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No hay ningún fenómeno en las semifinales de Copa Confederaciones

Ninguno acreditó ser una maravilla y en todo caso el más flojo fue Brasil, que hizo equilibrio en la cornisa y casi pierde la vida.

Hannover, Alemania, junio 23, 2005.- Ninguno acreditó ser una maravilla y en todo caso el más flojo fue Brasil, que hizo equilibrio en la cornisa y casi pierde la vida.

Tranquilos y con ruta despejada avanzaron Argentina y México, que se medirán el domingo (en Hannover) y el local Alemania, que chocará un día antes con Brasil (Nuremburg), en las semifinales de la Copa Confederaciones.

Latinoamérica avanzó con su dotación completa lo cual le garantiza -debido al choque entre Argentina y México- que uno de sus seleccionados dispute la final del 29 de junio en Francfort, el mismo día del partido por el tercer puesto en Leipzig.

Argentina y Alemania provienen del Grupo A, en el que ambos finalizaron con siete puntos y en el que igualaron 2-2 el martes en Nuremburg.

Dentro de esa paridad, Alemania se quedó con el primer puesto por haber marcado ocho goles, apenas uno más que Argentina. Ambos recibieron cinco.

México, el que mejor impresión dejó de todos los semifinalistas, se clasificó con holgura al sumar siete puntos, tres más que Brasil y Japón, al que los tetracampeones mundiales desalojaron de la segunda posición por mejor diferencia de goles.

El campeón mundial Brasil sufrió hasta el último segundo en el empate 2-2 el miércoles con Japón, en Colonia. Era justo el resultado que Brasil necesitaba.

Pero cuando el árbitro ya estaba mirando la hora, se salvó de la eliminación gracias a Marcos, quien se mandó una atajada colosal ante un disparo a quemarropa de Masashi Oguro.

Brasil utilizó nuevos esquemas. En los tres partidos, por ejemplo, utilizó a 20 futbolistas diferentes.

Su técnico Carlos Alberto Parreira dijo que "se acabaron los experimentos" y que ante Alemania saldría con lo mejor que tiene a mano.

"Será un partido muy duro", dijo Parreira. "Ellos vienen muy bien, mientras que nosotros cargamos con el peso" de los recientes partidos de las eliminatorias para el mundial de 2006 y los tres de este certamen.

"Esa es una enorme carga física y mental para mis jugadores", agregó.

De todos modos, Argentina y México también sobrellevan ese peso extra de estar embarcados en la carrera hacia el mundial, algo que no ocurre con Alemania que no necesita pasaporte por ser el país anfitrión.

Está muy claro que Brasil y Alemania reeditarán un viejo duelo de dos escuelas: la sudamericana y la europea, muy pero muy marcada en estos dos equipos.

Una, con su elegancia, habilidad e imaginación, y la otra llena de potencia física, haciendo del esfuerzo un juramento y marcadamente frontal al encarar hacia el gol.

Argentina, otro abanderado de esa academia sudamericana, se medirá con un México que está dando sobradas muestras -a nivel de equipos y de selecciones- que ya se graduó en la universidad y con un libreto propio que editó en la CONCACAF.

Astucia, confianza, tenacidad y fibra, son algunas de las materias que mejor aprobaron. Y hay otra que se llama rapidez, y a la que su técnico Ricardo La Volpe les hizo hacer un curso acelerado.

"Argentina tiene que cuidarse, nosotros somos rápidos y tenemos buenas llegadas", dijo La Volpe, quien es argentino, pero con casi un cuarto siglo viviendo en México, donde llegó como arquero y después se convirtió en entrenador.

Argentina es un equipo con altibajos: su equipo nace con la irregularidad de su cuidapalos Germán Lux y con su defensa en general; toma un mejor perfil en el mediocampo y desde allí para arriba las cosas van mejorando, máxime cuando Juan Riquelme desempolva su toque e inspiración.

Esta copa pasó a ser un recuerdo para cuatro campeones: Grecia (de Europa), Japón (Asia), Australia (Oceanía) y Túnez (África).

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