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¿Cómo mejorar nuestra relación con la comida?

Es momento de aprender a ser conscientes de lo que comemos, por qué a veces nos comemos nuestras emociones y cómo mejorar nuestra relación con la comida

No te comas tus emociones

Por Adriana Esteva, Especialista en Nutrición Emocional

Desde que nacemos y hasta que aprendemos a verbalizar nuestras necesidades, somos dependientes de nuestros papás para comer.

No importa si tenemos hambre o no, de ellos depende cuándo y cuánto comemos, qué tanto esperamos la mamila.

Esa labor clave de los papás nos quita una elección básica, dejamos de hacerle caso a nuestras necesidades y perdemos la confianza de decidir qué comer; por eso, hasta que somos adultos podemos entregar sin bronca, el poder de nuestra alimentación a alguien o algo externo.

¿Cuándo empieza nuestra relación con la comida?

Para empezar dejemos claro que es mucho más profunda de lo que creemos; desde que estamos en el vientre materno recibimos nutrientes, información genética, sangre, oxígeno, alimento, ¡todo lo que necesitamos para formarnos como personitas!

Pero además, recibimos información emocional: cómo se siente mamá en relación a ser madre, qué momentos atraviesa, cómo es su relación con nuestro padre, con su cuerpo.

Al nacer, conectamos con el mundo a través de sensaciones y, principalmente, a partir de nuestra necesidad de ser alimentados porque, de una u otra forma, nuestra sabiduría interna sabe que si no comemos, morimos. Desde la primera vez que nos amamantan, conocemos:

NUTRICIÓN PRIMARIA

  • Leche
  • Alimento

NUTRICIÓN SECUNDARIA

  • Contención
  • Abrazos
  • Miradas
  • Calor
  • Amor
  • Seguridad

Si la secundaria disminuye en calidad o cantidad, aprendemos desde bebés a compensar con la primaria.

¿Cuántas veces no le damos de comer a un bebé cuando llora, esperando que eso lo calme?

Y así, conforme crecemos; igual no es comida pero es bebida, alcohol, diversión, trabajo o dinero, y no son ni buenas ni malas, eh.

El problema es que las busquemos compulsivamente porque tenemos la necesidad de encontrar afuera lo que no está ocurriendo adentro.

O al contario, puede ser que la secundaria siempre haya estado acompañada de comida y nunca aprendemos a separar esa simbiosis, por eso crecemos creyendo que el amor es comida, y al revés.

La relación emocional con la comida

La comida altera nuestra química interna igual que las emociones, finalmente las dos son energía en movimiento y muchas veces buscamos los sabores de las emociones en la comida: creemos que nos traerá contención, compañía y seguridad.

El problema es que cuando hemos tenido experiencias dolorosas con la nutrición primaria, tenemos miedo de volver a desilusionarnos y elegimos el sustituto como una fuente más confiable: la comida (o la bebida, el juego, el dinero) de algún modo nos pone en aparente control.

Esto quiere decir que nuestra relación depende de una de estas dos cosas:

  1. CARENCIA: cuando los padres no saben conectar con sus hijos más que dándoles de comer, cuando tratan de compensar su falta de tiempo con algo externo, o cuando no saben acompañarlos en sus procesos emocionales, intelectuales y conductuales.
  2. AMOR: cuando vierten en la comida una carga excesiva de comunión y conexión.

¿Y ahora?

  • Para descubrir qué hay detrás de tu conexión con la comida (amor o carencia), hazte estas tres preguntas:
  • ¿A que le estás quitando atención para ponérsela a la comida?
  • ¿En qué otros aspectos de tu vida actúas igual que actúas con la comida?
  • ¿Qué papel juega la comida hoy en tu vida?

Practica estos mini rituales

  • Come solo cuando tengas hambre estomacal; normalmente ocurre cada 3 o 4 horas.
  • Antes de que te metas algo a la boca, pregúntate si te va a dar bienestar.
  • Si te agarra la ansiedad, escribe lo que sientes.
  • No comas hasta que te reviente el estómago.
  • Completa tus ciclos de comida, no le generes deuda a tu próxima comida, ni pagues deudas de tu anterior.
  • Pon tus creencias y lo que te dices de la comida sobre la báscula.
  • Escribe un relato de tu relación con la comida desde que te acuerdes para darte cuenta si sigues repitiendo patrones inútiles como acabarte todo lo que hay en el plato aunque estés a reventar.
  • ¡Disfruta lo que comes!

¿Por qué no funcionan las dietas?

Dr. Hernán Fraga, Director de la Clínica Metaboliko

Todo el tiempo nos bombardean con la prevención de la obesidad, sus riegos, formas de evitarla a largo plazo, pero 70% de los mexicanos ya padecen obesidad sin tener condición médica alguna que impida la pérdida de peso.

O sea, SÍ ES SU CULPA. Entonces, ¿qué hacemos para resolver ese problema?

Los errores al bajar de peso

Soluciones mágicas

No importa si son pastillas, détox o inyecciones, el caso es que quitan el apetito, impiden la absorción de grasa, pierdes músculo, grasa y agua. Por eso rebotas, porque dejas de someterte al “tratamiento” y recuperas tu peso en grasa.

Ayuno prolongado

El cerebro necesita energía y la obtiene del músculo y cuando HORAS después comes alguito, tu cuerpo está en estado de inanición y todo lo que come lo almacena como grasa.

Productos light

Light no siempre significa sin calorías, más bien menos calorías que el producto original. Y como crees que al ser light es como si no comieras, comes más, entonces ni una ni otra

Hacer puro cardio

Lo único importante al empezar a hacer ejercicio es saber tu composición corporal: si no tienes músculo y haces cardio, vas a comer poquititas calorías; mejor haz pesas para subir tu músculo y aumentar tu metabolismo.

5 de alimentos que puedes comer sin remordimiento

Tu cuerpo con peso extra

Existen dos factores que determinan el peso del paciente:

  1. Genético: Si un padre es obeso, sus hijos tendrán 40% de riesgo de padecer esta enfermedad.
  2. Ambiental: Falta de actividad física y hábitos alimenticios. Este factor es el más importante porque es modificable: aunque traigas lo gordo en los genes, si tienes buenos hábitos alimenticios y actividad física te salvas.

El peso no importa

Ya ni el Índice de Masa Corporal (IMC), que es el parámetro que usa la OMS para clasificar es bastante obsoleto. El parámetro correcto es el porcentaje de grasa corporal, checa estos ejemplos:

Un peleador de UFC, hace muchísimo ejercicio y está tronadísimo. Usando el IMC (la relación de peso y estatura) sería obeso aunque su porcentaje de músculo sea alto y el de grasa bajo.

Una mujer que vive a dieta y tiene un peso y IMC “normal”. Cada vez que pierde 10kg, 7 son de grasa y 3 de músculo, pero cuando interrumpe la dieta recupera de grasa; los kilos de musculo que perdió jamás los recupera, o sea: aunque pesa lo mismo, tiene más grasa que antes.

Ahora checa esto

Dos mujeres de la misma edad, estatura y peso: 60 kg.

Una sedentaria y que come fatal tiene 30% de grasa.

La otra que hace pesas y come sano tiene solo 13%.

¡NO BAJO DE PESO!

¿Por qué es tan complicado perder 5, 15 y ni se diga 30 kg de grasa? Hay dos tipos de factores:

Psicológicos

La obsesión con el peso.

Si este es tu caso, cada vez que estés a punto del atracón (checa la página XX) repítete que la comida es para sobrevivir, no para premiar.

Físicos

Las hormonas influyen en el metabolismo, el apetito y la relación de músculo/grasa.

La leptina, que regula el apetito, por ejemplo, aumenta cuando aumenta la grasa, por eso le avisa al hipotálamo que le baje a las calorías.

El péptido YY inhibe el apetito y la Grelina lo estimula, por eso son tan importantes en los pacientes que tienen bypass gástrico, su función es quitar el hambre y dar saciedad temprana.

La insulina se encarga del control de la glucosa y para quemar grasa debe haber niveles bajos de insulina en sangre.

Aparato digestivo

¿Y AHORA?

Si tu problema es que por máaaas dietas que hagas nomás no se mueve la aguja de la báscula, necesitas un tratamiento multidisciplinario.

Y si no puedes solo, no pasa nada, puedes apoyar tu proceso de dieta con:

  • Un psicólogo que cambie tus pensamientos nocivos y desprograme los sentimientos malos que abundan en tu relación con la comida.
  • Un nutriólogo que te enseñe a comer y te explique qué función tiene cada grupo de alimentos, por sí solo y en combinación con otros.
  • Un endocrinólogo que controle la amenaza –o existencia– de diabetes, enfermedad tiroidea y síndrome de Cushing.
  • Un entrenador físico para cambiar la composición corporal y que te cree un gusto por el ejercicio.
  • En casos extremos, un cirujano para realizar procedimientos para pérdida de peso y control de diabetes, como bypass gástrico.

El atracón es real

Por Armando Barriguete, Doctor en Psicoterapia Psicoanalítica, por la Asociación Psicoanalítica Mexicana

¿Qué es?

Es un trastorno psiquiátrico grave de la conducta alimentaria que se caracteriza por comer una gran cantidad de alimento en poco tiempo.

No se trata de comer una rebanada más de pizza o un heladito de más, es un problema serio que refleja una lucha interna muy fuerte en la que siempre gana la compulsión.

Como genera mucha culpa, es frecuente que quienes lo padecen traten de esconderlo y se den atracones en secreto; pero a diferencia de otros trastornos alimenticios, aquí no hay conductas compensatorias (vómito, uso de laxantes, diuréticos o ejercicio compulsivo).

Aunque es muy común confundirlo con Anorexia Nerviosa o Bulimia Nerviosa, el TPA es mucho más común en México: de 2006 a 2012, los hombres que aceptaron atascarse de comida sin control subió de 8.8 a 11.9%, y mujeres, de 9.4 a 11.6%.

Trastornos alimenticios: La obsesión por tener el cuerpo perfecto

¿Por qué yo?

Tiene que ver con una vulnerabilidad; en la mayoría de los casos se dispara cuando empezamos con una dieta restrictiva.

Pero está también muy relacionado con compensar un sentido de pérdida. Y encima de todo, los estresores ambientales y las conductas restrictivas hacen que la enfermedad se desarrolle más fácil.

Señales de alerta

  • Al menos dos veces a la semana como, en un periodo de dos horas, muchísima comida.
  • Si no como algo, siento que no tengo control.
  • Como más rápido de lo normal.
  • Como hasta sentir que reviento.
  • Aunque no tenga hambre como algo.
  • Prefiero comer solo porque siempre critican la cantidad de comida que pido.
  • Me siento fatal emocionalmente después de atascarme.
  • Tengo mucho estrés.

¿Y ahora?

Si palomeaste más de tres, ¡pide ayuda! Lo primero es olvidarte de la vergüenza y permitirte sentir. Una vez que aceptes que necesitas ayuda, busca una terapia que tenga estas características:

Que sea una clínica especializada con experiencia en el manejo de trastornos de conductas alimentarias. Si es posible, que el especialista sea parte de las Academias de TCA.

Que ofrezca un tratamiento integral que abarque los aspectos emocionales y físicos.

Pero también multidisciplinario que trabaje con el paciente y su familia en compañía de varios especialistas: psiquiatra, psicoterapeuta, nutriólogo, endocrinólogo.

¿Y si alguien cercano lo tiene?

Lo primero es no juzgar, saber que la persona sufre y tiene una lucha interna muy fuerte. Lo segundo es buscar ayuda.

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