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Los 7 conflictos típicos de las parejas actuales

Aquí te decimos cuáles son y por qué urge que los resuelvas

Tere Díaz, psicoterapeuta, especialista en desarrollo personal, nos dirá cuáles son los 7 conflictos típicos que sufren las parejas de hoy, pero la lucha de poder, pero la intimidad, pero su propio espacio, pero el apego, pero los celos, y por qué tienen que aprender a resolverlos ¡YA!

- Es evidente que hoy lo que requieren las parejas para estar satisfechas dista mucho de lo que necesitaban los matrimonios de antaño. Comenzando porque antes había un acuerdo único de pareja, el matrimonial, con esquemas bien planteados, roles establecidos y objetivos que todos conocían.

- Hoy existen diversas formas de vivir el amor con acuerdos y formatos diversos que son poco claros y pocas veces explícitamente acordados.

- Actualmente, además, la sociedad exige que las parejas funcionen de manera casi perfecta. Aunque el divorcio o la separación son cada vez más comunes, el ideal de “todo lo tendrás con ella, todo lo colmarás en él” además y de preferencia “por siempre”, es una expectativa imposible de lograr.

La mayoría de las parejas discuten por:

1. La intimidad

Ser íntimo es la capacidad de develarse o mostrarse al otro compartiendo el mundo interno: sentimientos, temores, anhelos. Los problemas aparecen cuando, en la relación, no se origina un ambiente en el que ambos se sientan seguros para expresar sus sentimientos y temores. O bien cuando hay necesidades muy diferentes en cuanto a la necesidad y deseo de intimar. Hay quien requiere para ser íntimo “decirse todo”, hay que no necesita constantemente compartir su mundo emocional.

Una pareja funciona cuando tiene la posibilidad de mantener un contacto emocional con el otro. Esa comunicación no tiene que ver necesariamente con hablar, sino que con entender las claves no verbales del otro. Las parejas pueden tener una posibilidad de intimar sin dialogar.

2. Roles rígidos

La pareja ha evolucionado de un modelo único matrimonial donde a la mujer le correspondía ser la proveedora de afectos, la mujer sumisa, receptiva, entregada (a veces asexual), encargada de lo doméstico y la crianza, y el hombre el proveedor, frío emocional, activo, protector, encargado de los asuntos “importantes” y no de las “nimiedades” emocionales y doméstica.

El lento pero sostenido debilitamiento del patriarcado unido al feminismo que está posicionando a la mujer en espacios públicos en la sociedad, ha hecho que los roles tradicionales de género “salten por los aires” y no quede claro qué le toca a quién, en qué forma y por cuánto tiempo.

Así, la permanente toma de acuerdos y negociación en temas de aportación y manejo del dinero, del uso del tiempo libre, de la crianza de los hijos junto con las tareas domésticas, los cambios de localidad y de trabajo, las relaciones sociales, son motivos de tensión y renegociación a lo largo de la vida de la pareja.

Las parejas que logran mejores acuerdos y actualizan su relación con base en los cambios individuales y relacionales son las que tienen mayor posibilidad de durar y durar bien.

3. El compromiso

Toda relación, hasta una cana al aire, tiene un nivel de compromiso. Se confunde el compromiso muchas veces con la definición de la relación y con las dudas que se generan acerca del tipo de vínculo que une a las dos personas. Muchas veces se confunde estar comprometido con casarse, o con cuidar a los hijos del otro, o con vivir juntos.

¿Confías, persigues o controlas a tu pareja?

4. La diferenciación

Diferenciarse es atravesar el proceso que nos constituye en individuos autónomos, destinos a nuestra familia de origen. Esto no significa romper con nuestros orígenes o distanciarnos de nuestros padres, pero sí conquistar la autonomía. Y la autonomía no es solo la independencia económica – si bien la implica y requiere – sino la posibilidad de elegir con base en la propia escala de valores, propios deseos, necesidades, gustos, e intereses. La falta de diferenciación del grupo familiar originario se manifiesta rápidamente en la vida de pareja generando conflictos incluso en los temas más triviales, como la elección de un determinado producto de limpieza, por no decir la educación de los hijos si los hay, y el uso del dinero y el tiempo libre.

Una persona diferenciada es libre para construir una pareja libre y tiene la posibilidad de estar presente para su nuevo nucleo familiar sin descuidar a sus padres y hermanos.

5. La pasión

Hoy las parejas esperan una particular experiencia sensorial, intensa, sexual, sensual y pasional. Pero lo que más se afecta con el tiempo es el deseo sexual. Generalmente los primeros años aunados al conocimiento mutuo y al enamoramiento incluyen grandes dosis de pasión que con el tiempo, las rutinas y el mutuo conocimiento se atenúan sin que esto signifique que te tenga que terminar sino transformar. ¿Qué será lo mismo? No.

Los problemas aparecen en dos sentidos: cuando uno de los miembros pasa una etapa de la relación, más estable, superando el enamoramiento inicial, y decreciendo la pasión. (Por ejemplo y comúnmente con el nacimiento de un hijo)

Cuando el acoplamiento sexual es poco y en la etapa de enamoramiento no se notó: los temas de rituales sexuales, frecuencia, iniciativa, experiencia postorgásmicas, pueden ser afines o desacoplados.

6. Cercanía – Distancia

Por razones diversas – usos y costumbres, carácter, idea del amor, estilo de apego entre otras – las personas necesitamos diferente cercanía y fusión con nuestra pareja: algunos requieren de un compartir casi todo en cuanto a actividades, y otros son más individualistas buscando espacios privados, tiempos a solas, actividades consigo mismo.

Esto puede generar confusión en cuanto al amor que se tienen por sentir desapego por un lado o extrema demanda por el otro, generando roces, frustraciones y desgaste amoroso.

El tema del apego (necesidad de la presencia constante o flexible del otro) será materia de trabajo personal con el fin de no sobrecargar a la relación amorosa de las propias historias infantiles no entendidas ni atendidas.

7. El poder

El poder se juega siempre en cualquier intercambio humano. Y no es malo siempre que se use para construir. Pero quien tiene más poder tiene privilegios y por tanto tiene siempre tiene más responsabilidad.

¿Quién tiene generalmente más poder en la vida de pareja?

En la medida en que la pareja logra compartir la posibilidad de ejercer el poder y el control, las posibilidades de conflictos son mucho menores en cualquier terreno.

Pero cuando se pierde la equidad en la relación y con ella la opción de elegir libremente e puede darse el abuso y el resentimiento. Quién tiene menos poder tiene menos “cartas” para jugar, posibilidades de decidir y o de “salirse del juego”

Efectos de estos problemas

La imposibilidad de visibilizar estos asuntos, cuestionarlos y ponerlos sobre la mesa para manejarlos, generaran interacciones de pareja cada vez más centradas en la lucha de poder, en la crítica y desacreditación hacia el otro, en la frustración y por tanto en el desgaste de la relación. La posibilidad de resolver lo que tiene solución y de negociar y manejar lo que no tiene solución es la clave para que las parejas logren convivencias satisfactorias, duraderas y que apuesten al apoyo y crecimiento de cada una de las personas que la constituyen.

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