CON MELISSA MOCHULSKE

A mi manera: Navidad Romeritos

Soy Melissa Mochulske, y hoy les voy a contar por qué se comen romeritos en temporada navideña, a mi manera.

Romeritos o no romeritos... esa, es una de las constantes interrogantes en esta temporada. Y es que realmente, me atrevo a decir que el país entero está dividido entre quienes los aman o de plano alucinan.

Aunque ustedes no lo crean, la llegada de los romeritos a nuestra mesa se la debemos de inicio, a los aztecas, quienes aprovechando todo lo que la tierra les daba, comían hasta la maleza que invadía sus milpas. Para su suerte, los romeritos resultaron ser de la familia de los quelites (al igual que los quintoniles, epazote, verdolagas, otras ramitas verdes más) y se dice, los comían hervidos.

Esta preparación evolucionó con la llegada de los ahuahutles al platillo, huevecillos comestible de un mosco acuático que vive en zonas lacustres y cuyo sabor es parecido al camarón.

¿En qué momento mejora este revuelto de maleza y huevecillos de mosco acuático?

Cuenta la historia que en el templo de La Soledad (ubicado en Puebla), hubo un recorte de presupuesto tan grande, que llegaron al punto de no tener nada para comer. La consigna para las monjas carmelitas, fue preparar un platillo con todo lo que tenían a la mano en esos momentos.

Ese día fueron a la olla, romeritos, papas, nopales y mole poblano. A lo que surgió de esta mezcla improvisada se le llamó “revoltijo”, y cuando las monjas lo probaron, se sorprendieron gratamente por su sabor, así que decidieron compartir la receta con el resto de los conventos pues era barato, nutritivo, fácil de preparar y delicioso.

Los romeritos se adaptaron perfectamente para la cuaresma y la adición de tortitas de camarón (evocando la receta prehispánica con ahuahutles) enriqueció aún más al platillo. En navidad ocurrió lo mismo pues, la noche del 24 era día de vigilia y hasta el 25 se podía comer pavo.

Soy Melissa Mochulske, y para W Radio, esta fue la historia de los romeritos navideños, a mi manera.

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