Campesinos temerosos con fin de aranceles
El maíz, el frijol, el azúcar y la leche recibieron aranceles especiales de protección durante 15 años desde que se negoció el TLCAN en 1993
México, DF, diciembre 29, 2007.- Durante 15 años, los agricultores mexicanos han temido el día en que concluyan los últimos aranceles que protegen el maíz y el frijol, cultivos antiquísimos en la historia del país.
Pero a medida que se acerca el 1 de enero, los campesinos dicen que el daño ya está hecho: México se ha sumido profundamente en un modelo de agricultura globalizada en el que los granjeros no están preparados para competir.
El maíz, el frijol, el azúcar y la leche recibieron aranceles especiales de protección durante 15 años desde que se negoció el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLCAN) en 1993, tiempo en que se suponía que México debía prepararse para enfrentar a la competencia. Pero muchos dicen que eso no ocurrió.
Y aunque los precios mundiales de estos productos están en auge, las parcelas de México tienden a ser pequeñas y sólo ligeramente productivas, por lo que los elevados precios a nivel internacional han tenido poco efecto para que los campesinos mexicanos puedan mejorar sus vidas.
A los agricultores como Juan Antonio López, de 48 años, que planta maíz en aproximadamente tres hectáreas (7,4 acres) en Pino Suárez, estado de Durango, les queda poco maíz para vender, y con frecuencia deben adquirir el grano a los precios internacionales más elevados con el fin de alimentar a sus familias y animales.
Incluso algunas granjas algo mayores tienen problemas para producir cosechas y colocarlas en el mercado, en parte porque el gobierno ha permitido que los graneros, redes de distribución y agencias estatales de adquisición de productos del campo se vayan atrofiando, y en lugar de ello ha preferido apoyarse en las fuerzas del mercado.
México también ha actuado con lentitud para modernizarse con el fin de aprovechar la demanda de etanol y de cultivos modificados genéticamente.
Las autoridades en 1993 dijeron que el período de transición de 15 años le daría a los agricultores una oportunidad para modernizarse, diversificar sus cultivos y empezar a exportarlos, o al menos hallar trabajo de temporada en una nueva oleada de fábricas que se suponía que el pacto agrícola llevaría hasta el campo mexicano.
No ocurrió nada de eso, dice Víctor Suárez, líder de un grupo de cooperativas agrícolas que trabaja para promover la construcción de silos de almacenamiento y la venta de tortillas de maíz en forma directa del productor al consumidor.
"No hubo transición como se prometió en estos 15 años, no estamos preparados (para la eliminación de los aranceles), los únicos que están preparados son 20 grandes empresas agropecuarias", denunció.
De hecho, el gobierno de México ya ha tolerado que las fuerzas del mercado internacional se sientan intensamente en el país. Durante años, ha permitido más importaciones de maíz con aranceles más bajos de lo que pide el TLCAN.
Esa es la razón por la que el auge del uso del etanol en Estados Unidos provocó un alza enorme en los precios de las tortillas a principios de año, lo que a su vez produjo manifestaciones de protesta en México.
Para un país acostumbrado durante mucho tiempo a un mercado agrícola altamente regulado, la "crisis de la tortilla" fue una amarga prueba del poder de los consorcios especializados en la agricultura, que presuntamente acapararon el maíz y especularon con los precios.
La agricultura mexicana es importante por razones ambientales y sociales, además de ser un freno contra la emigración. Cuando se ven obligados a aceptar empleos distintos a su oficio o a emigrar, muchos residentes rurales pierden sus habilidades agrícolas, lo cual los convierte en malos administradores de la tierra en momentos en que México enfrenta amenazas de erosión, desertificación y deforestación.



