In Memoriam, Keith Flint

(17 de septiembre de 1969 – 4 de marzo de 2019, 49 años)

¡UN PUÑETAZO EN LA FRENTE! Una mirada viciosa, un grito de guerra, un estruendo de furia y un “pericazo” de energía intensa… así llegó el sonido de The Prodigy a nuestros oídos en 1994. Técnicamente, desde un par de años antes cuando lanzaron Experience, solo que el impacto mundial lo fueron empujando desde Music For The Jilted Generation y el sencillo “Voodoo People”. Este grupo era una mezcla de guitarras con crudeza punk y música electrónica de tendencias muy bailables que levantaba los arranques más precipitados de nuestro instinto. La música la hacía Liam Howlett –tecladista, compositor y mente maestra del conjunto inglés-, pero la particularidad de este conjunto es que realmente no necesitaba tanto de otros músicos en el escenario, sino gente que tuviera la facultad cantar y bailar de forma arrebatada.

Por poco glamoroso que parezca para un conjunto con tanta potencia, esa era la esencia del conjunto. Ya fuera desde la espigada presencia y pasos de Leeroy Thornhill, los versos y agresiva imagen de Maxim Reality o los contundentes y agresivos ritmos que dejaba Liam Howlett, la realidad es que nada de lo que heredó The Prodigy habría tenido la misma repercusión de no tener como figura central a Keith Flint.

Él no pintaba para ser parte de esa cultura del shock que a mediados de los noventa causaron tanto impacto en la juventud algunos personajes desde la escena musical. Mientras Estados Unidos rompía los cánones de la buena conducta y moral con la polémica existencia del alter ego de Brian Warner – Marilyn Manson-, en Gran Bretaña nuestras ideas hacían colisión con la ráfaga de éxtasis en la música que traía The Prodigy. Flint era la viva imagen de esa rebelión juvenil con los ojos delineados de forma descuidada, cabello recortado en forma de cuernos y voz rasposa que hacía perfecta comunión con la distorsión recurrente de su fondo (estruendo) melódico. Aunque su imagen siempre pareció amenazadora, Flint solía mantener un perfil bajo más allá de las presentaciones del grupo.

Fundador del conjunto que inició su andar a fines de los 80 e inicios de los 90, Keith Flint fue quien motivó a Liam Howlett a formar The Prodigy. Aproximadamente hace tres décadas, Flint conoció a Liam mientras este hacía de DJ en un club en Essex. Emocionado por lo que escuchaba, le pidió un mixtape –o una cinta mezclada- y quedó fascinado. Lo convenció de presentar su trabajo en vivo y le dijo que, tanto él como su amigo Leeroy Thornhill, bailarían en sus actuaciones. Así fue como el grupo empezó a ganar notoriedad en la escena rave de Gran Bretaña. La actitud disidente del grupo le hizo ganar adeptos, pero la facultad de irrumpir con violencia y detonar la energía que se concentra en una presentación como nadie la fueron alcanzando con los años. Con la llegada de Maxim Reality y su aporte en rimas, la presencia de Keith ganó notoriedad y su presencia vocal se hizo indispensable para que los éxitos más distintivos del grupo llegaran a la repercusión mundial. Aunque el punk rave ya tenía representantes con nombres como Atari Teenage Riot, fue la ebullición que ardía con The Prodigy la que fracturó el orden y dejó que el caos se normalizara. Keith Flint era la imagen de ese movimiento que le diera reflectores a la escena de drogas, violencia, exceso y baile que explotaba en la cara sin usar trucos gore.

La muerte de Keith Flint a los 49 años puede tener muchas aristas, numerosos rumores y, por muchas teorías que pueda haber sobre el trasfondo de su aparente suicidio, la única realidad es que murió una figura más del tan lacerado mundo de la música. El otrora vocalista de The Prodigy no se distinguía por ser una figura plagada de excesos –como las características de su imagen o escena musical hacen suponer-; por el contrario, era un amante de las motocicletas que no hacía mucho alarde de su vida privada y cuya personalidad estaba resguardada para sus más cercanos. Tuvo una banda como proyecto alterno a The Prodigy nombrado como su apellido y se casó dos veces, pero nunca se distinguió en la escena pública por conductas autodestructivas o que dieran pista de su destino final. Su nombre se integra a la incómoda lista de músicos que perdieron la vida por su propia mano como Kurt Cobain, Ian Curtis, Elliott Smith, Chester Bennington, Chris Cornell o Avicii, entre varios y reconocidos nombres. Descanse en paz y descanse en poder, Keith Flint.

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