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Faisy y Alejandro Gómez

Sociedad

VIRAL

Mujer rompe pieza de arte en galería y no paga por ella

Esta increíble historia desmiente un gran mito acerca de los museos

Foto: Especial

La idea de visitar un museo no entusiasma a casi nadie, mucho menos a los despistados que destruyen todos los objetos que llegan a sus manos aunque, en realidad, se necesita tener mala suerte para vivir una situación semejante en un lugar repleto de cosas caras e invaluables.

Pues la suerte le jugó una mala pasada a la escritora Alison Kenney, quien se metió en un buen lío en una galería de arte de Nueva York al sentarse en una escultura de 8,000 dólares luego de confundirla con un banco.

Foto: Especial

Dicha pieza estaba hecha de espuma de poliestireno recubierta; mejor dicho, no aguantaba el peso de una persona y la escritora lo descubrió a la mala luego de romper una de sus esquinas.

En un intento desesperado por salir bien librada del episodio, miró a todos lados, puso cara de indignación como si hubiera sido otro y se fugó a la siguiente sala creyendo no haber sido vista por nadie.

Desafortunadamente, el recinto, como la mayoría de los museos, tenía cámaras de seguridad que captaron el momento preciso del accidente, al igual que un vigilante encargado de reportar esta clase de incidencias.

Contrario a lo que cualquiera podría pensar, los museos no son como los grandes almacenes, que te obligan a pagar todo lo que rompes, sino que cuentan con seguros privados que los cubren en caso de que se presenten situaciones como esta. Por este motivo, Alison tuvo que declarar lo que había sucedido así como dar sus datos personales para ser incluidos en el parte de la aseguradora.

Foto: Especial

Una vez hecho este trámite, un experto en restauración realiza un peritaje para valuar los daños y redactar el informe en donde sugiere el mejor método de restauración o indemnización correspondiente, que suele ser el valor total de la obra, en caso de pérdida total.

En casos fortuitos, los visitantes no tienen que pagar nada, pues las compañías de seguros consideran que es deber del museo proteger las obras, pero cuando la destrucción es deliberada, el usuario corre con los costos de reparación y, en casos severos, con una denuncia en donde se solicita una indemnización adicional.