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Debate migratorio incide en relación republicanos-católicos

El debate sobre la inmigración en EU está entorpeciendo las relaciones de los republicanos con los católicos, un codiciado grupo de votantes indecisos que comprende casi una cuarta parte del electorado nacional.

Nueva York, EU, abril 23, 2006.- El debate sobre la inmigración en Estados Unidos está entorpeciendo las relaciones de los republicanos con los católicos, un codiciado grupo de votantes indecisos que comprende casi una cuarta parte del electorado nacional.

Aunque los obispos católicos y numerosos políticos republicanos comparten la oposición al aborto, a menudo difieren en aspectos específicos de la reforma migratoria.

Los líderes del clero católico impugnan -y en algunos casos están llamando a desafiar- las propuestas de legisladores del gobernante Partido Republicano que endurecen la política sobre la inmigración.

El asunto destaca los escollos que la visión católica del mundo crea para republicanos y demócratas. Los católicos son por lo general conservadores en temas personales como el matrimonio, pero tienden a ser liberales en los problemas de justicia social, lo cual limita la convocatoria de los dos mayores partidos y deja a los miembros de esa religión como "indigentes políticos", dijo el reverendo James L. Heft, presidente del Instituto de Estudios Católicos Avanzados de la Universidad del Sur de California.

La inmigración no es el primer asunto que divide al Partido Republicano y a los dirigentes católicos.

El papa Juan Pablo II se opuso a la guerra que encabezó Estados Unidos en Irak y a la pena de muerte, por ejemplo. Pero las nuevas diferencias surgen sólo unos meses antes de que gran parte de los miembros del Congreso, controlado por los republicanos, busquen la reelección, y cuando el Partido Republicano y los católicos parecen más cercanos que nunca.

Los católicos, que en algún momento fueron vehementes demócratas, han girado hacia el Partido Republicano aproximadamente durante los últimos 25 años. Una vez que los católicos con apuros económicos mejoraron su posición financiera, comenzaron a emitir su voto con menos apego a los vínculos políticos y más motivados por los intereses económicos. La preferencia de los demócratas por el derecho a abortar también los acercó a los candidatos republicanos.

El presidente George W. Bush, que profesa el credo metodista, ganó el 52% del voto católico en el 2004, por encima del 47% en favor del candidato demócrata John F. Kerry, quien practica la religión presidida por el Vaticano.

Mientras se acercaban las elecciones, los obispos advirtieron a los legisladores católicos que se arriesgaban a "cooperar con el mal" si votaban por los candidatos que apoyaban el aborto. Los líderes de la Iglesia insistieron en que esa posición era ajena a la política partidista, aunque el momento en que hicieron sus declaraciones fue sin duda un favor para los republicanos debido a que Kerry apoyaba el derecho a abortar.

Pero ahora, muchos de esos mismos obispos acusan a los legisladores republicanos de falta de compasión hacia los inmigrantes ilegales. El arzobispo de San Luis, Raymond Burke -quien en el 2004 anunció que no daría la santa comunión a Kerry-, figuró entre los numerosos dirigentes religiosos que organizaron marchas en favor de dar a los trabajadores indocumentados una oportunidad de conseguir la ciudadanía.

El representante republicano James Sensenbrenner se ganó la oposición católica al patrocinar el proyecto legislativo que aprobó la Cámara de Representantes en diciembre, el cual busca convertir en delito grave la estadía ilegal de los inmigrantes en el país y perseguir como delincuentes a quienes ayuden a los indocumentados.

El cardenal de Los Angeles Roger Mahony anunció que sus sacerdotes desobedecerían una ley de ese tipo. Los Papas, incluido Juan Pablo II, han enfatizado que las naciones con los recursos suficientes para recibir a las personas que huyen de la persecución o de penurias económicas tienen la obligación moral de atenderlos, sin importar su situación legal.

Alrededor del 30% de los casi 65 millones de católicos estadounidenses son hispanos, y la Iglesia tiene una extensa red de servicio social para los inmigrantes.

En un sondeo de AP-Ipsos, los católicos se mostraron más propensos que los protestantes y los evangélicos blancos a permitir que los inmigrantes sean trabajadores temporales y a rechazar que sea un delito grave su permanencia sin documentos en Estados Unidos.

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