CON MARTHA DEBAYLE

¿Cómo sobrevivir a tu familia en navidad?

Tere Díaz nos da la mano y dice cómo no acabar en peleas y zafarranchos navideños

Tere Díaz, psicoterapeuta, especialista en desarrollo personal y terapia de pareja. Su más reciente libro ¿Cómo identificar a un patán?

TW: @tedisen // @LaMontana_ // terediaz.com

Guía práctica para no “deschongarnos” esta Navidad

Tenemos encima las fiestas decembrinas y junto con ellas el “gusto y el susto” de sentir que también se nos “viene encima” todo el ejército familiar. Acercándose los eventos navideños se hace inevitable el deseo de muchos de poner al día las relaciones “archivadas” a lo largo del año y con tal objetivo promovemos cenas, intercambios, visitas. Y entre los múltiples festejos esperados parece que uno de los más gratificantes, y también más desafiantes, es la reunión con nuestra propia familia.

La familia acostumbra ser una fuente de apoyo, cariño y diversión, pero al mismo tiempo puede mostrar la otra “cara de la moneda” y desatar en nosotros un ramillete de agobios, enojos, conjuros y ansiedad. En nuestro diario vivir seguramente alternamos con aquellos familiares con quienes nos sentimos más identificados y cómodos, pero a la hora de los eventos “multitudinarios” caemos en cuenta que tenemos que convivir con “todo el gremio” sin poder escoger con quién sí y con quién no.

Si bien algunas familias promueven más que otras el crecimiento y el bienestar de sus integrantes, todas encarnan una serie de patrones de conducta y de dinámicas relacionales que se reactivan cuando sus miembros se vuelven a juntar. Sin duda algunas familias que son francamente tóxicas y lastimosas (de ellas escribiré más adelante), pero considero que abusamos del tan trillado término “familias disfuncionales” cuando lo que queremos señalar son algunas actitudes, “locurillas” y acciones de nuestros familiares que nos incomodan y hasta nos llegan a hacer enojar. Y es que si le “rascamos” un poco, todos vamos a encontrar conductas “raritas” en nuestra parentela, que no por ser “comunes y corrientes” (a veces más corrientes que comunes) son fáciles de entender y manejar.

Aunque te resistas a aceptarlo…

Lo quieras o no, lo creas o lo niegues, te guste o no te guste, tú, de una u otra forma participas en lo que pasa en la vida de tu familia. Ya sea porque le echas muchas ganas para que todo sea “miel sobre hojuelas”, porque te echas “en reversa” para evitar estar los domingos con ellos, o porque le echas “leña al fuego” para ver si de verdad te quiere tu papá, tu presencia o tu distancia, tu opinión o tu silencio, tu gracia o tu antipatía, tienen un impacto en toda la dinámica familiar.

Las dinámicas familiares tienen su propia inercia más allá de los buenos deseos de sus integrantes, pero aun así, un pequeño cambio en tu conducta –como parte del sistema familiar- puede hacer que algo mínimamente varíe, o al menos que tu puedas -entre pavo, regalos, y villancicos- sentirte más cómodo y poder “alguito” disfrutar.

Tips para no tirar tu terapia a la basura en quince días.

Las fiestas navideñas, con sus viajes, posadas y cenas, se tienen que preparar; esto permitirá que las celebraciones fluyan más civilizadamente y de algún modo tú te puedas acomodar mejor. Así que dividamos el asunto en “tres tiempos” -antes, durante y después- y reflexionemos sobre algunas estrategias que pueden serte de utilidad en cada etapa de la celebración.

Prepárate a dar “tres pasitos para atrás”. Cuando convivimos con nuestra familia tendemos a regresar “inconscientemente” a nuestra infancia. Quizá tus padres o tus hermanos querrán colocarte en el papel que jugabas a tus13 años de edad, pero que los demás no te vean como la persona que eres hoy no significa que tú tengas que comportarte como lo hacías a los 13. No es necesario que trates de convencer a nadie de quién eres en el presente pero tampoco te has de desvivir para cumplir con las expectativas de los demás.

Recuerda que ¡es temporal!. Es probable que en estas fiestas cada miembro de la familia asuma el papel incómodo que siempre ha representado en el guión familiar: la tía que interrumpe, interrumpirá; el hermano resentido, se quejará; la madre abnegada, se desmoronará; la cuñada protagonista, protagonizará. No te des a la tarea de transformar a tu familia en unos días que pasarán tarde o temprano porque el pavo se te va a enfriar y las vacaciones a terminar.

Organiza lo que te sea posible. No pretender “cambiar al mundo en 7 días” no significa dejar “en manos del destino” todo lo que va a ocurrir; cero planeación puede ser el principio de la ecatombe. Propón un plan concreto para poder llevar a cabo una organización suficientemente sólida; dejar muchos cabos sueltos puede generar contigencias complejas de sortear. Si los festejos incluyen un viaje valdrá la pena asegurarse de los itinerarios, costos y acomodos del grupo. Una reunión previa de organización puede alinear expectativas, dividir responsabilidades entre todos y dejar espacios libres para las diversas necesidades de los viajantes. Que cada uno tenga alguna función aligera el trabajo y promueve una actitud de colaboración que hace que todos si impliquen en el plan y se sientan parte del desarrollo del evento. Sin duda la elección de espacios neutrales facilitará no invadir el territorio de nadie y favorecerá que todos tengan que limitar sus conductas para mostrarse, al menos temporalmente, de forma más civilizada.

Anticipa establecer límites. Asumiendo que los eventos navideños podrán tener sus momentos rasposos, es importante que pienses en algunas estrategias que te preserven durante la convivencia. Puedes planear desde alejarte de algunos familiares que realmente te irritan, hasta programar tiempos fuera cuando te sientas desbordado. Distinguir con quién sí puedes convivir pero solo en espacios grupales, reconocer qué personas son las que te dan paz, definir cuáles lugares puedes ocupar en caso de cansancio, definir qué tipo de intimidad quieres compartir y con quién, así como escoger qué palabras –educadas pero contundentes- puedes decir cuando alguien se exceda contigo, son limites planeados que te darán seguridad. Es muy importante pensar en estas alternativas antes del encuentro familiar para que no te tomen por sorpresa los “descolones” de tus parientes.

Durante…

La Navidad no es el inicio de “la vida eterna”. El evento que está iniciando tiene principio y fin, así que recuerda que estarás “cautivo” por unas horas, en algunos eventos, y por ciertos días, nada más.

Suelta el control. Ya planeaste, ya anticipaste, ya preparaste, ahora es momento de “dejarte ir”. Navegar a “favor de la corriente” será algo que facilite los intercambios familiares. Eso no significa que no tengas a mano tu “chaleco salvavidas”, pero sí que entiendas que no todo saldrá como lo deseas tú.

Abróchate el cinturón de seguridad. Que los demás no reaccionen como tú quieras no significa que tú tengas que bailar a su “son”. Ningún imprevisto tiene por qué llevarte a abdicar a tu propio código de valores, a renunciar a tus medidas de seguridad y a echar en saco roto tus estrategias de escape. Ante lo inesperado no necesitas esforzarte demasiado en agradar a todos, menos aún en convencerlos de quién eres y de lo que quieres lograr.

Mantente presente en el presente. Poder regresar tu mente al instante que estás viviendo es central para no retroceder a tu infancia ni pronosticar catástrofes futuras. Limítate a responder a lo que está ocurriendo en ese puntual momento: escucha con frescura lo que te dicen y observa con curiosidad lo que ocurre.

Pon en marcha tu plan de acción. Convive con quien quieres, siéntate donde te sientas a gusto, sal a respirar si lo necesitas, di no cuando tengas que poner un límite y retírate cuando requieras descansar. Si algo empieza a descomponerse más de la cuenta aplica la técnica “de cuerpo presente” y literalmente desconecta tu mente; que no puedas abandonar físicamente el lugar no significa que no puedas “apagar el “switch” (incluso conectarte a tu celular) y trasportarte a otro lugar. Siempre es mejor que te digan que no “pelas” a que les “pegas”.

Mira con nuevos lentes. Deja abierta la posibilidad de sorprenderte al ver en alguien alguna actitud diferente, por pequeña que esta sea puede ser un paso para que tú también te motives a mostrarte de manera distinta y modificar así –aunque sea en algo muy sencillo- la trama de la interacción familiar. Pequeñas diferencias sostenidas construyen con el tiempo historias nuevas. Prepárate por tanto a observar con curiosidad. Además, si nada de lo que pasa te resulta muy conveniente, mira como si fueras el espectador de una tragicomedia en el teatro.

Disfruta lo disfrutable. Seguramente habrá dos o tres cosas que no podrás volver a gozar hasta el año que viene. ¿Los romeritros que prepara tu abuela? ¿La visita de tu prima que vive en Madagascar? ¿La música de temporada que te recuerda momentos entrañables? Un par de buenas cosas pueden cautivar suficientemente tus sentidos para detenerte en ellas y disfrutar.

Anímate a improvisar. Hasta en el teatro surgen imprevistos por lo que no es extraño que en los encuentros familiares salgan temas inesperados que te puedan provocar. Es importante que te prepares para sacar algún “as de la manga” que pueda ayudarte desde a contestar “que tu no escuchaste lo que dijeron”, a cambiar el tema poniendo sobre la mesa el último partido del América, hasta fingir un fuerte malestar estomacal

Mira el reloj de tanto en tanto. Si llegas un poquito más temprano podrás acomodarte en el lugar que mejor te siente y con la persona que hayas planeado ya. Recuerdas que vas como “La Cenicienta” con hora límite para tu partida; así que ¡escápate cuando escuches las campanadas de tu reloj!

Después…

Tómate tu tiempo. No te culpes si necesitas uno o dos días de encerrón para recuperarte de la situación. ¿Qué tiene de malo un día de piyama conectado a tu mejor serie y con la ilusión de un bote de helado de turrón en tu refrigerador?.

Rebota con alguien. Poder compartir la experiencia con alguien que quieres y en quien confías, familiar o no, haya estado o no en la celebración, te ayudará a acomodar la experiencia. El poder comentar sensaciones, pensamientos, puntos de vista, te ayudará a dejar pasar asuntos de poca importancia, a no “sobre valorar” algunos comentarios molestos, a reconocer con aceptación lo que aún te lastima de tu familia y a reconocer lo que sí hay.

Regresa a tus rutinas. La vida diaria, bien armada, da contención. Saber que tenemos relaciones valiosas, intereses profundos y un proyecto de vida en proceso, nos da la experiencia de agencia personal. Retomar el ejercicio, continuar un proyecto laboral, reconectar con nuestra gente querida, nos regresará al estilo de vida que hemos construido y que nos da bienestar.

Cargando