CON MARTHA DEBAYLE

¿Te sientes atrapado en tu propia vida?

Les vamos a decir qué hacer para que no vivan jalándose los pelos pensando que lo que tienen no es suficiente

Mario Guerra, tanatólogo, conferencista, business coach, psicoterapeuta. TW: @marioguerra

La cultura, la sociedad y la familia han dictado una serie de logros a alcanzar para poder considerarnos realizados y felices (normales, dirían algunos), pero a veces para algunos este no es el camino que buscan o, aún peor, otros ya han alcanzado las supuestas metas sin sentir que han logrado algo deseado o que los haga sentir felices. ¿Por qué algunas personas se sienten como atrapadas en las vidas que se han construido y qué puede hacerse al respecto?

¿Qué es sentirte atrapado en tu propia vida?

Pensemos en una persona que ya tiene cubiertas sus necesidades básicas e incluso ha alcanzado ciertos logros que en algún momento se había planteado, pero que aún así no se siente feliz o satisfecho, tiene la sensación de querer algo más que a veces no sabe qué es y que no sabe qué o cómo salir de ese estado.

Es como una sensación, prácticamente incomunicable, de sentirte asfixiado, apretado o aplastado y paralizado por una fuerza extraña e invisible.

Hay una sensación de desorientación porque ya no se sabe hacia dónde ir cuando se siente que ya se ha hecho todo lo que se supone que debería haberse hecho para ser feliz sin lograrlo. Como estar en un laberinto donde puedes moverte, pero no encuentras la salida.

Para muchos es como la sensación de no estar viviendo su propia vida.

¿Qué situaciones comúnmente pueden hacer sentir a una persona así?

Estar en una situación de malo si sí, malo si no.

Esta situación tiende a ser muy común. Se trata de quedar paralizado o atrapado en una situación en donde si te mueves, potencialmente habrá consecuencias negativas, pero si te quedas, ya las hay de todos modos.

Un ejemplo de esto es cuando se está en un trabajo o una relación insatisfactoria con alguien, pero se declara que no se “puede” salir de ahí

Quedar atrapado en una situación así involucra también lo que yo llamo “la fantasía de cero consecuencias”, en donde la persona no actúa por no encontrar la manera de actuar que lo libera de culpa, remordimiento o reproches de los demás.

Desear algo, pero no considerar que pueda conseguirse.

Muchas veces esto pasa en lo que se llama “las grandes décadas” (40’s, 50’s, 60’s) donde hacemos una evaluación de dónde estamos en contraste de dónde o cómo nos gustaría o soñamos estar para ese momento de la vida.

A veces se considera que ya no queda tiempo o que las oportunidades se van cerrando.

Entonces el deseo puede reprimirse o negarse, pero como no se va, sigue tocando la puerta desde adentro. Muchos incluso declaran que no les interesa un cambio porque eso devuelve una sensación de control y es mejor decir eso a admitir “me siento fracasado”.

Un ejemplo de esto es como cuando estás en un trabajo que no es el que te gustaría o estudiaste una carrera que no es lo que realmente querías, probablemente por cumplir con algo o agradar a alguien.

Un hábito, rutina o dependencia.

A esto es a lo que se llama la zona de confort. Es un estado mental donde ya no piensas en expandirte ni cambiar nada porque declaras que “así estás bien”, cuando en la realidad no es así.

Lo malo con la zona de confort es que si no la expendes, de forma natural al paso del tiempo se va contrayendo, lo que te hará sentir gradualmente más atrapado.

Un ejemplo de esto es quien consume una sustancia adictiva y argumenta que lo hace porque es libre de hacerlo, pero la realidad es que, aunque crea que en cualquier momento lo va a dejar, generalmente no es tan simple como eso.

Dejar las decisiones sobre la propia vida en manos de otros.

El miedo a la libertad de tomar decisiones y la responsabilidad que eso conlleva, hace que muchas personas prefieran dejar que otros, así sea lo que ellos llaman el destino. Es tomar una actitud pasiva ante la vida.

Bajo este esquema, si algo sale mal, siempre se puede culpar hasta a la mala suerte, pero no se tiene que asumir ninguna responsabilidad porque nada se decidió aparentemente (aunque claro que sí tomaste la decisión de no decidir).

Esto comúnmente pasa cuando alguien quiere dar gusto (o evitar el disgusto) de otro si se atreve a hacer lo que desea.

¿Por qué pasa esto?

El modelo cultural, económico y social te hace prisionero del éxito.

Se nos enseña que para alcanzar la felicidad hay que trabajar cada vez más duro, tener éxito observable (dinero y estatus), medible (tenerlo en grandes cantidades) y sólo luego se producirá la felicidad.

Pensar que la felicidad está del otro lado del éxito es algo que no necesariamente es cierto y esto frustra a muchos.

Lo más probable en todo caso es que el éxito esté del otro lado de la felicidad.

¿Entonces no deberíamos buscar el éxito?

Sí por supuesto, pero no a costa de tu libertad o de “vender tu alma al diablo”.

En un nivel más personal, debería considerarse la posibilidad de que esté ocurriendo un proceso depresivo para lo cual debería buscarse ayuda profesional de manera inmediata.

Pienso que si hago algo diferente voy a salir de ahí, pero resulta que caigo en la misma sensación.

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