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#SoyChingón: Gilberto Ortiz, entre los 3 mejores sastres del mundo

Entérate más aquí de este gran orgullo mexicano

Proveniente de la región montañosa de una comunidad indígena mixteca, Oaxaca, llegó a la Ciudad de México cuando tenía 12 años. Huyó de su pueblo natal, porque querían linchar a su familia, pues su padre había ayudado a escapar el presidente municipal y con una bolsita de manta, donde traía una muda de ropa, recorrió “mugroso y muerto de hambre” las calles de la ciudad. En ese deambular descubrió el ofició que lo enamoró: La sastrería.

Llegó a la calle de las sastrerías, y le impresionó mucho ver a un hombre alto, güero, ojos azules, manejando las tijeras, la greda, la escuadra. Fue tal su admiración que llamó la atención de este hombre y lo invitó a pasar y aprender el oficio. Fue su primer maestro, un alemán, llamado José Schroeder (confeccionó algunos de los trajes de Adolfo Hitler). Ahí, Gilberto comenzó como aprendiz. Limpiaba el negocio y pasaba todo el material de trabajo a los más de 20 empleados que laboraban en la sastrería, esto a cambio de dormir en el local y tener una comida al día. Después de un tiempo, su maestro le enseñó diseño y corte. “Uno empieza aprendiendo a hacer pantalones, chalecos, composturas y sacos, de ahí depende en qué te quieras especializar; yo me especialicé en la hechura de sacos”, comenta Ortiz.

Después de seis años Schroeder le dice que ya no puede trabajar ahí porque era hora de que busque su destino, con mucha tristeza pero muy optimista, Ortiz utiliza sus ahorros para comprar material con el que hace su primer saco totalmente a mano, le pagaron tan bien que le alcanzó para comprarse una máquina y se dedicó durante tres meses a producir sacos para luego conocer a Edmundo Calanchini, un empresario italiano qe le abrió los ojos a tosos los sastres mexicanos, le enseñó a cobrar, a trabajar, a valorar su mano de obra y, sobre todo, su tiempo.

Su siguiente gran oportunidad llegó con Alberto Poo Collado, quien le abrió la posibilidad de acceder a clientes muy importantes de clase alta, en donde los famosos y empresarios se volverían sus asiduos compradores. En el año 1900, abrió su primera sastrería en San Ángel, luego se cambió a la Zona Rosa y empezó a tener grandes clientes como: Joaquín López Dóriga, Juan Gabriel Rodolfo de Anda, David Reynoso, entre otros.

En el año 2012, quedó dentro de los 52 participantes de diversas partes del mundo que presentaron un traje para la convocatoria de la marca londinense de telas Scabal. Estaban pensados 11 participantes mexicanos pero Ortiz fue el único que logró terminar a tiempo su pieza, totalmente bordada a mano e inspirada en Benito Juárez. Así fue como logró quedar entre los tres mejores sastres del mundo, no había segundo ni primer lugar, los tres primeros fueron calificados así.

Por más de 20 años, Gilberto Ortiz dio servicio en una boutique ubicada en el número 209 de la calle Londres, pero el negocio fue arrebatado luego de que el dueño muriera. Este y varios acontecimientos lo llevaron a enfermarse del corazón: se le tapó una válvula y dos arterias, razón por la que lo tuvieron que operar a corazón abierto. Tiempo después regresó a laborar en lo que más ama y ahora atiende a domicilio y se prepara para un regreso que considera será todo un reto.

Actualmente, su traje más barato cuesta 60 mil pesos, ya que importa las telas de Londres y el más caro, para compradores extranjeros, puede llegar a costar 31 mil euros. Las creaciones de Ortiz tienen una garantía de ocho años, pero él dice que dependiendo de los cuidados pueden durar más de una década y se tarda en hacer uno de ellos entre 80 y 85 horas.

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