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Una parte de historia de Pekín morirá con las olimpíadas

Pekín, una de las ciudades fabulosas de la antigüedad, está experimentando los dolores del crecimiento a medida que se esfuerza por modernizarse para los Juegos Olímpicos del 2008.

Pekín, China, abril 14, 2006.- Pekín, una de las ciudades fabulosas de la antigüedad, está experimentando los dolores del crecimiento a medida que se esfuerza por modernizarse para los Juegos Olímpicos del 2008.

Las grúas y las mezcladoras de cemento funcionan sin cesar para construir lo que la ciudad promete serán los mejores estadios, piscinas, gimnasios y canchas deportivas que hayan visto los juegos desde su restauración en 1896.

Pero el proceso de modernizar una ciudad enraizada en la historia e impulsada al futuro amenaza liquidar una de las joyas singulares arquitectónicas y sociales de Pekín, los hutong, callejuelas antiguas y características que conducen a los palacios imperiales y que albergan modestas viviendas. Buena parte de los 15 millones de residentes de Pekín los habitan.

Hutong proviene del término mongol que significa "pozo", y se les da ese nombre porque se creía que se construían cerca de los pozos. Se erigieron durante la época del emperador mongol Jublai Jan, que estableció la capital en Pekín, y un siglo después caracterizaron la ciudad durante la dinastía Ming.

A menudo ornados con primorosos jardines y portales, sus ocupantes vivían muy cerca unos de otros, pero los muros elevados de los patios mantenían separados a los vecinos, uno de los secretos para convivir pacíficamente en una metrópolis atestada.

En los últimos años, en anticipo a la presentación de las olimpíadas, Pekín ha estado demoliendo los hutong para construir viviendas y caminos que la ciudad tanto necesita. Algunos de los hutong están desvencijados y sucios y las autoridades no quieren que los vean los visitantes a los juegos.

Es por eso que el proceso continúa y va reduciendo cada año el número de los hutong. Se pronostica que no quedará ninguno en el término de una década.

La destrucción de ese vestigio del pasado ha asumido un tono de inevitabilidad, pese a ocasionales protestas de viejos ocupantes y alguna gente de influencia.

En diciembre, después que se demolieron cinco compuestos de hutong en la parte más pintoresca de la ciudad, ocho prominentes asesores del gobierno solicitaron públicamente la preservación de los 60 restantes.

No es la primera vez que el régimen comunista ha sacrificado un tesoro cultural a las exigencias de la modernidad. Las imponentes murallas de la ciudad fueron derribadas después que los comunistas se adueñaron del poder en 1949, dejando margen a la expansión urbana y destruyendo un símbolo de la antigua sociedad.

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