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¿Por qué la vergüenza conduce a la codependencia?

¿Dejas de ser asertivo, temes expresar tus deseos y puntos de vista por temor al desprecio? Esto es para ti

Sentirse mal porque a veces las cosas no van bien es perfectamente normal. De hecho este sentimiento es el que nos impulsa a hacer cambios y corregir lo que sea posible y adaptarnos a lo incambiable. Pero sentirnos mal por ser nosotros; por considerarnos seres defectuosos y sin esperanza es otra cosa mucho más grave que conduce a la vergüenza y a buscar afuera lo que se siente que nunca se podrá obtener desde adentro. Vamos a conversar con Mario Guerra, tanatólogo, conferencista, business coach y psicoterapeuta, esta vez acerca de la insospechada relación entre la vergüenza y la codependencia y sus nocivos efectos en nuestra vida.

¿Qué es la vergüenza?

Podemos definirla como una respuesta fisiológica, del sistema nervioso autónomo, que consiste en un incremento del ritmo cardiaco, enrojecimiento o rubor de la piel, evitar el contacto visual, dirigir la cabeza al piso, encoger los hombros, sudoración, sensación de escalofrío o “balde de agua fría” que recorre el cuerpo e incluso sensación de mareo y náusea. Además se desprende un juicio entre la culpa y la misma vergüenza.

Si la vergüenza se hace crónica, no sólo se disparan las respuestas del sistema nervioso autónomo que ya mencionamos, sino que además empieza a solidificarse en un sistema de creencias distorsionadas que la arraigan cada vez más en nuestra mente: “Soy un fracasado, nunca hago nada bien, a nadie le importo, no merezco ser feliz, soy una mala persona, soy la oveja negra, soy un fraude, etc” Todo esto afecta seriamente nuestra autoestima manteniéndola constantemente baja.

¿Qué es la codependencia?

Es un vínculo afectivo dependiente y adictivo en donde una persona cede a otra su identidad y poder personal y hace su autoestima dependiente de la aprobación del otro.

¿Cómo se relacionan ambas?

Cuando te sientes tan “poca cosa” es muy fácil que idealices a “cualquier cosa”. Con la vergüenza crónica te cuesta poner límites, soportas tratos y conductas dañinos bajo el pretexto de que lo haces por amor (cuando en realidad lo haces desde un gran miedo o una gran necesidad). Quizá la evidencia más clara y observable es que siempre te estás disculpando por lo que dices, por lo que haces, por lo que olvidas, por lo que necesitas y hasta por existir.

Dejas de ser asertivo; temes expresar tus deseos y puntos de vista por temor al desprecio o rechazo de la persona de la que dependes. Tampoco sientes la fuerza necesaria para abandonar una relación así. Tu temor más grande es que si te deja te mueres o que ya nunca podrás encontrar a nadie que ame a alguien como tú crees que eres.

¿Cómo solucionarlo?

Curiosamente para desarrollar la fortaleza necesaria antes debes permitir sentirte vulnerable sin salir corriendo a protegerte bajo la sombra de nadie. • Identifica qué te dicen esas voces que en tu cabeza rebotan haciéndote creer que vales menos de lo que en realidad vales y que puedes menos que en lo que en realidad puedes. Luego hazte una pregunta ¿Cuándo, dónde y de quién aprendí a pensar eso de mí o a tratarme así? Te vas a dar cuenta que no eres lo que esas voces dicen que eres. Una vez que desarrolles mayor fortaleza en el alma, el fluir hacia tu libertad es natural.

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