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Martha Debayle

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Pareja

Esos comportamientos que arruinan una relación

Estar comunicados a cada rato, querer saber o compartir TODO, celar, cambiar comportamientos... ¿estás viviendo o causando alguno de esos horrores?

Una vez encontrado el amor, es raro no desear que sea ETERNO. Y está bien, un buen amor puede durar mucho, ¿quizás siempre?

Pero el deseo de querer sostener a toda costa una relación de pareja y de no perder por ninguno motivo al ser amado, puede llevar a conductas y actitudes que generan “hijos perversos” productos de ese amor.

Y al decir “hijos perversos” nos referimos a esos comportamientos extraños, insidiosos, perturbadores, que desvían el sentido de acompañamiento, del juego, del intercambio, del genuino crecimiento y del disfrute que produce una buena relación.

¿Tienes una pareja sobreprotectora?

Querer compartir todo (tú y yo somos uno mismo)

  • Hoy se espera que una persona nos dé lo que antes nos daba toda una tribu.
  • Esperamos ser buenos amigos, buenos padres, mejores amantes, socios, cómplices….

Querer cambiar al otro

  • Las personas cambiamos cuando queremos y más frecuentemente cuando necesitamos hacerlo en tanto que la forma en que hemos venido procediendo no nos funciona más. Desear que la pareja cambie por nosotros, es eso: un buen deseo, una ilusión.
  • Podrás llegar a acuerdos, a negociaciones, alcanzarás cierta aceptación de algunas conductas a cambio de algunos beneficios en la relación, no tanto más.
  • Lo que sí puedes hacer en tu molestia es dejar el escenario amoroso – lo cual significa más un cambio tuyo que de tu pareja- lo cual cuestionará más profundamente al otro que tu insidiosa súplica de transformación.
  • De ti depende terminar la relación si estás insatisfecha, pero cambiar a tu pareja ¡no!

Querer celar al otro

  • Hay personas a quienes les halaga que las celen, espero te cuestiones de dónde viene esta actitud si acaso presumes de ella.
  • Otras hasta confunden el amor con los celos. Y sí, los celos se dan en el territorio del amor pero no son derivados del amor.
  • Pensar que “celar es amar” es una idea romántica y errónea de quienes alimentan la creencia de que si su pareja no es “algo” celosa es porque no las quiere de verdad.
  • Al principio ser celada o celar puede que tenga un toque de diversión o de interés pero al poco tiempo la vida amorosa se transformará en un infierno difícil de sobrellevar.
  • El celoso elige poseer antes que amar; la posesión, nos sitúa en un mundo en el que una persona es un objeto para el uso de otra, lo que apenas le permite tener el poder y la autonomía que cualquier ser humano debe tener.

Querer complacer al otro

  • A veces esperamos que la relación de pareja cure heridas de la infancia, obteniendo quizás la aceptación incondicional que de pequeños nos fue dosificada.
  • Esta expectativa es válida y puede llegar a ser restauradora si la manejamos bien. Pero si nuestra necesidad de no ser rechazadas – con el fin de llenar vacíos psicológicos de antaño – es exagerada, tocaremos el extremo de minimizar o invisibilizar nuestras necesidades y de violentar nuestros límites por complacer a nuestra pareja y con ello obtener su aceptación total.

¿Cómo sobreponerte a lo que no puedes cambiar?

Quererse decir todo y saber todo del otro

  • Quizás uno de los mayores dolores de cabeza en las relaciones amorosas es el tema de las mentiras, con frecuencia antesala de las traiciones.
  • Las mentiras suelen deteriorar la confianza: una pareja que no tiene un grado básico de confianza no logra subsistir.
  • La mentira constante, manipuladora, agresiva, es símbolo de abuso, y de inmadurez.
  • Sin embargo NO SE PUEDE andar en la vida a “verdadazos”, diciendo todo lo que nos conflictúa y preguntando TODO lo que nos genera ansiedad.
  • Hay que ser sincero pero sensato: los amantes obstinados por la “verdad absoluta” convierten su búsqueda –a base de suspicacias, inquisiciones, y advertencias- en algo más importante que el propio amor y que la misma relación.
  • Y es que el amor solo puede vivir en cierta reserva, en cierta ocultación, con algún grado de misterio.
  • Quién pregunta mucho y quiere saberlo todo, más que amar, pretende vigilar, asegurarse, atenuar su ansiedad y a veces, a la primera oportunidad, castigar.
  • La “verdad”, la entrega sin reservas, la confesión compulsiva, tratan de lograr una defensa contra la soledad en esa fusión perversa que tiene buena prensa. Y puede ser digno buscar una defensa contra la soledad, pero eso es confesión frenética, no necesariamente amor.

Querer que no haya problemas. Y por tanto evadirlos, minimizarlos.