CON MARTHA DEBAYLE

Ayudar a que el padre/madre de tus hijos le vaya bien

¿Quién de ustedes le ha hecho la vida imposible o le ha deseado mal al padre/madre de sus hijos?

Mario Guerra, tanatólogo, conferencista, business coach, psicoterapeuta.

Cuando una relación termina no deja de haber una pérdida y surgen muchos sentimientos, principalmente de tristeza, pero también de enojo si las cosas no acabaron en buenos términos o fue como resultado de alguna deslealtad. El problema aquí es que si hay hijos en común, puede que ya no sean pareja, pero siempre seguirán siendo el padre o madre de tus propios hijos; es decir, la otra mitad de su familia nuclear. Ya hablamos el programa anterior acerca del sentimiento de Schadenfreude, que es la alegría que sientes cuando a tu Ex le va mal, pero ¿qué hay cuando los hijos comunes están de por medio? ¿Cómo deberíamos actuar por el bien de todos?

Los roles dentro de una relación con hijos

Sabiendo que cada uno es una persona con una identidad independiente, al formar una relación cada uno asume el rol de pareja (esposos, novios, etc.)

Cuando llegan los hijos, se adquiere un nuevo rol que es el de padres.

Cada uno de estos roles involucra funciones y compromisos, generalmente que no se hacen tan explícitos y que se van dando a través de lo que la familia, la sociedad y la cultura nos han modelado y de las habilidades y la disposición de cada uno.

El vínculo que permanece

Cuando una relación se rompe sin hijos u otro compromiso común, los roles de pareja simplemente pueden ser dejados sin mucho más que hacer.

Algunos incluso deciden o desean mantener un rol de amigos, aunque esto no es posible o deseable para todos (mucho menos el paso lógico como muestra de una supuesta civilidad si no se desea).

Pero cuando hay hijos de por medio, es verdad que el rol de pareja puede ser abandonado, pero no es tan sencillo hacerlo con el de padre o madre de los hijos.

La persona que fue tu pareja y que ahora ya no lo es, sigue siendo al menos la otra mitad de la familia nuclear de sus hijos y, como tal, es una gran parte de su fuente de bienestar en todos los niveles (económico, físico, psicológico y afectivo).

Es verdad que puedes decir que ya no es “nada tuyo”, pero si lo es “mucho para tus hijos” y, especialmente si son menores de edad, es tu responsabilidad (al menos moral) procurar (dentro de tus posibilidades del momento) que ellos estén lo mejor posible.

Muchos tienen objeciones para mantener un vínculo sano con la otra parte.

Objeciones desde el enojo o resentimiento.

Porque te hizo una trastada.

Te engañó, te mintió, abusó…

Entonces existe la creencia implícita de que esa persona es mala y que debe ser castigada (si no por ti, sí por la justicia divina o las leyes kármicas de la existencia)

Porque ya no está contigo (y tú crees que debería estarlo).

Esto ocurre cuando las cosas no salieron como las esperabas o cuando crees que el que la relación se haya roto fue una injusticia de la que tú eres víctima, por ejemplo.

Objeciones desde la envidia o los celos

No quiero que mis hijos estén con la nueva pareja.

Me van a dejar de querer.

Me los van a contaminar.

Sabotajes porque al otro le va bien.

En el amor

En lo económico o profesional.

Con otros vínculos afectivos.

¿Entonces debo ser amigo de mi Ex?

Cada caso tiene características particulares, pero no es que sea lo “correcto” o necesario.

Recordemos que un amigo es alguien que está emocionalmente disponible para ti, al que le puedes contar cualquier cosa y en quien confías plenamente; si puedes hacer esto con tu Ex, manteniendo al mismo tiempo límites claros, entonces podríamos decir que, si ambos quieren, sí es posible.

Lo que siempre puede ser de ayuda es tener una relación cordial y amistosa que además de ser con un Ex, es ahora con el padre o madre de tus hijos.

Digamos que convendría que se vieran como una especie de Socios de crianza. y que el objetivo de esta sociedad es que los hijos sean razonablemente felices y absolutamente amados.

¿Cómo es entonces eso de ayudar a que al padre/madre de mis hijos le vaya bien?

Ser unos buenos Socios de crianza implica poner su amor y cuidado por sus hijos por encima de su frustración y resentimiento con su ex.

Procura ser emocionalmente estable y consistente.

Haz explícito lo que no te parece bien o con lo que no estás de acuerdo.

No reemplaces con conductas o indirectas lo que puedes decir con palabras.

No aproveches el momento de convivencia con los hijos para tratar temas que tiene que ver con la relación que tuvieron.

Cumple tus acuerdos, palabra y compromisos.

No solo con tus hijos, sino con el padre/madre de estos.

Si no puedes, siempre busca renegociar, pero evita decir que sí para salir del paso y luego no cumplir.

Permite la convivencia y el tiempo de calidad.

Nunca castigues a tu ex a través de limitar el acceso a sus hijos (a menos que objetivamente sea una amenaza para ellos)

Crea un entorno cordial.

Sabemos que en ti puede haber enojo y tristeza, pero esos tú tienes que hacerte cargo porque tu ex no es un terapeuta.

Evita el chantaje y abrumar al otro.

Presionar, amenazar o saturar al otro con quejas y peticiones no hace de la convivencia algo grato o saludable para nadie.

No retengas información u oportunidades que podrían ser de ayuda.

Si sabes de una oportunidad de negocio, trabajo o solución de algún problema o situación que viva tu Ex, busca apoyar y al menos comunicarle o dar el contacto o datos necesarios.

Evita sabotear su nueva relación de pareja si la tiene.

No interrogues a los hijos acerca de la nueva pareja y no les hables mal. Si algo te preocupa, convérsalo con tu ex pareja, pero con evidencia, no sólo con ardor.

No otorgues demasiados privilegios a tus hijos para hacer quedar mal al otro.

Deja de insistir o insinuar en volver, si el otro ya dijo que no quiere.

El que algo te parezca a ti una buena idea, no la convierte automáticamente en una buena idea.

Ve de lo justo a lo generoso.

No sólo en lo económico, sino hasta en actitudes.

Resuelvan lo posible y dejen en el pasado lo incambiable.

Insistir en reproches de viejas conductas o hechos, especialmente si ya han sido hablados, es causar más dolor y confusión y que hará que probablemente tu Ex tenga deseos de evitarte y con ello, lamentablemente, hasta a veces acercarse más seguido a tus hijos.

Traten de mantener la conversación únicamente acerca de sus hijos si no pueden evitar culpar o reprochar continuamente.

El perdón a veces como un paso necesario

Pedir perdón, perdonar y hasta perdonarse es un elemento fundamental para empezar a reparar una relación que se ha deteriorado.

Inicialmente para evitar el rompimiento y si esto no es posible, para evitar que las heridas lleguen a afectar al rol de padres.

Perdonar es asumir que se tiene la fortaleza necesaria para afrontar la realidad de manera proactiva. El resentimiento es uno de los escondites favoritos del miedo y el enojo.

Pero siempre hay límites.

Si la otra persona no hace nada por ayudarse a sí misma.

Si recurre al abuso hacia ti, hacia tus hijos o al chantaje para obtener beneficios o privilegios.

Cuando a pesar de que objetivamente has buscado ayudar, la otra persona insiste en agredir de manera activa o pasiva.

En este caso lo que hay que buscar es salvaguardar la integridad de los hijos.

Siento que no puedo

Es muy complicado sobrellevar estas situaciones sin la madurez necesaria y sin saber lidiar con tus propias emociones e impulsividad.

Trata de aplicar la fórmula “piensa y actúa” (y no lo hagas al revés).

Buscar ayuda cuando se siente que no se puede lidiar con las emociones propias siempre será una buena idea.

Si su problema es la forma de comunicarse, hasta un mediador profesional podría abrirles la puerta para una convivencia más saludable.

Recuerda que la repercusión de tus actitudes hacia tu ex pareja recae directamente sobre el bienestar de tus hijos los que, a diferencia tuya que ya eres un adulto, no tienen los mecanismos de afrontamiento necesario para lidiar con estas situaciones.

Cargando