• 28 AGO 2026, Actualizado 01:10

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De los lunares al infinito: así Yayoi Kusama revolucionó el arte japonés

Yayoi rompió las reglas del arte con puntos, espejos y patrones repetitivos

De los lunares al infinito: así Yayoi Kusama revolucionó el arte japonés. Getty Images

Yayoi Kusama convirtió los lunares, las redes, los espejos y las repeticiones en un lenguaje artístico reconocible en todo el mundo. Su obra rompió las fronteras entre pintura, escultura, instalación, performance y cultura popular, hasta convertirla en una de las figuras más influyentes del arte contemporáneo.

La artista japonesa falleció el 14 de agosto de 2026 en Tokio, a los 97 años, según confirmó su equipo y el Museo Yayoi Kusama. Hasta sus últimos días continuó dedicada a la creación artística.

Kusama fue la artista japonesa que convirtió los lunares en revolución. Getty Images / Hannah Peters

¿Quién fue Yayoi Kusama?

Kusama nació en 1929 en Matsumoto, Japón. Desde pequeña experimentó visiones y alucinaciones que posteriormente se convertirían en una fuente fundamental de su producción artística. Comenzó a representar aquellas experiencias mediante dibujos llenos de redes y puntos repetitivos.

Su interés por la repetición terminó convirtiéndose en una de las características centrales de su obra. Para Kusama, los puntos podían multiplicarse hasta cubrir superficies enteras y provocar la sensación de que el individuo desaparecía dentro de un universo mucho más grande.

A este concepto lo llamó “autoaniquilación”, una filosofía basada en la repetición y proliferación de motivos hasta perder los límites entre el cuerpo, el espacio y el entorno.

De Japón a Nueva York

En 1957, Kusama viajó a Estados Unidos y posteriormente se estableció en Nueva York, donde comenzó a relacionarse con la escena artística de vanguardia. Ahí desarrolló pinturas de gran formato, esculturas blandas, instalaciones, performances y otras propuestas que desafiaban las categorías tradicionales del arte.

Durante los años sesenta participó en una escena artística dominada por hombres y estuvo vinculada con figuras como Andy Warhol, Donald Judd y Claes Oldenburg. Su propuesta también dialogó con movimientos como el Pop Art y el Minimalismo.

Pero Kusama no quiso limitarse a las galerías. También realizó happenings, body painting, películas, performances y acciones de carácter político y contracultural.

El infinito como obra de arte

Una de sus mayores aportaciones fueron las Infinity Mirror Rooms, instalaciones en las que espejos, luces y objetos generan espacios aparentemente interminables.

El espectador deja de ser solamente alguien que observa una obra y pasa a formar parte de ella. Los reflejos multiplican el espacio y crean la sensación de estar frente a un universo sin límites.

La primera de estas instalaciones inmersivas, Infinity Mirror Room—Phalli’s Field, apareció en 1965 y convirtió la repetición que Kusama había desarrollado en sus pinturas en una experiencia física y participativa.

Los lunares que conquistaron al mundo

Los famosos lunares de Kusama tampoco fueron simplemente un recurso decorativo. Se convirtieron en una herramienta para representar la repetición, el infinito y la desaparición de las fronteras individuales.

Con el paso de las décadas, esos patrones aparecieron en pinturas, esculturas, instalaciones, ropa, objetos y colaboraciones comerciales. Sus calabazas, especialmente las esculturas amarillas cubiertas de puntos negros, también se transformaron en una de las imágenes más reconocibles de su carrera.

Su influencia terminó saliendo de los museos y llegó a la cultura popular, convirtiendo su estética en un fenómeno global.

El legado de Yayoi Kusama

Kusama regresó a Japón en 1973 y continuó trabajando desde Tokio. En 2017 abrió el Museo Yayoi Kusama, dedicado a su trayectoria y a la difusión de su obra.

También recibió importantes reconocimientos, entre ellos la Orden de la Cultura de Japón en 2016.

Más de siete décadas de creación dejaron una conclusión difícil de ignorar: Kusama consiguió convertir experiencias personales, obsesiones y visiones en un lenguaje universal.

De los pequeños puntos que dibujaba durante su infancia a las gigantescas salas de espejos que reciben a millones de visitantes, Yayoi Kusama convirtió el infinito en una experiencia visual.

Y esa quizá sea su mayor revolución: demostrar que una idea aparentemente sencilla —un punto repetido una y otra vez— podía terminar cambiando para siempre la manera en que el mundo entiende el arte japonés y el arte contemporáneo.