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Vivir o sobrevivir: por qué la vivienda y el costo de vida son cada vez más caros

La pregunta, entonces, no es solamente cuánto cuesta vivir en una gran ciudad, sino cuánto de lo que se gana permite realmente vivir después de pagar lo indispensable

Ciudad de México, Nueva York y París: vivir cuesta cada vez más. IA

Ciudad de México, Nueva York y París: vivir cuesta cada vez más. IA

Comprar una casa, pagar la renta, trasladarse al trabajo y llenar la despensa se han convertido en desafíos económicos para millones de personas. En ciudades como Ciudad de México, Nueva York, París y Tokio, el encarecimiento de la vivienda refleja un problema que va más allá de la inflación: cada vez resulta más difícil convertir los ingresos del trabajo en estabilidad y calidad de vida.

Un análisis de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) documentó que, entre 2012 y 2022, los precios reales de la vivienda aumentaron aproximadamente 112% en el Valle de México, 61% en Nueva York, 37% en Tokio y 27% en París. Las cifras muestran diferencias importantes entre mercados, pero también revelan una presión compartida en grandes centros urbanos.

¿Por qué se ha vuelto tan caro vivir en las grandes ciudades?

El encarecimiento de la vida no tiene una sola explicación. La concentración de empleos y servicios en las grandes ciudades atrae a más habitantes, mientras que la construcción de viviendas bien ubicadas no siempre crece al mismo ritmo que la demanda.

A esto se suman el precio del suelo, los costos de construcción, las tasas de interés y las dificultades para desarrollar vivienda accesible cerca de los centros de trabajo. Cuando los hogares no pueden comprar, deben permanecer en el mercado de alquiler, compartir vivienda o mudarse a zonas más alejadas.

El informe Confronting the Cost-of-Living and Housing Crisis in Cities, publicado por la OCDE en 2023, advirtió que la crisis de la vivienda se combina con el aumento del costo de vida y afecta especialmente a los hogares de ingresos bajos y medios. La organización también destacó que los gastos de vivienda pueden desplazar otros consumos esenciales, como alimentación, transporte y salud.

La tendencia no se limita a unas cuantas capitales. En su informe Regions and Cities at a Glance 2024, la OCDE encontró que los precios de la vivienda aumentaron cerca de 68% durante la década analizada en las grandes áreas urbanas funcionales de los países estudiados, frente a 50% en las ciudades medianas y 37% en las pequeñas.

Ciudad de México, Nueva York, París y Tokio: cuatro mercados bajo presión

Ciudad de México destaca en la comparación por el crecimiento de los precios reales de la vivienda. El aumento de aproximadamente 112% registrado en el Valle de México entre 2012 y 2022 refleja una presión considerable sobre quienes buscan adquirir una propiedad.

En México, el problema también está relacionado con el acceso al crédito y la disponibilidad de vivienda social. En su estudio económico de México de 2024, la OCDE señaló que los precios reales de las viviendas en el país aumentaron 31% entre 2005 y 2020, mientras que crecieron 1.5 veces más rápido que los ingresos promedio durante ese periodo.

La organización también advirtió que, para los hogares mexicanos del decil de menores ingresos, los gastos de vivienda pueden alcanzar alrededor de 60% del ingreso bruto cuando se incluyen los servicios básicos.

En Nueva York, el encarecimiento de la vivienda convive con costos elevados de transporte y otros servicios urbanos. En París, la disponibilidad de vivienda asequible constituye un desafío persistente. Tokio, por su parte, presenta una trayectoria distinta en los precios inmobiliarios, lo que demuestra que no todas las ciudades experimentan el mismo ritmo de aumento ni tienen las mismas condiciones de oferta.

La comparación permite entender una cuestión central: el precio de una vivienda no determina por sí solo qué tan difícil resulta vivir en una ciudad. También importan los salarios, las rentas, los servicios públicos, los desplazamientos diarios y la proporción del ingreso que queda disponible después de cubrir las necesidades básicas.

¿Cuánto del salario se destina a sobrevivir?

El problema se aprecia con mayor claridad al observar cuánto dinero queda después de pagar un lugar donde vivir. En su World Cities Report 2026, ONU-Hábitat estimó que los precios de la vivienda en relación con los ingresos aumentaron a escala mundial: el indicador pasó de 9.5 en 2010 a 11.7 en 2023.

El mismo informe señaló que 44% de los hogares inquilinos del mundo destinan más de 30% de sus ingresos a la vivienda.

Cuando la renta o la hipoteca absorben una parte creciente del salario, las familias tienen menos margen para ahorrar, enfrentar emergencias, estudiar o mejorar su alimentación. Para algunos trabajadores, mudarse a la periferia reduce el costo de la vivienda, pero aumenta el gasto y el tiempo de traslado.

La pregunta, entonces, no es solamente cuánto cuesta vivir en una gran ciudad, sino cuánto de lo que se gana permite realmente vivir después de pagar lo indispensable.

Los estudios internacionales apuntan a un desafío estructural: ampliar la oferta de vivienda accesible, mejorar la conexión entre hogares y empleos y evitar que el crecimiento urbano excluya a quienes sostienen la economía de las ciudades.

Porque cuando trabajar ya no alcanza para pagar una vivienda adecuada y cubrir las necesidades básicas, la distancia entre vivir y sobrevivir deja de ser una metáfora y se convierte en una realidad cotidiana.

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