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El arte de soltar

Soltar no siempre significa un adiós, sino más bien un “gracias” por todo lo aprendido

Las mejores decisiones son aquellas que te siguen manteniendo en un estado de grata felicidad. Muchas veces, aferrarnos a una relación la cual no tiene futuro por donde la veas, más que en una lucha por mejorar, se convierte en una terrible carga pesada y eso impide que avances o disfrutes de lo que tiene la vida para ti. Mario Guerra, nos habla sobre el arte de soltar y sentirnos libres.

Nadie en su sano juicio renunciaría a respirar, tomar agua, dormir o comer; todas estas cosas son necesarias para sobrevivir y sin ellas simplemente nos morimos. Pero una cosa es que te mueras y otra que sientas que te mueres, como cuando acabas de tronar o cuando las cosas están tan mal en tu relación que lo único vivo son tus ganas de no estar solo.

A veces, aunque haya mucho amor, tienes que renunciar a una relación porque ya no te hace bien; no renunciar a la primera falla, sino a no mantener una relación que está muy mal y solo te arrastra a un agujero de desamor y soledad. Saber dejar ir es tan importante como reconocer cuándo hacerlo y aunque no hay fórmulas probadas, sí hay señales que puedes tomar en cuenta para por fin soltar lo que te hace daño:

- Cuando uno de los dos ya no quiere estar (aunque ahí esté)

No importa lo que diga, sino lo que demuestra. A lo mejor le cuesta trabajo hablar con sinceridad o francamente se quiere evitar el pancho que cree que le vas a armar, pero si lo que recibes de tu pareja no es el amor como tú lo entiendes, es hora de hacer maletas. Si te preguntas, ¿por qué si ya no me quiere no me deja?, mejor resuelve por qué si sabes que no te quiere, tú sigues ahí.

- Cuando te jugó chueco y ni perdón te ha pedido

Cada quien sabe hasta dónde aguanta y uno puede perdonar muchas cosas, pero es muy difícil seguir si tu pareja te pidió perdón nomás “por encimita”. A partir de que reconozca lo que hizo y hablen largo y tendido del asunto, falta ver si los dos quieren seguir con la relación o mejor ahí muere. Sé honesto

- Cuando ya te agarró de su puerquito

Esta es prima de la anterior, pero está peor, porque como ya te hicieron una y ya te hicieron dos (y no hiciste nada al respecto), pues ahora ya te hicieron tres y tu tiempo se acabó. Tienes síndrome de la piñata.

- Cuando ya te conformas con migajas

Es bien importante que no solo te quieran, sino que te sepan querer. Hay veces que toda la dotación de atenciones y cuidados de tu pareja son para su familia, sus amigos, su perro, sus compañeros del trabajo, su equipo de fut y ya lo que sobre, es lo que te toca a ti. Es hora de ir por tu propio pan en lugar de seguir comiendo lo que cae bajo la mesa.

- Cuando uno de los dos ya se volvió de mecha corta

Cuando ya no se toleran, de todo hacen una pelea, se insultan, se gritan, se avientan cosas y por todo explotan, es momento de considerar seriamente terminar la relación. Bueno, eso y hacer cita con un terapeuta ¡urgente!, especialmente si esto te pasa con todo mundo.

- Cuando lo que te tiene ahí es el miedo

Uno necesita la capacidad de imaginarse solo por el resto de la vida sin entrar en pánico. Si la idea de estar sin tu pareja hace que te dé taquicardia, probablemente estás en esa relación por las razones incorrectas. Otra forma de miedo es el que le tienes a su reacción o venganza; por ejemplo, que te quite a tus hijos o que te agreda física o verbalmente. Si es tu caso, apóyate en amigos o familia y sal de ahí antes de que sea muy tarde para todos. Si es necesario, busca apoyo de un buen terapeuta y hasta de un abogado

- Cuando ya han intentado todo y nada funciona

Hablar, prometer, hacer como que no pasa nada, llorar, viajar, reír, enojarse, ir a terapia, leer un libro, gritarse, mil revistas, volver a llorar, escuchar podcasts, ir a cursos, confesarse, comulgar y encomendarse a un santo. Si nada de esto ha funcionado, ¿qué milagro están esperando que suceda? ¿Cuánto tiempo más le van a invertir a esta agonía?

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