• 11 SEP 2026, Actualizado 19:24

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11 de septiembre de 2001: 25 años de una tragedia que cambió al mundo

Hace 25 años, Nueva York amaneció con el ruido habitual de una ciudad que nunca duerme. Nadie sabía que, antes de que terminara la mañana, las Torres Gemelas desaparecerían del horizonte y miles de familias comenzarían una espera que cambiaría sus vidas para siempre. El 11 de septiembre de 2001 quedó suspendido en la memoria como una mañana que todavía parece estar ocurriendo

Mx - Torres gemelas en Nueva York / Bob Krist

Nueva York, antes de las 8:46

Era martes.

Manhattan despertaba con la prisa de siempre. El sonido de los motores, los pasos apresurados sobre las banquetas, el movimiento de los trenes y las conversaciones de quienes iban camino al trabajo componían aquella mañana aparentemente ordinaria.

Y allí estaban ellas.

Las Torres Gemelas se levantaban sobre el sur de Manhattan, reflejando la luz de septiembre. Durante años habían sido parte del paisaje cotidiano de Nueva York. Para algunos eran oficinas; para otros, un lugar para visitar. Para millones de personas alrededor del mundo, eran simplemente esas dos torres que aparecían en las fotografías de la ciudad.

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A las 8:46, el mundo se detuvo

El vuelo 11 de American Airlines impactó la Torre Norte del World Trade Center.

Durante unos segundos, nadie podía entender lo que estaba viendo.

Después llegó el segundo impacto.

A las 9:03, el vuelo 175 se estrelló contra la Torre Sur.

Entonces dejó de ser una tragedia difícil de explicar y se convirtió en una escena que millones de personas observarían, atónitas, frente a sus televisores.

Mx - Torres gemelas en Nueva York. / Barry Winiker

El humo comenzó a ocupar el cielo

Desde las calles, las torres parecían heridas.

El humo salía de los edificios y se extendía sobre Manhattan. Las personas corrían. Otras permanecían inmóviles, mirando hacia arriba, tratando de encontrar una explicación.

Dentro de las torres, miles de trabajadores buscaban una salida.

Las escaleras comenzaron a llenarse.

Algunos llamaban a sus familias. Otros dejaban mensajes. Había quienes todavía no sabían exactamente qué estaba ocurriendo.

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En algún lugar de Nueva York, alguien seguramente seguía preparando el desayuno. Alguien más esperaba que una persona querida llegara a trabajar. Alguien miraba el reloj pensando en la hora de la comida.

La vida cotidiana todavía intentaba continuar mientras, en el cielo, todo había cambiado.

A las 9:37, otro avión impactó el Pentágono.

Y a las 9:59, la Torre Sur comenzó a caer.

En apenas unos segundos, uno de los edificios más reconocibles del mundo desapareció detrás de una enorme nube de polvo.

Nueva York quedó cubierta de gris.

Mx - Torres gemelas en Nueva York. / Photography By Escobar Studios

Cuando cayó la segunda torre

A las 10:28, la Torre Norte también se desplomó.

Ya no estaban.

El lugar que durante décadas había tenido dos gigantes de concreto y acero sobre el horizonte quedó convertido en escombros.

Y entonces ocurrió algo extraño.

La ciudad, acostumbrada a su propio ruido, parecía no saber qué sonido hacer.

Había sirenas. Había gritos. Había pasos. Había teléfonos sonando.

Pero también había silencio.

Un silencio lleno de preguntas.

¿Dónde está mi hermano?

¿Dónde está mi hija?

¿Dónde está mi esposo?

¿Dónde está mi amiga?

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Miles de personas comenzaron a buscar respuestas mientras las fotografías de los desaparecidos aparecían en las calles. Rostros sonrientes quedaron pegados en paredes, postes y estaciones. Cada fotografía representaba una vida que alguien esperaba recuperar.

En total, 2,977 personas murieron en los atentados del 11 de septiembre.

Cada una tenía una historia. Una casa a la que regresar. Alguien que esperaba verla por la tarde. Una llamada pendiente. Un cumpleaños próximo. Una vida que, aquella mañana, quedó suspendida para siempre.

Mx - Torres gemelas en Nueva York. / Jon Hicks

Veinticinco años mirando hacia atrás

Hoy han pasado 25 años.

Para quienes vivieron aquella mañana, septiembre de 2001 no parece tan lejano. Basta una imagen, una grabación o una fotografía para regresar a ese instante en el que el mundo observó cómo las torres desaparecían del horizonte.

Para quienes nacieron después, las Torres Gemelas existen únicamente en fotografías.

Pero quizá esa sea una de las formas más profundas de la memoria: convertir un lugar que ya no existe en algo que todavía podemos recordar.

Las nuevas generaciones pueden no haber visto las torres de pie, pero conocen sus nombres. Saben que alguna vez estuvieron allí. Saben que miles de personas entraron aquella mañana sin imaginar que no regresarían a casa.

Y cada 11 de septiembre, Nueva York vuelve a recordar.

Se pronuncian nombres.

Se encienden luces.

El cielo vuelve a llenarse de memoria.

Porque 25 años después, las Torres Gemelas ya no forman parte del horizonte de Manhattan.

Pero permanecen en otro lugar.

En las fotografías guardadas en álbumes. En las historias familiares. En los nombres que todavía se pronuncian. En quienes sobrevivieron. En quienes esperaron una llamada que nunca llegó.

Y quizá por eso, cuando llega septiembre y la noche cae sobre Nueva York, hay algo que todavía parece faltar en el cielo.

Dos torres.

Dos sombras.

Dos edificios que desaparecieron en una mañana de martes, pero que el tiempo, incluso después de 25 años, no ha conseguido borrar.