CON MARTHA DEBAYLE

Coronavirus: ¿Por qué estamos comiendo tanto?

¿Quién de ustedes está que no puede dejar de comer con la cuarentena? Les decimos por qué y cómo parar

Adriana Esteva, especialista en Nutrición Emocional. 

Bastantes son los temas que hoy nos tienen la cabeza, el corazón, la cartera, la estabilidad, las emociones y los nervios “fuera de lugar”.

¿Qué es lo primero (además de papel de baño), que tuviste el impulso de abastecer?

Me imagino que dentro de tus prioridades estuvo la comida y no solo eso, sino que es posible que no solo la hayas querido acumular en la alacena, sino en tu cuerpo.

Desde hace unos días, he recibido mensajes como: “No puedo parar de comer” “Estoy fuera de control”

¿Por qué esa necesidad imperiosa de comer más de lo normal en situaciones como esta?

La amenaza de escases: Cuando nuestro cuerpo reconoce que existe la posibilidad, real o imaginaria de que no va a poder cubrir sus necesidades de comida, se pone en alerta nuestro sistema de supervivencia. Comer es uno de las necesidades más básicas de todo ser vivo. ¿Qué hace nuestro sistema como medida para ponerse a salvo?

Se desajusta la secreción de la ghrelina que es la hormona del hambre y de la leptina que es la hormona de la saciedad. Automáticamente se secreta más grhelina y menos leptina, esto con la intención de que comamos más y de que no registremos la sensación de saciedad para poder almacenar energía .

El metabolismo se alenta intentando proteger los niveles de energía y garantizar el funcionamiento de los órganos vitales.

La mente nos bombardea con imágenes de comida, buscando movilizarnos a comer.

La búsqueda de seguridad:

Cuando se pone en riesgo la vida o la integridad física, psíquica y/o emocional, nuestro sistema va a buscar formas de regularse. Para entender este proceso es importante conocer un poco de nuestro sistema nervioso autónomo, que como su nombre lo dice es automático y está encargado entre otras cosas de nuestra supervivencia.

Lo conforman dos sistemas: El sistema simpático, encargado de la movilización. Es lo que nos hace levantarnos, activarnos y el sistema para simpático, encargado del descanso, la digestión y la conexión.

Cuando el sistema detecta un riesgo activa tres sistemas básicos de defensa: Luchar y huir por parte del sistema simpático y congelarnos (por parte del sistema para simpático). Al no poder ser completadas las respuestas de lucha y huida, entonces el sistema nos congela para ponernos a salvo. Aquí es en donde sentimos que no nos podemos mover.

Cuando estamos en modo supervivencia ya sea queriendo huir, luchar o congelándonos, se acorta la visión, la capacidad de escuchar y la respiración por lo tanto la oxigenación, lo cual hace que no podamos tener un pensamiento lógico, vemos menos opciones y nos desconectamos de nuestros propios recursos y de los que el entorno (el otro y lo otro) nos pueden brindar.

Nuestro sistema siempre va a buscar regularse, esto sería moviéndose para satisfacer una necesidad (simpático) y relajándose cuando se cubre dicha necesidad para entonces poder dar paso a la digestión y reponer la energía a través de la relajación (para simpático).

Cuando nuestras necesidades no son satisfechas o sentimos que no son satisfechas, entonces vivimos en modo supervivencia todo el tiempo .

¿Cuáles son las necesidades que en estos momentos sientes que no pueden ser satisfechas para ti?

¿Seguridad?

¿Congruencia?

¿Cuidado?

¿Contacto?

¿Confianza?

¿Sustento?

¿Compañía?

¿Certeza?

¿Qué otras?

¿Qué sientes cuando estás comiendo?

“Curiosamente” ….

Seguridad (estoy a salvo aunque sea por este momento)

Cuidado (hay alguien aquí haciéndose cargo)

Contacto (este abrazo que seguramente quisiera recibir de alguien más , me lo está dando la comida)

Certeza (ahorita se que si hay algo para mi)

Confianza (esta comida que está en mi boca no se va)

Compañía

A nivel sistema nervioso, la comida al masticarla y tragarla activa al nervio vago ventral. Cuando se estimulan los nervios faciales (al masticar) y el tubo digestivo (al tragar) se tranquiliza el corazón.

Además cuando la comida llega al estómago se estimula una vez más al nervio vago y entonces este puede realizar las funciones de descansar y digerir, se siente un estado de calma y neutralidad .

Esto no quiere decir que con la comida se nos van a quitar nuestros problemas y angustias, solo estamos viendo que fisiológicamente si sucede una sensación de calma. El problema es querer permanecer en ella a través de la comida en lugar de buscar otras opciones.

A muchos de nosotros nos “calmaron” con comida, en especial con alimentos dulces, con sabores muy estimulantes. No es raro que hoy los busquemos. Son patrones muy aprendidos.

Conexión : Ya sea que nos consideremos sociales o anti- sociales, la verdad es que somos seres en relación y necesitamos al otro o a lo otro para regularnos, es decir, si siento que hace frio, me pongo un suéter para regular mi temperatura (lo otro, la temperatura externa , me ayuda a yo hacer algo por mi temperatura interna).

Pensemos en un niño pequeño: Hace algo e inmediatamente voltea a ver a sus padres o cuidadores para mirar su reacción y así poder “codificar” si lo que hizo está bien o mal.

Es decir, nos guste o no, la conexión con el otro tiene gran impacto en nosotros y en estos momentos es muy probable que esa conexión esté siendo mucho más evidente con quien compartamos este “aislamiento”, más riesgosa con los de afuera y por supuesto esto impacta en la relación con nuestras reacciones, necesidades y sentimientos.

La comida por un lado favorece la conexión, ya que si me siento a salvo a un nivel primario (estar alimentado), puedo entonces conectar con el otro.

Y también por otro lado la comida, si me atiborro, me ayuda a desconectarme de lo de afuera porque solo puedo conectar con mi enorme incomodidad, es decir, elijo tener una relación con la comida para no tener que tener una relación con el otro.

¿Qué hacer entonces?

Lo primero es agradecer a nuestro sistema por querer ponernos a salvo y en lugar de pelear con él, unirme de manera consciente con él.

¿Cómo?

Haciendo cosas que nos ayuden a sentirnos a salvo para que nuestro sistema de alerta pueda actuar de manera sana, cuidándote más no activado todo el día.

Elige qué si y qué no mirar en redes y en medios de comunicación.

Haz ejercicios de orientación, recordemos que nuestro sistema reacciona mucho en base a experiencias anteriores, en las que el entorno era diferente. Vamos a recordarnos en donde estamos hoy. Date el tiempo de observar qué hay en tu entorno, las paredes, los colores, el movimiento, escucha los sonidos, siente la temperatura, toca tu cuerpo, siente tu boca.

Haz conciencia de tus recursos internos y externos; Cuando formamos nuestras grandes formas de defensa teníamos muchos menos recursos que hoy. Hoy puedes llenarte de muchas cosas más, además de comida: aire, luz, música, movimiento…

Nuestro sistema para simpático (que es el que nos permite sentirnos a salvo) se activa , además de la comida, con el canto, el baile, la exploración, el juego, el contacto con la belleza, los gestos amables, la sonrisa….

Demuéstrate que si te puedes mover.

Pon límites a tus espacios y además de hacerlos saber, ayuda mucho que con tus manos y tus brazos los marques y los sientas tu mismo.

Reconoce tus miedos y revisa cuales son reales y cuáles son de la ¨película” que te has contado.

Pide ayuda si lo necesitas.

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