó formalmente a EU hasta el año 1980, pero desde décadas antes los mexicanos que cruzaban la frontera lo hacían cobijados por tres cosas: La Virgen de Guadalupe en su espíritu y protección, Frida en su fortaleza que les recordaba que podían ser ellos mismos aún estando allá (como ella en los 30s), y Chocolate abuelita en las cajas- que llevaban como maletas, y en su corazón, porque los regresaba al hogar a México.

Hoy Chocolate Abuelita nos recuerda que es abuela y ese recuerdo, lo llevamos todos dentro. Por eso comienza el invierno y nuestras tradiciones más importantes las acompañamos con una taza de Chocolate Abuelita.

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